22 de julio de 2019, 5:31:59
Los Lunes de El Imparcial

Novela


Karl Ove Knausgård: Fin. Mi lucha 6


Traducción de Asunción Lorenzo y Kirsti Baggethun. Anagrama. Barcelona, 2019. 1.024 páginas. 29, 90 €. Libro electrónico: 9,99 €. El escritor noruego llega a la última entrega de su magno y fascinante proyecto narrativo-autobiográfico, donde recorre su vida y desnuda y disecciona su alma sin la menor piedad. Por Adrián Sanmartín


No es la autoficción un fenómeno nuevo. Existían las denominadas “novelas del yo”, en las que se pueden encuadrar, por ejemplo, “la novela confesional”, “la autobiografía o memorias fingidas”, la “novela autobiográfica” y hasta incluso el Lazarillo de Tormes, con su “yo fingido”. Sin embargo, al término de “autoficción” no se le da carta de naturaleza hasta 1977. Lo hace el escritor, crítico literario y profesor Serge Doubrovsky (París, 1928-2017) con su novela Fils (Hijos). Así lo recalca Manuel Alberca, uno de nuestros principales estudiosos del género, en su ensayo El pacto ambiguo (Biblioteca Nueva, 2007): “Hasta que Doubrovsky no lo formuló, no se había tenido conciencia teórica ni genérica de la especifidad de este tipo de relatos olvidados, rechazados, incomprensibles e inclasificables por su forma contradictoria. Sólo a partir de entonces comienzan a reconocerse e identificarse”.

De esta forma, desde que empezó a reconocerse, han sido numerosos los autores, dentro y fuera de nuestras fronteras, que por esta fórmula literaria han transitado de una u otra manera, pues cada uno, naturalmente, posee elementos personales. La fórmula últimamente, y también lo mismo en España y fuera, está teniendo un gran desarrollo y goza del favor de los lectores. En nuestro país, recordemos, entre las últimas muestras, También esto pasará, de Milena Busquets, o El dolor de los demás, de Miguel Ángel Hernández,

En el ámbito internacional, sin duda, uno de los ejemplos más paradigmáticos y de mayor alcance es el proyecto del noruego Karl Ove Knausgård (Oslo, 1968), titulado en su conjunto Mi lucha, que se compone de 6 volúmenes: La muerte del padre; Un hombre enamorado; La isla de la infancia; Bailando en la oscuridad; Tiene que llover y Fin, todos ellos aparecidos en Anagrama, y que pueden leerse de manera independiente, aunque, como es obvio, su lectura total ofrece la exacta visión de su propósito y magnitud.

Un proyecto monumental -las seis novelas abarcan más de 3.500 páginas-, provocador -empezando por ese título de Mi lucha-, y no ajeno a la controversia. En general, Mi lucha ha obtenido un gran acogida de crítica y de público, aunque ha surgido alguna voz cuestionando la obra y a su autor, a quien acusan de una egolatría convertida en márketing. En cualquier caso, lo que está claro, es que Karl Ove Knausgård y su propuesta no dejan indiferente a nadie, siendo comentada con profusión, y resulta valiente y arriesgado desnudar su alma como lo hace, contándonos su vida desde la infancia con todo lujo de detalles, y con un tono nada complaciente. El autor noruego comenzó la serie en 2009, en un momento complicado de su existencia, inmerso en una crisis vital y literaria, pues, pese a que ya había publicado con éxito dos novelas -su debut narrativo obtuvo el premio de la Crítica noruega-, le atormentaban las dudas sobre su talento, y le embargaba la sensación de que se encontraba en un callejón sin salida. Karl Ove Knausgård decide entonces volver la vista atrás y realizar un ejercicio de introspección sin piedad. Lo primero que aborda, en La muerte del padre, es la infancia y adolescencia, marcadas por un progenitor distante y sumido en el alcoholismo -que le llevó a la tumba-, ante el cual su hijo tenía sentimientos contradictorios. Y, a partir de ahí, en los siguientes volúmenes, con el escalpelo en la mano, disecciona toda su vida: el divorcio de su primera mujer, el encuentro con la segunda -aquejada de una grave enfermedad-, la vida en pareja, qué significa la paternidad, qué es la escritura… Y lo hace en una mezcla de narración y reflexiones -filosóficas, literarias…-, moviéndose siempre en lo políticamente incorrecto.

Ahora bien, en su proyecto, Karl Ove Knausgård no habla solo de sí mismo, aunque él sea su principal sujeto de análisis. También de manera prácticamente inevitable desfilan por sus páginas familiares y amigos. En estos casos, la cuestión que nos asalta es qué pensarán de la osadía de Karl Ove Knausgård al sacar a la luz y poner en el escaparate lo más privado. En Fin, la última entrega de Mi lucha, precisamente da respuesta a esa pregunta en buena parte del libro. Karl Ove Knausgård se retrotrae al comienzo y nos cuenta la preparación del lanzamiento de La muerte del padre. De pronto, le llega un correo electrónico de su tío Gunnar, “Violación verbal”, no solo acusándole de tergiversador y mentiroso, sino con la amenaza de que si no para su publicación tomará medidas legales contra él. El libro, claro está, se publicó y fue el inicio de una polvareda mediática, pero a su autor el correo de su tío le provoca dudas, angustia y culpabilidad. Por otro lado, buena parte de Fin está ocupada por una digresión ensayística en la que trata del nazismo, de Hitler y de Mi lucha -no olvidemos que el título general de la serie, Mi lucha, es igual que el de la obra del dictador nazi-, y por reflexiones sobre literatura, su propia proyecto autobiográfico y sus consecuencias, y en torno a autores como Stefan Zweig, Knut Hamsun - que considera su principal referente-, Hölderlin, Joyce…

Evidentemente, un proyecto tan magno y de estas características, es inevitablemente desigual, y quizá Karl Ove Knausgård peque en ocasiones de contar con una excesiva prolijidad sucesos banales. Pero consigue dotar de un ingrediente épico a esa unión de lo banal y cotidiano con lo decisivo e incluso sublime. Así nos atrapa en su historia como si estuviéramos mirando por el ojo de la cerradura instantes íntimos, lo que produce fascinación. Una fascinación que traspasa lo morboso. A la postre, el sufrimiento que destila Mi lucha -un dolor muy presente en este último volumen-, es un sentimiento que de una forma u otra a todos nos alcanza. Sí, la vida es un valle de lágrimas. Algunos, como Karl Ove Knausgård, lo saben elevar a la categoría de literatura, en muchos momentos a gran literatura.

El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.elimparcial.es