27 de enero de 2020, 17:43:12
Opinion


Recambio en Israel



La renuncia como Primer Ministro israelí de Ehud Olmert, que se hará efectiva en septiembre, no ha sido una sorpresa para casi nadie. Desde hace algún tiempo, cuestiones de índole personal estaban menoscabando tanto su imagen como la de su partido, el Kadima. A nadie escapa que la política en Israel no es asunto baladí. Al sempiterno conflicto con los palestinos y el resto del mundo árabe, se une la situación interna de la Knesset -parlamento israelí-. Se trata de una cámara severamente atomizada, con un enjambre de partidos cuyas diferencias son tan poco salvables que en ocasiones, la gobernabilidad es poco menos que imposible. Laboristas, conservadores, partidos de corte religioso como el Shas; todos conviven en una disputa permanente.

El caso es que la autoridad palestina ya se ha apresurado a declarar que, por lo que a ellos respecta, el proceso de paz sigue su curso. No podía ser de otra manera, cuando de lo que se trata es de la resolución de un conflicto que está por encima de los nombres de personas concretas. Hay mucho en juego. El presidente palestino, Mahmoud Abbas, vuelve a aportar una nota de sensatez que viniendo del lado palestino, es cuando menos esperanzador. Washington, tradicional aliado israelí, se ha alineado con la postura de Abbas; Condoleezza Rice es igualmente partidaria de seguir ahondando en el camino de paz, con independencia de quien esté como primer ministro en Israel. Cargo que, por otra parte, viene ya precedido de una cierta polémica, toda vez que el antecesor de Olmert, Ariel Sharon, ya tuvo sobre sí ciertas sombras de corrupción, aunque en este caso vinculadas a uno de sus hijos. A Ehud Olmert se le acusa de prácticas corruptas cuando era alcalde de Jerusalén, lo que demuestra que, por encima de otro tipo de consideraciones, hay “pecados políticos” que no conocen fronteras. La solución, a la vuelta del verano.
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