23 de septiembre de 2019, 6:46:26
Opinion

POR LIBRE


¿Mejor pactar con Vox? ¿O con Podemos y los separatistas?

Joaquín Vila


Los muchos legionarios de la izquierda, entre políticos, militantes, incontables tertulianos y voceros están indignados. Maldicen, rebufan, aúllan, se tiran de los pelos. Consideran antidemocráticos y escandalosos los pactos del PP y Ciudadanos con Vox, con la ultraderecha, con el fascismo, con el franquismo resucitado del Valle de los Caídos gracias a las maniobras orquestales del insigne estratega Pedro Sánchez. Para los progres, los votos no cuentan. Ellos interpretan el veredicto de las urnas a su manera y proclaman que allí donde gobiernen las derechas se extenderá con impunidad el machismo más cruel y asesino, los inmigrantes serán apaleados por el color de su piel; los homosexuales, perseguidos y humillados, y los mendigos, pateados por la naranja mecánica.

La realidad resulta más simple: la izquierda no sabe perder. Ni siquiera lo disimula. El desalojo de Manuela Carmena del Ayuntamiento de Madrid ha supuesto un duro golpe para la progresía. Era su tótem. Dicen y protestan con manifestaciones porque ha ganado las elecciones, pero olvidan que se hizo con el bastón de alcaldesa cuando las ganó Esperanza Aguirre. Tan democráticamente como ahora. Entonces, lo celebraron como si hubiera obtenido la mayoría absoluta con Pablo Iglesias en el palco de invitados aplaudiendo como si ya hubiera asaltado el cielo. Ahora se arrastra por los suelos. No admiten que la cansina política comunista ha fracasado al despilfarrar el dinero de los ciudadanos en su tan megalómano como ridículo plan de Madrid Central. No ha reducido un gramo la contaminación, ha provocado atascos interminables y ha arruinado a un buen puñado de comerciantes. Solo han salido ganando los manteros al aprovechar el ensanchamiento de las aceras para exponer y vender a placer sus ilegales productos, una mercancía fabricada y falsificada por trabajadores chinos a las órdenes de las mafias. Pero los policías municipales tenían prohibido molestarles. Hubiera parecido racista.

Carmena y Colau han degradado las dos grandes ciudades españolas por puro fanatismo político. Han permitido que los okupas campen a sus anchas y se hagan dueños de barrios enteros, donde los traficantes de drogas vendían su mercancía por todas las esquinas y los vecinos no se atrevían a salir a la calle, mientras la suciedad rezumaba por las paredes y la basura se acumulaba en las aceras. Han atracado a los automovilistas con multas estratosféricas por aparcar 5 minutos de más.

Eso sí, han colgado enormes y espantosas pancartas en las fachadas de sus Ayuntamientos. La alcaldesa de Madrid, con mensajes cursis a favor de los inmigrantes o los homosexuales; la de Barcelona, con lazos amarillos y eslóganes independentistas. Más que trabajar por el bienestar de los ciudadanos se han dedicado a propagar su fanatismo, a celebrar fiestas a diario, carreras de ciclistas y maratones por cualquier chorrada todos los domingos y siempre por el centro de la ciudad; manifestaciones de todo tipo, verbenas ruidosas y cochambrosas, fiestas y conciertos en la Plaza Mayor o en la Puerta del Sol. Millones de confetis y música estridente para colapsar el tráfico y torturar a los vecinos. Se han divertido unos pocos molestando a la inmensa mayoría.

Pero la política catalana, tan populista como separatista, que se ha dedicado a propagar el secesionismo como la que más, mantiene su bastón de mando gracias a los socialistas de Sánchez y a Manuel Valls, que podía haberse quedado en París a disfrutar de su jubilación después de haber aniquilado el partido socialista francés. Nadie le hubiera echado de menos. Rivera se ha dado cuenta demasiado tarde, cuando Ciudadanos ha pasado de ser la primera fuerza política en Cataluña por la valentía e inteligencia de Inés Arrimadas a caer hasta el quinto lugar por las patochadas del galo desorientado. Se desconoce si Valls colaborará con Colau en colocar el lazo amarillo en el Ayuntamiento, como anunció la alcaldesa nada más tomar posesión.

Esa izquierda rencorosa y fanática, sin embargo, nada ha dicho de los acuerdos del PSOE con Podemos y los separatistas. En Badalona, por ejemplo, Javier Albiol ha logrado 10 concejales frente a los 4 del socialista Alex Pastor, quien, no obstante, ha sido nombrado alcalde con el apoyo de Podemos y los separatistas. Pero nadie parece haberse escandalizado de esos siniestros pactos. Tampoco protestarán los incontables voceros de la izquierda si, como parece, Pedro Sánchez regala Navarra a los separatistas y a los proetarras para que preparen su anexión al País Vasco. Nadie se acordará de la holgadísima victoria de Navarra Suma que ha doblado de largo a los socialistas.

¿Hay alguien con un mínimo de inteligencia que crea que es mejor pactar con Podemos que con Vox? ¿O con los separatistas? Pues haberlos, los hay a puñados. Empezando por el pelele de Manuel Valls o por el relamido de Macron, que mientras arde París por sus torpezas políticas se dedica a dar lecciones a los demás. Y, al igual que los comunistas y los socialistas, se escandalizan cuando ven asomar el gesto adusto de Santiago Abascal. ¿Es Vox más de extrema derecha que Podemos de extrema izquierda? ¿Es mejor pactar con Vox que con los separatistas?

No es Vox, en efecto, un partido simpático. Tiene tics ultras, Impresiona verlos con esas caras tan serias, escuchar sus exabruptos. Pero, a veces, dicen lo que muchos piensan y callan por miedo a ser tachados de fascistas. Defienden ideas tan políticamente incorrectas como incómodas para los puritanos que crecen como las setas. Al final, sin embargo, el nuevo partido ha demostrado que defiende la Constitución, la Monarquía parlamentaria, la democracia y, por tanto, la unidad de España. Y con su apoyo, PP y Ciudadanos han desalojado del poder a la izquierda más siniestra y perjudicial. Sin duda, es mejor para la prosperidad y estabilidad de la ciudadanía estar gobernada por el PP y Ciudadanos con el apoyo de Vox, que del PSOE aliado con Podemos y los golpistas catalanes, que si nadie lo remedia, dirigirá España con tan peligrosos compañeros de viaje. Pero Pedro Sánchez y toda la pléyade de sus voceros solo ven la paja en el ojo ajeno. Las vigas, en cambio, están para sostener las columnatas de La Moncloa, del Palacio de la Generalidad o del Ayuntamiento de Barcelona. Pero, como los monos sabios de Toshogu, los progres y los melifluos centristas ni ven, ni escuchan, ni hablan. Solo berrean.

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