25 de mayo de 2019, 20:57:53
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MMA


UFC. McGregor en el diván: la mentalidad del guerrero irlandés

M. Jones

Khabib es el único que ha escapado a la batalla retórica del luchador estrella de este lustro.


El 27 de septiembre de 2014, Conor McGregor venció a Dustin Poirier en el UFC 178. Lo hizo por KO, en el que sería el combate que le propulsó a una marca de 16-2 que le promocionaría para ser candidato al título de peso pluma al año siguiente. Después de aquella pelea, el luchador estadounidense reflexionó lo siguiente: "Siempre he sido un luchador emocional y la emoción impulsó un montón de mis primeros rendimientos. Me enfadaba porque estaba a punto de entrar allí (a la jaula) y de estar cara a cara con alguien que intentaría hacerme daño. Esa energía pone tu mentalidad en modo matar o morir".

"Siempre vi eso como una ventaja, pero la pelea con Conor fue el punto de ruptura. Recuerdo estando en los vestuarios, listo para salir. Lo vi con esa sonrisa y sealando hacia mí. No sé por qué, pero eso realmente me molestó. Eso de verdad arruinó mi cabeza. Me refiero a que, ¿estamos a punto de entrar allí para pelear pero él está allí atrás sonriéndome? Después de esa pelea entendí que tenía que encontrar una nueva manera de usar mi emoción", relató sobre su derrota con el irlandés. Después del enfrentamiento dialéctico en las ruedas de prensa previa, segundos antes de entrar en el octágono terminó por meterse en su mente.

Esa estratagema deparó uno de los peores rendimientos de Dustin ‘The Diamond’ Poirier y le granjearía a McGregor una reputación de experto en los juegos mentales. De hecho, se considera que la potencia de estas maniobras psicológicas pueden haber ayudado a su crecimiento exponencial en las artes marciales mixtas (MMA, por sus siglas en inglés) tanto como su golpeo de zurda. Tardó 1 minuto 46 segundos en surprimir la candidatura de uno de los gallos mejor reputados de la división. Y su estatus se multiplicó.

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El 12 de diciembre de 2015 quizá se vivió su obra maestra en lo relativo al poder de la mente. Tardó 13 segundos en derrotar a Jose Aldo y defender su supremacía en el peso pluma. El brasileño casi no había perdido desde 2005, pero el irlandés le llevó al limite en lo emocional, le enfadó de verdad y logró desestabilizarle. En la previa le sacó de quicio varias veces, ante el público carioca, llegando a aprender cómo se dice en portugués 'vas a morir'. El fruto de ese trabajo de preparación fue el nócaut precoz de un Aldo fuera de eje.

Al tiempo que afilaba esta argucia iba añadiendo a su repertorio más técnicas, fundamentos y movimientos, solidificando una trayectoria deportiva que seguiría teniendo por bandera su potencia de pegada, pero que se vio aliñada de forma crucial por sus defensas y su evolución en el jui-jitsu. El chico salido del Reino Unido, que prometía cuando era un imberbe que el mundo le vería reinar en la UFC, acabó por instalarse en la cima. Hasta que se cruzó en su camino Khabib Nurmagomedov, en octubre de 2018.

Conor quiso volver a las MMA tras un parón prolongado -pelea millonaria con Floyd Mayweather mediante- para ejecutar la misma estrategia retórica. Le mentó al daguestaní a su padre, a su familia, a su religión a su país, pero el que se vio doblegado en el parámetro psicológico sería el isleño. Dana White, el tipo de ha convertido a la UFC en el transatlántico actual, emitió su diagnóstico después de la afamada algarada que ha desembocado en sanciones dictadas por la Comisión Atlética de Nevada.

"No creo que Conor se metió en la cabeza de Khabib. Creo que la gente ha comenzado a adaptarse. Sabes que vas a perder la guerra verbal con Conor. No vas a ganar una guerra de palabras, así que olvídalo, déjame estar lo más tranquilo posible. Déjame entrar allí. Una vez que entre en la pelea, todo lo anterior no va a importar", declaró el presidente de la empresa de MMA más importante de Estados Unidos. En efecto, el daguestaní no entró en el enfrentamiento previo, pero sí hizo su declaración en el octágono -y fuera de él-. En la jaula McGregor llegó a excusarse sobre todo lo dicho (le dijo "son sólo negocios" en un receso). Pero Nurmagomedov no atendió. Sabía que era su momento. Se había sentido ultrajado, víctima de una injusticia, y a lo largo de su ejercicio de dominación llegaría a repitir a su rival varias veces la frase "vamos a hablar ahora".

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Esa derrota es la más recordada en el currículum del irlandés junto a la que sufrió ante Mayweather. La misma aproximación y el mismo resultado. White, durante el tour mundial de la super pelea, señalaría a los medios sobre el estilo del discurso de Conor -que le vino como anillo al dedo de su empresa para crecer- lo que sigue: "Eso es una parte tan importante como la pelea. Conor McGregor es uno de los mejores de todos los tiempos. Odio compararlo con Muhammad Ali, odio hacer eso, pero él es uno de los mejores en la guerra mental".

Ahora que el irlandés afronta la inhabilitación de seis meses y la multa de 50.000 dólares por lo ocurrido en el UFC 229, en Las Vegas, parece razonable escudriñar la compleja mentalidad de este deportista protagónico en este lustro. Porque ha sido carne de múltiples produccones audiovisuales en las que ha ido describiendo su forma de ver las cosas. Generando un puzzle que se desgrana a continuación, con piezas ofrecidas en primera persona por el luchador que quiere seguir compitiendo por orgullo y la adrenalina, ya que los dólares no le preocupan ni a él ni a su familia desde hace tiempo.

"La presión crea diamantes. La presión es una ilusión, pero yo quiero esa ilusión. Dame más presión, así cuando me deshaga de ese tipo y lo haga parecer fácil, cosa que voy a hacer, la gente dirá ¿cómo lo ha hecho?", define en una intervención en la que resalta la importancia de convencerse de su superioridad como piedra angular de su rendimiento. "El sitio de donde venía no era lo suficientemente bueno para ser campeón del mundo, por eso se mudó, se marchó fuera... Su ciudad no era suficientemente buena ¡Esa no es una mentaidad de campeon del mundo! Una mentalidad de campeón aprovecha el entorno, como hago yo. He estado con mi entrenador desde el primer día, con mi equipo desde el primer día. Cuando te encuentras en un estado mental en el que necesitas irte a otro sitio porque tu lugar de origen no es lo suficientmente bueno, no es que tu lugar de origen no sea bueno, es que tu mente es débil y no crees en tus habilidades", ha aseverado.

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Lineage ??

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En esa dirección, ha reconocido que "no tengo ritujales. Los rituales son miedo, son un sinónimo de miedo. 'Mierda, no me corté el pelo en cinco semanas, ahora no puedo pelear. Voy a perder. Mis calzones de la suerte no están límpios'... Son todo tonterías. Las supersticiones y los rituales son tonterías". Y cita a Ali cuando lee "la repetición constante lleva a la convicción", un mantra que redunda en que considera que "si mi juego mental se encuentra al máximo nivel soy intocable". "En mi mente no tengo ninguna duda de que seré el mejor de todos los tiempos. En mi cabeza ya soy mejor que cualquiera. Se que por hay mucho odio de la gente, pero lo se y lo voy a demostrar. Dadme tiempo y lo demostrare a todos", recalcó cuando todavía no tenía corona.

Usa el yoga y la meditación para centrarse y ha explicado que "en las peleas entro siempre frio, sin emociones. Sin pensar en ello. Es lo que es". Porque "cuando estás en un estado emotivo antes de una pelea, o en cualquier situación de la vida, no es bueno porque las emociones nublan a las reacciones, al juicio. Fallas un golpe, te precipitas y entras en pánico". Por ende, es trascendental el conocimiento de los límites psicológicos propios. "'Conócete a ti mismo para conocer a los demás' es una frase de Bruce Lee. Y es verdad. Debes saber cómo te sientes para saber cómo se siente el rival. Entonces, yo juego con eso. Yo se cómo se siente el otro, así que le digo algo para que se sienta más de esa manera. Como si fuera un juego psicológico", ha sentenciado.

Se define como un "especialista en el movimiento humano" -dentro y fuera del octágono- e inspirado por el significado de su apellido -sinónimo de batalla-. Y defiende la obsesiva ética de trabajo como un arma imprescindible -"No se cómo la gente se puede ir del gimnasio sin tener el movimiento perfecto. Viernes por la noche y aquí estoy. Estoy todas las noches. Hago lo mismo cada día, gane o pierda. Voy al gimnasio, entreno y cuando salgo del gimnasio anoto lo que ha ocurrido entrenando, todos los escenarios en los que estuvimos. Qué aprendimos y qué hicimos, Lo escribo como si fueran deberes y luego vuelvo al gimnasio y repito"-.

Cuando estaba preparando su vuelta ante Khabib concedió una charla al canal oficial de la UFC en la que reconoce que para él "luchar es una adicción, una obsesión. Todo lo demás en tu vida no importa. Sólo importa se un mejor luchador, ser mejor atacando y defendiendo". "Hay gente que evita ser diferente pero yo lo acepto. Porque creo que es la manera correcta de hacerlo. Debes aceptar cómo eres y tu forma de ser. Debes acentuar lo que tienes y creer en lo que estás haciendo", continuó para, de inmediato, hacer hincapié en que "no le presto mucha aención a la fama. No es algo que busque. Ahora, el dinero quizás sí (risas). He tenido que aprender a controlar mis finanzas y cómo invertir. Es como otra disciplina del combte. Sigo aprendiendo".

El pase de un barrio modesto de Dublín a amontonar Rolls Royces es grande, pero parecería que ha sabido manejarse en la marejada en la que se ha convertido su vida. Señala el nacimiento de su iho como su mayor logro y recuerda siempre que "cuando dejé el colegio, mucha gente cuestionaba lo que hacía, no sabían lo que eran las MMA y que se podía hacer una carrera con ello. Me enfoqué en entrenar y yo sabía hasta donde iba a llegar. Demostré que estaban equivocados y yo en lo correcto". "Si lo ves en tu mente y tienes el coraje para decirlo, va a ocurrir", ha dicho, repitiendo que no es una persona que "mire atrás, sino directo a la cima".

"No soy una celebrity, yo parto la cara a la gente por dinero", le esputó a la revista GC en la previa de su pelea con Mayweather, su pico de fama. "Llevo una vida de tío normal y corriente, pero todos quieren ser un poco como yo. No los culpo. Si yo no fuese yo, también querría ser como yo", amplió en esa charla. Y en la actualidad, después de haber analizado en público sus errores en el duelo ante Khabib y de lanzar una marca de whisky, afronta sus últimos capítulos como luchador, ya que no quiere que le ocurra lo mismo que a su admirado Chuck Liddell. Tiene ya 30 años y está por ver contra quién pelea, ya que ha perdido algo de cartel. Y también el tiempo dirá si su vehemencia en el micrófono sigue tan fresca como su nivel de dedicación en los entrenamientos.

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