18 de noviembre de 2019, 10:03:54
Deportes

FINAL


Wimbledon. Djokovic se proclama leyenda de la hierba ante Federer

M. Jones

Ganó en una final equilibrada y más tensa y épica que bella (7-6, 1-6, 7-6, 4-6 y 7-6). El suizo perdió los tres tie-breaks de la final y cayó ante el serbio por tercera vez en este escenario.


La final más larga de la historia de Wimbledon. Este acontecimiento es el que se pudo ver en la pista central británica, disputado por Novak Djokovic y Roger Federer. El serbio venció por 7-6 (5), 1-6, 7-6 (4), 4-6 y 13-12 (3), en un esfuerzo que duró cuatro horas y 57 minutos y que le exigió una fortaleza mental y física sobresaliente. No obstante, el número uno de la ATP se vio constreñido a levantar dos bolas de partido antes de batir al helvético en el tercer de los tres tie-breaks que ganó.

Esa fue la senda que desembocó en el quinto entorchado del Grand Slam británico que porta el balcánico en sus vitrinas, una gesta que le coloca a la altura de un nombre legendario como Bjorn Borg y que le lleva a superar a Rod Laver. Todo ello para confirmarse como el mejor tenista del momento en todo el planeta. Este éxtasis londinense viene a sumarse al triunfo en el Abierto de Australia que arrancó en el pasado mes de enero. Sin duda, este vuelve a ser el año de 'Nole'.

Jugaría con la grada en contra, claramente posicionada en favor del veterano suizo. Y también necesitó derribar a sus propios fantasmas, ya que se desplomaría en un segundo set en el que perdió por 6-1, en menos de 25 minutos. No luciría su tenis más estético ni preciosista, pero al galope de la táctica y de una regularidad industrial en el golpeo y en las defensas acabaría por cantar victoria en la edición 133 de Wimbledon. En la final que puede tutear al llamado 'partido del siglo' (la lucha por el trofeo que detonaron Rafael Nadal y Federer en 2008, durante cuatro horas y 48 minutos).

Estrenaría la guerra que mezcló nervios, calidad, sudor, estrategia, lucha de tempos y personalidades rocosas el formato del desempate cuando en el quinto set se llegase al 12-12. Con los dos contendientes activando sus versiones más consistentes -a pesar de ellos no pudieron evitar errores cuando la tensión tocó techo- y los 15.000 espectadores congregados paladeando una cita histórica, Djokovic volvió a ser mejor en el tie-break definitivo. Poniendo de rodillas a un Federer sorprendentemente fresco desde el punto de vista anatómico.

A sus 37 años, el nacido en Basilea se tragó con elegancia la tozudez de la derrota ante un gigante que le obligó a ganar los puntos varias veces -durante casi cinco horas- y bromeó en la ceremonia de la entrega de trofeos. Le fue mencionada la duración del evento como algo inolvidable y con ironía humorística respondió "yo intentaré olvidarlo". "Ha sido un gran partido, y largo, lo di todo. Tuve muchas oportunidades, pero estoy feliz con mi actuación. Feliciades, Novak, ha sido una locura. Espero poder darle fe a otra gente y que sepan que a los 37 no todo está acabado", manifestó, frente a una tribuna que le ovacionó.

Djokovic, en su caso, cosecharía el decimosexto Grand Slam de su trayectoria deportiva, quedando a sólo dos de los ganados por Nadal. Prolongando una inercia faraónica en la que ha ganado cuatro de los últimos cinco torneos grandes en los que ha participado -venció en Wimbledon 2018 ante el surafricano Kevin Anderson, en el US Open 2018 frente al argentino Juan Martín del Potro y en el Abierto de Australia de 2019, derrotando a Nadal-. Sólo se le ha escapado Roland Garros.

De vuelta a Londres, este domingo autografió la tercera final de Wimbledon que le arrebata a Federer (2014, 2015 y 2019). Lo hizo a pesar de los 25 'aces' que descerrajó el suizo, legitimando una superioridad en los enfrentamientos directos con el centroeuropeo que obliga a remontarse a 2015 para encontrar su última derrota ante Roger. 'Nole' no desplegó su técnica más depurada en el golpeo, pero viajó con solidez por las curvas que planteaba el ritmo acelerado pretendido por el verdugo de Nadal en las semifinales.

Y llegó al momento trascendental del envite con una mentalización imponente. El icono helvético le rompió el saque y puso el 8-7 en el quinto y definitivo set. Incluso dispuso de dos pelotas de partido y campeonato el suizo. Sin embargo, emergió el modo incapaz de cometer errores del serbio para escapar de la tesitura con una derecha cruzada de ensueño. No se achicó ante la presión de un rival que subía a la red para zanjar su hipotético noveno título británico. Y desde ahí se conduciría el devenir comprimido al desempate postrero, en el que, como en los dos tie-breaks anteriores, su concentración rebosó a la de Federer.

El helvético asombraría al personal salpicando su juego con dejadas sublimes, voleas maravillosas y golpes de revés sin par. Mas no reprodujo la efectividad que apeó a Nadal y lo pagaría, cometiendo una montonera de errores no forzados (62). Djokovic, más comedido, se iría a 52 errores no forzados, reivindicando la validez del plan de juego desde el fondo de la pista. Leyendas como Manuel Santana, el sueco Stefan Edberg, el checo Jan Kodes, los australianos Rod Laver y John Newcombe y el estadounidense Stan Smith, y los duques de Cambridge, William y Kate Middleton le vieron exultar de manera merecida. Dejando tras de sí otra página dorada de tenis.

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