14 de octubre de 2019, 6:23:07
Cultura

MUSEO THYSSEN


Balenciaga, el modisto total en diálogo con Goya, El Greco o Zurbarán

Elena Viñas


El Museo Thyssen vuelve a establecer un diálogo entre moda y pintura en la exposición más importante de su temporada. En esta ocasión, el protagonistas es Cristóbal Balenciaga en diálogo con obras de Velázquez, Goya, El Greco, Zurbarán o Zuloaga. "Hemos creado un epicentro del diálogo entre arte y moda", afirma Eloy Martínez de la Pera, comisario de la muestra, que cuenta entre sus prestadores con el Museo del Prado -13 obras - la Casa de Alba, que ha cedido lienzos que rara vez se exhiben en público.

El proyecto, que en origen era del Museo del Prado, fue "amablemente" cedido por Miguel Falomir cuando asumió la dirección del museo en sustitución de Miguel Zugaza. Así lo ha explicado Guillermo Solana, director artístico del Thyssen, este lunes durante la presentación de la muestra. Pero el montaje no ha sido fácil por la dificultad de dotar del mismo protagonismo a los grandes pintores reunidos con los modelos del diseñador vasco. "Nuestra prioridad era reunir un gran conjunto de pintura española sin que pareciera una decorado o un fondo secundario".

"Balenciaga dominaba todas las fases y aspectos del proceso creativo de un couturier, desde la concepción hasta el último paso de la ejecución"

El resultado es un montaje cronológico que parte de las obras que pudo contemplar Balenciaga durante su estancia siendo niño en la casa de veraneo de los marqueses de Casa Torres en Guetaria; obras de Velázquez, El Greco y Goya que encuentran consonancia en los patronajes, colores y texturas con los diseños creados por el modisto.

Esos ecos y resonancias entre pintura y moda son una constante en el recorrido. Queda patente en la réplica que hace Balenciaga sobre tela de la rica paleta cromática de El Greco o en lo mucho que influyó en su trayectoria el negro predominante de la corte de Felipe II; moda que gozó de gran influencia en la época.

"Sintiendo al Greco empleó rasos de seda tornasolada, satenes y tafetanes. Sintiendo a Goya, elevó a la gloria un encaje artesanal embellecido por una transparencia. Sintiendo a Sánchez Coello o a Pantoja de la Cruz tiñó de negro lanas y terciopelos que elevaron la ausencia de color a la cúspide de la elegancia"

Igual de influyente fue el propio Balenciaga, a quien Martínez de la Pera considera el diseñador "más inspirador" de la moda. Lo mismo opinaban otros grandes de la costura como Coco Chanel o Christian Dior, quienes lo consideraban su maestro. "Balenciaga es el artífice de nuestro guardarropa", opina el comisario, que recuerda que él se debe la silueta única, el corte pavo real o el vestido baby doll.

Pero si algo fue determinante en su trayectoria fue la pintura española. Tanto que ha sido considerada como su principal fuente de inspiración. Sus tejidos con peso, los bordados, la pedrería, los encajes, las lentejuelas o los volúmenes de sus diseños encuentran parangón en obras de tanta transcendencia en la Historia del Arte como los retratos de Santa Catalina y Santa Isabel, de Zurbarán, o el de la Duquesa de Alba vestida de rojo de Zuloaga, pintura con la que se cierra el recorrido como guiño de los organizadores al regreso de Balenciaga al País Vasco tras su larga estancia en París.

Entre los vestidos más destacados de la exposición figuran los trajes de novia de la reina Fabiola de Bélgica y el de Carmen Martínez-Bordiú. En total han sido reunidas 90 piezas de indumentaria procedentes del Museo Balenciaga, el Museo del Traje o el Museo del Disseny de Barcelona, así como de colecciones particulares.

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