16 de diciembre de 2019, 2:11:20
Deportes

BALONMANO


Se retira la leyenda del deporte español 'Juanín' García

EL IMPARCIAL/Efe

El emblemático máximo goleador de la historia de la ASOBAL y la selección española lo deja a los 41 años.


Uno de los últimos históricos del balonmano español, que en los últimos años está alargando sus exitosa carrera debido quizá a la menor exigencia de la propia competición, es el genial extremo leonés, Juan García Lorenzana, para todos "Juanín", quien a sus 41 años ha decidido decir adiós después de veinticuatro temporadas en la élite. Su propio diminutivo le delata y eso que utilizarlo para alguien que peina canas, pero que sobre todo puede presumir de tener un registro previsiblemente inalcanzable, como el de máximo goleador histórico de la Liga ASOBAL y de la selección española, parecería inadecuado.

Sin embargo y resistiéndose, porque él se veía con "fuerzas e ilusión" para apurar una temporada más sus carreras por la banda, se ha visto empujado" por la decisión de la directiva del Ademar, cuyo presidente, Cayetano Franco, primero dijo que jugaría "en tanto él quiera", para después remitirse a la lógica de la cronología y el presupuesto para precipitar su adiós de las canchas. Tan solo le quedan dos encuentros oficiales, este próximo sábado en Santander ante el Sinfín y, una semana después, en el palacio de los deportes de León ante su afición, que siempre le ha idolatrado, frente a un Guadalajara en el que tendrá enfrente a otro de los ilustres veteranos como el meta José Javier Hombrados, ahora ya sí, con todos los honores, el "abuelo" de la Liga ASOBAL.

Las vitrinas del jugador leonés rebosan de trofeos y reconocimientos, tanto a nivel de clubes, como de selección, con un título mundial y medalla olímpica incluidas, además de ser distinguido como segundo mejor jugador mundial -el mejor en pista- en 2004 o recibir el premio Castilla y León del Deporte el pasado año. Todo para un jugador que rompió estereotipos en el balonmano, en un deporte de máximo contacto y en el que la envergadura física prevalece por encima de otros condicionantes, y a pesar de que tuviera también sueños futbolísticos que nunca llegaría a cumplir.

Atrás quedan para el recuerdo los inicios de un menudo jugador que aprendió los primeros secretos del balonmano en el Colegio La Granja, para luego pulir en la mejor escuela, los Hermanos Maristas, cantera del Ademar y a las órdenes de todo un experto en sacar resultados, el hermano Tomás Higarza, toda una leyenda del balonmano leonés. Otro emblema del Ademar y de su etapa más gloriosa, el técnico Manolo Cadenas, que ahora se debate entre una tercera etapa en el equipo de su tierra o la vuelta a Polonia ante la oferta del Pulawy, le daba la alternativa a un jugador que, en categorías inferiores, había actuado como central e incluso lateral.

Pero Cadenas, experto en sacar brillo a proyectos de jugador, enseguida le vio como extremo y la inteligencia de Juanín hizo el resto para ir adquiriendo una destreza y variedad con sus lanzamientos que, unido a una velocidad endiablada, le convirtieron en un icono del balonmano más atípico pero espectacular lo que le granjeó la admiración de todas las aficiones. Sus cabalgadas enardecieron el palacio municipal de deportes de León con un Ademar tuteando a todos los grandes en España, e incluso permitiéndose codearse con la élite europea para sumar dos recopas.

El extremo leonés creyó el momento de dar un giro en su carrera -su salida dejó heridas en el Ademar y también el pago de una suculenta cláusula de rescisión- para poner rumbo al laureado FC Barcelona, que tras la mítica etapa del 'Dream Team' y sus Copas de Europa consecutivas, trataba de reverdecer laureles con un cambio generacional. Juanín García continuó maravillando con su juego, ahora ya rodeado de rutilantes estrellas, para sumar títulos tanto con su club como de selección, donde fue referencia en los Hispanos, antes de que éstos adquirieran tal apelativo.

También fue amarga su salida del conjunto catalán, en ese caso con destino a Logroño durante una temporada, antes de volver a un Ademar en pleno proceso de reconstrucción y con otro extremo ilustre como Rafael Guijosa en el banquillo, al que precisamente había relevado en su llegada a Barcelona. Han sido cuatro temporadas en su tierra, aunque la última renovación ya se dilató hasta bien entrado el verano, y pese a su deseo al final ha prevalecido que la posición ya estuviera cubierta por otros dos "productos" de la prolífica cantera de extremos ademarista, el joven Jaime Fernández y el ya más experto y ahora lesionado José Mario Carrillo.

A partir de ahora queda emprender un nuevo camino, seguramente ligado al balonmano y, con muchas probabilidades, si se liman las asperezas de las últimas semanas y meses, en el equipo de su tierra, en un Ademar donde podrá seguir enseñando parte de su magia a las futuras generaciones.

El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.elimparcial.es