18 de agosto de 2019, 12:56:33
Cultura

CRÍTICA CULTURAL


Mucho ruido y pocas nueces o Shakespeare más Paloma Mejía

Germán Ubillos


Cuando el viernes por la tarde me dirigía en un taxi junto con mi amigo Jaime hacia el Teatro Victoria para asistir al estreno de la versión y adaptación de “Mucho ruido y pocas nueces”, la archifamosa comedia de Shakespeare, hecha por la compañía de Teatro y Danza de Paloma Mejía, una rara melancolía invadió por unos momentos mi mente.

Recordé a Graciela Capara y las conferencias que me invitó a dar, primero en una pequeña sala y después en el propio teatro. Recordé también a mi amigo el director y actor Ángel Borge, contratando con Graciela el teatro para el estreno de mi obra “Evelinne y John” de reciente escritura. Recordé también como, a través de diversos contactos y negociaciones, escuché por vez primera el termino: “No, eso es de Paloma”…

Paloma era un nombre que se repetía de alguien que aún yo no había llegado a conocer. Como a través de un bosque animado, animado de gnomos, enanitos, animales misteriosos, genios y objetos dotados de vida; vamos de un bosque de densa espesura como aquellos que describiera Tolkien, se fuera abriendo la maleza y un buen día allá, más allá de la espesura, distinguí la figura de Paloma Mejía, una mujer joven, vivaz, de voz levemente grave, de enorme simpatía y gran poder de seducción.

Una persona joven, muy joven para mí, preocupada por todo y por todos, inmersa de lleno en el mundo del teatro como jamás había visto.

Confieso que venía rodeada de un aura de misterio inquietante para mí. También me hablaron de Rodero, el empresario del “Centro Cultural Victoria”, pues yo así lo llamaría.

Según se acercaba el taxi fui recordando los primeros contactos, los cambios de pareceres, las dos gentiles visitas que hizo la propia Paloma a mi pequeña y luminosa casa, comprada de soltero con el único objeto de escribir.

También visualicé la ayuda impagable que me prestaran dos seres de corazón de oro, como fueron Juan Carlos Rodero y Gaciela Capara para acceder a Paloma. Mis visitas a su casa, de la mano de Lola su actriz y amiga predilecta. La casa de los gatos, de los diez o doce gatos y dos perros (puede que me equivoque), más fieles que los seres humanos.

Y fue así, lenta, muy lentamente con la ayuda de magos y lazarillos, como nos fuimos conociendo dos personas tan complejas, creativas y especiales como Paloma Mejía y un servidor de ustedes.

Y pasemos ahora al estreno de “Mucho ruido y pocas nueces”, la cita William Shakespeare – Paloma Mejía.

Breves minutos antes de la representación un actor vestido a la época de la obra iba sentando a los espectadores mientras bromeaba y daba ánimos. El “living” en su más pura esencia.

…Y entre el rumor expectante de un público que abarrotaba la sala comenzó la función.

Cupido, un bailarín inefable provisto de angélicas alas blancas, del arco, el carcaj y la flecha mortífera del amor inaplazable, volaba sobre los personajes humanos que iban apareciendo creados por la mano del maestro de Stratford on Avón.

Con una expresión corporal que raya el heroísmo en muchas ocasiones; con voces levemente impostadas para darles más fuerza; con un movimiento escénico constante y un ritmo intenso y uniforme del principio al final, alternando con música y una muy breve danza, Paloma ha hecho de Shakespeare, lo mismo que hizo antes con Víctor Hugo, o con García Lorca o con Calderón de la Barca o Pedro Muñoz Seca: transformar y enriquecer textos maravillosos en espectáculos increíbles que vienen desde toda España hombres, mujeres y niños a contemplar y a deleitarse.

Pues no olvidemos nunca que el teatro es un espectáculo, no es un texto, ni un bello decorado, ni una banda sonora, ni un simple argumento y unas actrices, es todo eso junto o no es nada, y es fruto además de una pasión que te devora o tampoco es nada.

Al final muchos aplausos y bravos de un púbico convencido, enardecido y satisfecho por esta joven mujer, a la que he tenido la fortuna de conocer casi al final de mi vida.

Recomiendo vivamente a toda persona que pase por Madrid o viva en esta Villa Corte, que no se pierdan este hermoso espectáculo, pues además de pasarlo muy bien van a salir con el alma enriquecida.

El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.elimparcial.es