25 de junio de 2019, 22:37:15
Cultura

SAN ISIDRO


Román, con valor y entrega, cambia una oreja de ley por una tremenda cornada

Efe


El torero valenciano Román le cortó una oreja con enorme mérito y valor al tercer toro de la corrida de hoy en San Isidro, un viejo y violento manso de Baltasar Ibán que, al entrarle a matar, infirió al valenciano una tremenda cornada en el muslo derecho, pronosticada por los médicos como muy grave.

Hasta el momento del impresionante percance, Román se estaba fajando con una absoluta firmeza con un toro voluminoso y de casi seis años que desde que salió al ruedo no hizo más que soltar violentos cabezazos a todo cuanto se le ponía por delante.

Tras hacer pasar muchos apuros a las cuadrillas en el segundo tercio, sin que un empecinado presidente quisiera sacar el pañuelo hasta que el toro no cogió, sin mayores consecuencias, al banderillero El Sirio, Román se hizo presente con la muleta dispuesto a plantar cara al toraco con una absoluta entrega.

Poco a poco, tan paciente como valeroso, el valenciano fue robándole medios pases con ambas manos, aun a costa de que en más de una ocasión el áspero manso le pusiera su aparatosa cornamenta a la altura de las sienes.

Fue el torero el único que no se arredró en el pulso, pues, abrumado por su firmeza, el de Baltasar Ibán acabó rajándose camino de tablas. Para entonces los méritos, sobrados, ya estaban hechos, a falta solo del último encuentro, el de la estocada, donde esos cabezazos constantes del caballuno animal se antojaban como la verdadera amenaza.

Román se fue derecho al morrilo con la espada y, como era de prever, el toro también se fue derecho hacia él con una violencia similar a la que mantuvo durante la lidia, de tal forma que le prendió por el muslo derecho y, como colgándole de un garfio, sacudió varias veces al valenciano antes de dejarle caer inerme sobre la arena.

Cuando se llevaban a Román a toda prisa hacia la enfermería, el toro caía también de la estocada, luciendo su pitón derecho tintado hasta la oreja con la sangre del valiente, mientras la plaza pedía, conmocionada, el premio de esa oreja de auténtico peso.

También se llevó una oreja el director de lidia, Curro Díaz, que solventó la difícil prueba de la agria corrida de Ibán con sobrado oficio. Así fue como le robó algunos pases al desclasado sobrero de Montealto que mató en primer lugar y también al sexto de Ibán, que se defendió con menos aspereza que sus hermanos.

Pero el trofeo se lo llevó del cuarto, que brindó a Román cuando ya estaba siendo operado en la enfermería y la plaza seguía conmocionada.

Aunque también mansote y sin demasiado celo, este toro al menos tomó los engaños con nobleza, lo que el torero de Linares aprovechó para componer una docena de muletazos templados y de figura relajada hasta que el enemigo se desfondó del todo.

Aun así ese cuarto duró más que el segundo, que enseguida echó el cierre porque probablemente acusó su excesiva sangría en varas, y permitió únicamente una buena serie de derechazos de Pepe Moral, que ya no pudo desquitarse con el quinto, otro de los ásperos y serios mansos de la ganadería madrileña.
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