22 de noviembre de 2019, 21:48:55
Opinion

TRIBUNA


¿Quién financia la sanidad pública?

Agapito Maestre


Podemos se niega a recibir cualquier tipo de donación de particulares para mejorar nuestro sistema sanitario. Aunque Podemos es partidario de que sus cargos públicos donen parte de sus honorarios para mayor gloria de su partido u otros organismos de carácter público, rechaza la donación millonaria del empresario Amancio Ortega para mejorar los equipos científicos de prevención del cáncer de la Sanidad pública. Aparte de la contradicción en la que cae esta agrupación política, cuesta entender esta negativa sin recurrir al mecanismo psicológico del resentimiento social: odian tanto a las personas de éxito y con dinero que están dispuestos a renunciar a su ayuda.

Naturalmente, el rechazo de esa donación también podría interpretarse de acuerdo con los postulados comunistas de Podemos. “Postulados”, por llamarles algo, que ya fracasaron, como es sabido por el mundo entero, en la antigua Unión Soviética y en las actuales Cuba Venezuela por poner solo un par de ejemplos de perversa gestión de los sistemas estatales de la sanidad pública. Es obvio que Podemos, de acuerdo con sus “principios” comunistas, considera que solo el Estado es el único soporte de la financiación de la sanidad de un país. Sin embargo, sólo alguien muy obtuso podría no reconocer que hay diferentes fuentes de financiamiento de la Sanidad pública. Aparte del Estado, se me ocurre que también el mercado, los “filántropos” que dedican parte de sus ganancias empresariales a la ayuda para mejorar el funcionamiento de nuestros hospitales y, finalmente, el sacrificio personal de quienes han hecho de su profesión un destino, una misión casi sagrada, pueden considerarse recursos financieros de la Sanidad pública.

Sí, los hombres y mujeres que se dedican a la sanidad pública son, sin duda alguna, la base de nuestra sanidad. Sin embargo, pocos son los analistas de nuestra sanidad pública que se refieran a esta fuente de financiación. Mas sin el sacrificio personal de casi todo el personal, es decir, médicos y enfermeros, que atienden a los enfermos nuestro sistema de Sanidad pública ya habría colapsado hace tiempo. Es menester reconocer que en España el sostén último de la magnífica medicina que aquí tenemos está en las personas que creen en su profesión, a pesar de las opiniones en contra de los político. En otras palabras, a pesar de la desmotivación a la que somete el Estado todos los días a nuestros médicos y sanitarios, nuestra sanidad es una de las mejores del mundo.

Sin embargo, me temo que no es un buen augurio para nuestra sanidad que muchos olviden lo obvio: el esfuerzo personal de los profesionales de la medicina es la espina dorsal de nuestro sistema público de sanidad, o sea, es la fuente clave de la financiación de la sanidad.

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