17 de octubre de 2019, 20:21:45
Cultura

AUDITORIO NACIONAL


La Madrileña convence con un repertorio clasicista e instrumentos de época

Isabel Cantos


Pasados algo más de dos años desde su presentación en la Real Academia de las Bellas Artes de San Fernando (RABASF), la Orquesta La Madrileña, dirigida por José Antonio Montaño, volvió el pasado fin de semana al Auditorio Nacional con obras de Mozart, Haydn y Martín y Soler.

Este maestro afincado en Madrid llevó a cabo una dirección precisa, ponderada y elegante de la treintena de profesores de música que integran la joven orquesta. Actuó como solista la chelista Catherine Jones en la interpretación del Concierto para violonchelo y orquesta nº 2 en Do mayor (Hob VIIb 1), de Haydn, obra de gran exigencia técnica. Jones dejó claro su dominio técnico del instrumento en el Allegro molto de esta composición.

El concierto se abría con dos oberturas de Martin y Soler, la de La capricciosa corretta, y la de L’arbore di Diana -ambas sobre libreto de Da Ponte-, en claro homenaje a la obra del internacionalmente conocido compositor valenciano, llamado popularmente en Italia “Martini il Valenziano”, que falleció en San Petesburgo en los albores del siglo XIX cuando se encontraba, tan solo, en su cincuentena, dejando tras de sí más de treinta óperas y una veintena de ballets estrenados en los principales teatros de Europa. De hecho, el nombre de esta prometedora orquesta, La Madrileña, está tomado de la primera ópera de este compositor, Il tuttore burlato, al transformarse en zarzuela.

La segunda parte del concierto se dedicó al inmortal genio salzburgués y a su Sinfonía en Do Mayor, “Jupiter”, K 551. Es muy posible que los oyentes echaran de menos -en esta obra tan escuchada del repertorio mozartiano, más que en otras de las interpretadas el sábado en el Auditorio Nacional- la mayor brillantez y color a la que nos tiene acostumbrados su ejecución con instrumentación moderna. En este sentido, hay que valorar como se merece la valiente apuesta de José Antonio Montaño al frente de la Orquesta La Madrileña, al haber decidido que una de las señas de identidad de la agrupación sea interpretar con instrumentos de época, lo que implica hacerlo también con la afinación de la época, sin duda menos brillante y atractiva.

El sistema de afinación a que estamos acostumbrados se remonta solo a 1955, cuando la Organización Internacional de Estadarización fijó la frecuencia de la nota La en 440 Hz, mientras que en el pasado se utilizaron distintos sistemas de afinación. Concretamente, la llamada afinación antigua situaba el La en 435 Hz. Verdi, tomando como referencia la voz humana, la situó en 432 Hz y, en 1884, consiguió del gobierno italiano la emisión de un decreto fijando esa frecuencia como base de la afinación.

Algunos científicos destacados han resaltado que la mayor tensión a la que obliga la afinación moderna, no solo somete a una mayor carga a los instrumentos, sino que llega a ser dañina para la voz humana. Lo cierto es que los expertos coinciden en que la afinación moderna deforma la concepción musical original de los autores clásicos, como Martin y Soler, Haydn o Mozart, y también la de los románticos, como el mismo Verdi.

El Schiller Institute ha documentado que cada incremento en 5 Hz en la afinación equivale a un incremento de más de 5 kilogramos de peso sobre la estructura de un violín. En cuanto a la voz humana, el seguir una afinación no natural conduce en no pocas ocasiones a un indebido cambio de repertorio cuando no se pueden satisfacer las exigencias de las notas más agudas de una obra.

José Antonio Montaño se ha formado con maestros de la talla de Jesús López Cobos, Evelino Pidò, Pinchas Steinberg o Aturo Tamayo. Su repertorio abarca tanto la ópera, como el ballet, y no sólo la música sinfónica, sino también la de cámara. Antes de dirigir La Madrileña, ha estado al frente de la Orquesta Sinfónica de Madrid, l’Orchestra Sinfonica di Milano, l’Orchestra del Teatro Carlo Felice de Génova o la Orquesta de la Comunidad de Madrid, entre otras. Desde 1998 ha concentrado sus esfuerzos en el repertorio de los siglos XVII y XVIII. Entre 2003 y 2013 comandó, como director titular de la Orquesta Escuela de la Orquesta Sinfónica de Madrid, en el Teatro Real, diversas óperas, como La vera Constanza, de Haydn, L’Orfeo de Monteverdi, The Little Sweep, de Britten, o El gato con botas, de Montsalvatge. Precisamente dentro del coliseo operístico capitalino se sitúa su intervención, en julio de 2016, al frente de la ópera I Puritani, con el citado Evelino Pidò y los cantantes Diana Damrau y Javier Camarena.

El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.elimparcial.es