20 de junio de 2021, 15:46:41
Sociedad

ANIVERSARIO DEL 11M


La Psicología mejoró sus protocolos tras el atentado del 11M

EL IMPARCIAL/Efe

"No vale cualquier psicólogo; tiene que estar formado en emergencias".


Las familias de las víctimas del 11M contaron entonces con un apoyo crucial: el de decenas de psicólogos que trataron de encauzar su dolor. Quince años después dos de esos profesionales corroboran que aquel atentado sirvió para mejorar sus protocolos y crear una especialidad en emergencias y catástrofes.

Esther López Valtierra recuerda a Efe que la mañana del 11 de marzo de 2004 estaba en casa y recibió una llamada de su trabajo: necesitaban psicólogos de guardia del Samur, el servicio de emergencias del Ayuntamiento de Madrid, para atender lo que parecía un gran atentado.

No dudó y cogió un taxi para llegar antes a su base del Samur, desde donde la enviaron al Ifema porque se acababa de decidir que allí irían los cuerpos de los fallecidos.

"Cuando llegué, estaban las salas vacías; fueron llegando poco a poco y así vimos la magnitud de la tragedia", recuerda Esther, que destaca que por cada víctima había unos siete familiares o allegados, por lo que atender a todos fue "un gran reto".

Lo primero era identificar a los familiares y amigos para saber a quién buscaban, confirmar si su allegado estaba allí y acompañarles. Enseñaron fotos de los fallecidos a sus familias para confirmar identidades y dieron muchas malas noticias, recuerda.

De esa tragedia el colectivo de psicólogos sacó lecciones como establecer diferentes espacios para atender a las víctimas por separado, respetar el descanso de los psicólogos intervinientes para que pudieran seguir atendiendo en condiciones y, sobre todo, que "no vale cualquier psicólogo, sino que tiene que estar formado en emergencias".

De hecho el Samur cuenta desde entonces con un equipo especializado en emergencias y catástrofes, al igual que se constituyó en otras entidades, como la Cruz Roja, y hay una especialidad académica.

En este diagnóstico coincide Javier de Blas Esteban, que entonces era psicólogo del Ayuntamiento de Madrid, del área de Servicios Sociales, y atendió a familiares en el Tanatorio de la M-30 y también, pasados unos días del atentado, en domicilios.

Relata a Efe que en las casas de los afectados se enfrentaba él solo con el fruto "de un hecho bestial, brutal, impactante" y trataba de encauzar unos sentimientos que en caso contrario causarían estrés postraumático o depresión.

"El superviviente se siente culpable, piensa que por qué no le ha tocado a él", describe Javier, convencido de que, si ahora sufriésemos otro gran atentado, se atendería más estructuradamente a los afectados.

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