25 de febrero de 2020, 16:07:38
Deportes

SU FAMILIA FUE EXPULSADA DEL ESTADIO


Hockey. ¿Revela el racismo contra Diaby y su familia un problema en Canadá?

(Vídeo: CBC News: The National)

EL IMPARCIAL

El lamentable suceso ha dado la vuelta al planeta como ejemplo de lo que no debe reproducirse.


El pasado 18 de agosto el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, ofreció oficialmente disculpas a los indígenas del país y anunció que iba a fijar un día en el calendario para marcar el pasado racista de sus compatriotas. Esa medida era publicada después de que la Comisión para la Verdad y Reconciliación de Canadá (CVRC) denunciara el internamiento forzoso de decenas de miles de niños indígenas en residencias escolares, una realidad desconocida para gran parte de la población hasta hace pocos años.

El Día Nacional sobre la Verdad y la Reconciliación se proponía recordar a los canadienses el peligro del pasado racista de la nación. En concreto, en lo relativo a unas residencias escolares que estuvieron funcionando durante más de cien años (la última cerró sus puertas en 1996), encerrando y torturando, física y psicológicamente, a unos 150.000 niños indígenas. Una barbaridad silenciada y sólo sacada a la luz con el informe final de la CVRC en 2015. En ese texto se hablaba de "genocidio cultural" de las autoridades del país contra la población indígena.

Las pesquisas desentrañaron que esas residencias fueron establecidas desde el Gobierno canadiense y gestionadas por ordenes religiosas cristianas, resultando que cuando los niños indígenas alcanzaban la edad escolar a los cinco años, funcionarios gubernamentales, a veces miembros de la Policía Montada de Canadá, y religiosos se presentaban en las viviendas de sus familias para reclamar su entrega. De inmediato emprendían viajes en autobuses o trenes, a veces sin poder despedirse de sus padres, que desembocaban en las instalaciones sitas a más de 1.000 kilómetros de la comunidad indígena de la que procedían.

Con el paso del tiempo, y el correr de los primeros testimonios, las familias de los pueblo oriundos llegaron a esconder la existencia de sus hijos, mas no consiguieron que se cercenara el funcionamiento de semejante barbaridad. Los abusos físicos y sexuales eran la norma, narran los afectados. También trabajaban en labores domésticas o en los huertos de las instituciones, acudiendo a las aulas tres horas menos diarias que el resto de estudiantes canadienses. Se calcula que entre 3.000 y 6.000 niños murieron en esas instituciones, a causa de los abusos sufridos, de la malnutrición o de enfermedades. No obstante, en la residencia escolar de St. Anne, en la localidad de Fort Albany -norte de Toronto- se registró una silla eléctrica. Justin Trudeau, ante todo ello, ofreció oficialmente disculpas a los indígenas canadienses e instauró dicho día conmemorativo.

Pero el primer ministro se encuentra ahora en horas bajas. Está acusado de tráfico de influencias al haber sido encausado por una ex fiscal general -Jody Wilson-Raybould- que compareció este viernes en el Parlamento explicando que el dirigente la presionó para favorecer a la mayor constructora del país. Esta polémica se ha detonado sólo 15 días después de que el periódico The Globe and Mail publicó que Wilson-Raybould, que fue nombrada en 2015 por Trudeau como ministra de Justicia -la primera de origen aborigen que ocupaba la cartera-, fue sustituida del cargo gubernamental por no haber aceptado presiones para ofrecer un trato preferencial a la compañía SNC-Lavalin -la constructora mencionada-.

Surgieron a lo largo de todo este proceso palabras racistas desde el Partido Liberal de Trudeau, que el primer ministro se ha apresurado a tildar como "incaptables". El mandatario fue considerado, en su elección presidencial, como el emblema de "la reconciliación con los indígenas", como "un Gobierno abierto y transparente, la moderación del poder de la Oficina del Primer Ministro y el desarrollo de principios feministas en la gobernación". Todo eso conllevó la elección hace cuatro años de Wilson-Raybould. Esa deisión de cesarla, que ha acabado en dimisión de la ex fiscal, está erosionando sobremanera la imagen del político. La crítica de la comunidad indígena, en voz de sus dos principales líderes (Stewart Phillip y Cheryl Casimer) ha restallado.

Y, en medio de este vendaval, el hockey sobre hielo ha acogido un incidente lamentable. Esta semana un joven jugador de hockey y su familia fueron víctimas de racismo en un pabellón de la Liga Norteamericana de Hockey. Se trata del defensor Jonathan-Ismaël Diaby, del Marquis de Jonquière. Él, su padre, su hermana y su yerno fueron víctimas de comentarios y gestos racistas de los hinchas de los Pétroliers du Nord de Saint-Jérôme, en Quebec. Las imágenes muestran cómo los familiares son forzados a abandonar el recinto al tiempo que el jugador decidió abandonar la pista. Ofendido.

Diaby, de 24 años, se encontraba en el banquillo de castigo cuando un aficionado se acercó a él para insultarle e imitar los gestos del mono. El jugador decidió abandonar la pista por miedo a no poder contenerse. Se fue a los vestuarios y en el entretanto sus familiares eran echados por la marabunta racista y exaltada. La filmación resulta descriptiva de una situación extrema que ha dado la vuelta al planeta, sangrando la herida por la que Canadá ha venido padeciendo de cara a su imagen exterior. Todo ello en el primer cuarto.

El jugador atendió a los medios más tarde, ofreciendo su experiencia. "Hubo comentarios racistas sobre mí, mi familia, mi hermana y mi padre. Hay videos donde él está en un altercado con cuatro hombres. Es el novio de mi hermana quien trata de retenerlo. Le dicen: 'Vete a tu país, no tienes nada que hacer aquí'. A mi padre le agarraron del pelo y a mi novia le agarraron del brazo. Yo estaba allí para jugar, para dar espectáculo. Es mi deber seguir jugando, es mi trabajo. Pero cuando vi que estaba llegando a mi familia decidí dejar el partido", manifestó. La connivencia de los miembros de seguridad es intolerable para el jugador. "Los miembros de mi familia ya no estaban a salvo en las gradas y podía sentirlo en el hielo. Era imposible para mí aceptar eso", sentenció.

El dueño del equipo, Robert Chevrier, se limitó a felicitarse porque la seguridad del pabellón cumplió con su cometido de separar a la gente. Y diría que "no puedo creer que tales comentarios se puedan hacer y que todavía existan en 2019. La directiva del equipo rival, Pétroliers du Nord, se disculpó con Jonathan Diaby y con su familia a través de las redes sociales. Y el comisionado de la Liga, Jean-François Laplante, se pronunció de este modo: "Me gustaría disculparme con Diaby y su familia. Los comentarios racistas, sexistas y homófobos son totalmente inaceptables e intolerables, tanto en la vida cotidiana como en los pabellones".

Sin embargo, la cosa no quedaría en el ámbito local. La BBC le pidió al jugador su testimonio y aseguró que "estaba enfadado y sólo quería lanzar mi palo en la cara del aficionado -que le estaba insultando e imitando a un mono-. Pero luego estaba pensando en hacer lo que hice, que era dejar el juego en paz y tratar de hacer algo para que cambien las cosas". El jugador, cuyo padre fue ex futbolista profesional de Costa de Marfil, está empeñado en usar su caso para concienciar sobre el racismo que sufre su comunidad -es negro-. Su rol como participante del hockey, deporte identitario canadiense, le da una dimensión especial.

"Al ser una minoría visible, lidiamos con eso todos los días. Pero esa fue la primera vez que vi a un gran grupo de personas empujando hacia el odio de esa manera", apuntó Diaby sobre un hecho que no es más que otro capítulo en la lista de problemas de tipo racista en las pistas de hockey. En abril de 2018, Givani Smith, de los Detroit Red Wings, tuvo que pedirle a la policía que lo acompañara a los partidos de post temporada de la liga juveil después de haber sido amenazado múltiples veces por motivos raciales. Asimismo, el delantero de los Philadelphia Flyers, Wayne Simmonds, ha sufrido sistemáticos lanzamientos de bananas hacia el hielo y los fans de los Boston Briuns insultaron con epítetos racistas a PK Subban cuando éste anotó un gol que dio la victoria a la franquicia de Montreal.

La gerencia de la liga semi-profesional en la que compite Diaby ha anunciado que va a reforzar las medidas y los efectivos de seguridad en los pabellones, terminando por reconocer como válida la queja del jugador y de su familia: que los agentes no hicieron todo lo que estaba en su mano para bajar el suflé racista a tiempo. Lo que no está claro es cómo van a conseguir, la Liga Norteamericana de Hockey o la NHL estadounidense, que la sociedad que sigue a este deporte acepte a las minorías. Sólo un 7% de los competidores no son blancos, a diferencia de lo que ocurre en béisbol y sobre todo, en la NBA o la NFL.

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