17 de octubre de 2019, 22:55:27
Mundo

70 ANIVERSARIO


Las miradas de la OTAN siguen puestas en Moscú

Eduardo Villamil

La Alianza Atlántica celebra su 70 aniversario en medio de una grave crisis existencial y con el desafío de la creciente amenaza rusa.


La Organización del Tratado del Atlántico Norte, la alianza militar más longeva y poderosa de la historia, ha celebrado este jueves su 70 aniversario en el auditorio Andrew Mellon de Washington D.C., el mismo lugar donde 70 años atrás los doce países fundadores firmaron su creación. Y, al igual que aquel 4 de abril de 1949, hoy las miradas siguen dirigiéndose hacia Moscú, aunque con muchos más reproches internos.

La llegada de Vladimir Putin al poder hace ya 20 años supuso un acercamiento entre Rusia y la OTAN, pero con el tiempo las relaciones se han ido deteriorando, sobre todo, tras la anexión de Crimea durante la guerra civil de Ucrania, en 2014; un movimiento ampliamente criticado por la comunidad internacional.

La intervención unilateral en Siria en auxilio de Bashar al-Ásad, los grupos de hackers a sueldo del Kremlin, el apoyo a los regímenes de Corea del Norte, Irán o Venezuela... Son todos ellos factores desestabilizadores que van tensando cada vez más la fina cuerda diplomática entre Rusia y Occidente.

La primera -y última- reunión entre Trump y Putin tuvo lugar el pasado 16 de julio en Helsinki. En aquel encuentro, que se desarrolló en un aparente clima de cordialidad, Trump ofreció una imagen timorata, llegando a contradecir la versión de sus propias agencias de inteligencia sobre la trama rusa: "Me han dicho que creen que fue Rusia. Yo no veo ninguna razón por la que podría serlo", declaró el mandatario ante una incrédula y poblada nube de periodistas.

Desde entonces, las relaciones entre Rusia y EEUU -y por ende, la OTAN- se han fracturado notablemente, llegando ambas naciones a abandonar el Tratado de Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio (INF), que con tanto esfuerzo firmaron Reagan y Gorbachov, tras la caída del telón de acero.

"Desarrollaremos nuestras propias opciones de respuesta militar y trabajaremos con la OTAN y nuestros aliados y socios para negar a Rusia cualquier ventaja militar derivada de su conducta ilegal", advirtió Trump el pasado mes de febrero.

En marzo, la OTAN secundó a Estados Unidos, acusando a Rusia de violar durante seis años el tratado al desplegar misiles que amenazaban la seguridad de sus países miembros: "Tenemos que prepararnos para un mundo sin tratado INF, con más misiles rusos. Necesitamos una disuasión y defensa efectivas", declaró el secretario de la Alianza Atlántica, Jens Stoltenberg.

Durante la cumbre de este 4 de abril, Stoltenberg ya ha anunciado que los 29 ministros de Exteriores de la Alianza han aprobado un paquete de medidas destinado a incrementar su presencia en el Mar Negro, "para ayudar a Georgia y Ucrania".

Otro asunto que, sin embargo, no ha gozado ni por asomo la misma acogida ha sido la crisis de Venezuela, que EEUU ha introducido a última hora en el orden del día. Tras el envío de dos aviones con un centenar de militares rusos al Estado sudamericano a finales de marzo, Estados Unidos ya ha avisado de que no tolerará ninguna asistencia militar extranjera en este país. "Rusia debe salir", espetó Trump, tras recibir en el Despacho Oval a Fabiana Rosales, la esposa de Juan Guaidó, el presidente encargado de Venezuela.

El ministro de Exteriores español, Josep Borrell, quien ha reconocido "fisuras" entre los miembros de la organización, ha admitido que este tema se ha tocado pero apenas "tangencialmente" y solo por la implicación de Rusia como "potencia activa". Borrell ha expresado a este respecto su negativa a que la organización intervenga porque "Venezuela no es un problema de la OTAN".

A vueltas con el 2%

En clave interna, pese a que el objetivo primordial de la OTAN se ha cumplido, la organización parece no haber acabado de cuajar. En este tiempo, Estados Unidos ha ejercido como hermano mayor de sus socios al otro lado del Atlántico, aunque no sin pocos reproches. Un rol que Donald Trump ha amenazado con abandonar en repetidas ocasiones debido a las grandes diferencias entre las aportaciones presupuestarias de Washington y Bruselas.

A pesar de que las economías estadounidense y europea no están tan alejadas -19,4 billones de dólares de PIB, en el primer caso; 17,7, en el segundo-, la contribución de Estados Unidos representa casi el 70 % del total: 684.360 millones de dólares, frente a 303.148.

Esta evidente disparidad genera un profundo malestar en Washington desde hace mucho tiempo, y, a pesar de que hace cinco años, los países miembros se comprometieron a elevar sus gastos en defensa hasta el 2% de su PIB en 2024 -algo que de momento solo cumplen Estonia, Grecia, Letonia y Reino Unido- a la Casa Blanca le sigue pareciendo poco.

"Nosotros pagamos gran parte de la OTAN, que básicamente se dedica a proteger a Europa. Es muy injusto", declaraba este martes Trump, tras reunirse con el secretario Stoltenberg. Aunque el inquilino de la Casa Blanca admitió que el objetivo del 2% "está más cerca", señaló que "en algún momento" habrá que establecer una meta "más ambiciosa".

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