4 de junio de 2020, 3:40:49
Opinión

DESDE ULTRAMAR


Gesticulaciones y aspavientos hispano-americanos

Marcos Marín Amezcua


Las últimas semanas han sido densas, tensas e intensas en España, Bolivia y otros países iberoamericanos. Por razones diversas, empero que mueven a la reflexión para efectuar una lectura acorde y más precisa, evadiendo así superficialidades, generalizaciones vanas y simplistas con equívocos innecesarios, que solo enturbian el análisis más favorable. Los desenlaces presenciados son ampliamente inauditos.

En efecto, son desenlaces arrebatados, como las elecciones españolas o el golpe de Estado sui generis en Bolivia –que sí lo es por la insubordinación de las fuerzas armadas chasqueándole al presidente– y dejan tonto el rumor extraño de golpe de Estado en México, de días previos al zafarrancho boliviano. Al final queda mucha alharaca, demasiado visaje y poca sustancia.

Para el caso español, esa permanente campaña de los últimos ¿4? años es atroz, desgastante. Supone poner cada vez más en la mesa dos modelos de país, con un telón de fondo nada loable: una crisis económica y el penoso y bochornoso separatismo catalán. Lo que resulta insólito no es ya haber hecho tres elecciones, sino crispar el discurso, irse a los extremos del espectro político y que si en esta última, mientras se encaramaba la ultraderecha de Vox, –que ha dado más tintes de intolerancia sin aún tener el poder que otorgan las urnas, cosa que debería de ser alarmante– en tanto se produjo la caída en la votación a Podemos, mas lo condujo a ser el partido que permita pactar la investidura a Pedro Sánchez. Lo que costará el maridaje. Ni en sueños la vio tan cerquita Pablo Iglesias, tan maltrecho.

A Sánchez y a Iglesias cabe la anécdota del lugarteniente que acercose a Napoleón, diciéndole: “mon general, ganamos la batalla…” respondiendo ufano, aquel: “otra así y perderemos la guerra”. Dudo que lo entienda ese par. La incursión de partidos regionales habla del aburrimiento de verse ajenos al debate nacional, pues los grandes no les resuelven nada en concreto.

¿Es que era mejor ya desinflado, pactar con Podemos? ¿Podemos ha perdido en verdad la fuerza de su discurso? ¿es que de verdad Podemos, sea cuál sea el nombre con el que se presente a las elecciones, ha aburrido a todos? Después de todo no se observan grandes avances con su existencia. Y mire usted por dónde, ahora va en cogobierno y cuando menos votos obtuvo. Las recientes elecciones españolas advierten que los socialistas no han convencido del todo y plantean la pregunta de qué tan eficiente será Vox en adelante y si no es un espejismo similar para desinflarse tarde que temprano. Y que lo sepan los llamados progresistas: su discurso no es de imperecederos efectos. Más vale que el ciudadano de a pie vea resultados positivos prontito, derivados de su gestión y su gobierno.

Lo que se esperaría del debate y el análisis electoral y político español es no incurrir en posturas facilonas como decir que España se argentinizará o se venezuelizará y cosas así. Eso solo demuestra reflexiones triviales y el desconocimiento de otras realidades, con las que evade describirse a sí misma. ¿Faltará conocerse mejor? Quizás sí. Tendrá cada cual su propia dinámica, como cada país la posee, de forma tal que los comparativos y adjetivizaciones frívolas son imprecisos. Ergo, lo procedente es describirse de forma puntual, centrarse en su propio plano y escoger mejor los adjetivos para autodenominarse.

De Bolivia lo adelantaba semanas atrás: Evo Morales perdió la oportunidad de abandonar el cargo a tiempo y de no engolosinarse con el poder. No pudo ser. Hubiera sido más inteligente dejando pasar a otro y regresando triunfal como Cristina Fernández en Argentina, así sea de un supuesto bajo perfil como vicepresidente. Y que no se dejara quitar el mando de una manera tan pasmosa. Tenía asamblea y apoyos y se hizo a un lado. Al primer chasquido majadero de militares. Se asiló en México, acogido por un gobierno de izquierda apelando a una larga tradición de refugio, mientras encara a la OEA que otros cobardes, no. México gana nada, pero evidencia sus arrojos para no doblegarse como otros.

Ello sin importar el deslenguado embajador yanqui en la OEA, el señor Trujillo, que llama hipócritas a los países del hemisferio americano que dicen ser demócratas mientras protegen a impresentables, pues sabe que la hipocresía corresponde más a su país, instigador de golpes de Estado y lo sabemos bien, en tanto cacarea defender la democracia. El mismo que con doble moral le dice a México que es hora de combatir juntos los carteles de la droga, cuando no puede con sus drogadictos ni con sus propios carteles y es la causa de este mal. No hallando cómo meterse en México, además tiene total descontrol de la venta de armas que con ellas mismas, se mata a sus ciudadanos en el vecino del sur.

Derribador de gobiernos, el embajador yanqui en la OEA debería de callar. No nos vamos a contar historias a estas alturas del partido, pues es bien conocido en el vecindario, cual gamberro, como si no supiéramos de qué va y en lo boliviano va metido. Hace 50 años el presidente mexicano Díaz Ordaz ya sostuvo un ríspido diálogo con el embajador yanqui: “si nosotros somos el trampolín de la droga, ustedes son la piscina”. Moraleja, digo yo: la corrupción también habla inglés.

¿Litio en Bolivia? ¿absurdo es decir que Estados Unidos puede estar interesado en ello y le estorbaba Evo Morales? La experiencia de Iraq y la vergüenza de quienes secundaron esa invasión apropiándose los yanquis del petróleo de tal país, es buen precedente para no desestimar acciones. Sí es posible ese móvil.

Pero hay también otra premisa que no soslayemos: el subcontinente latinoamericano se debate entre los caminos a seguir: entre un neoliberalismo de capitalismo rampante, voraz y descarnado o en matizar acciones con gobiernos de izquierda que al paliar defectos estructurales negativos, incurren en prácticas diversas y no solo populistas, que afectan intereses conservadores y oligárquicos. Acciones que sería de un simplismo reducirlas a comunistas. Tamaña gilipollez, hacerlo. Ello supone un debate servido. Uno donde las tarrascadas y los empellones entre posturas antagónicas abundan de manera creciente y falaz.

Porque si en Bolivia cae Evo y en Brasil se encumbra la ultraderecha, quedándose con las ganas Vox en España; en Argentina se la derrota para regresar una izquierda que ha de corregir lo mucho que torció Macri. Mas ¿aprendió? De Chile no se diga que la derecha es mejor y resuelve lo que hizo la izquierda, pues Piñera ya había gobernado también y finalmente le estalló el país en las manos. Y conste que Piñera se vendía como un jefe de Estado responsable y ordenado. Pues ya se ve que no lo era. Su mala conducción de una crisis no la paliará con una nueva constitución. Otra vez esa manía iberoamericana de creerlo.

En ese marco, América Latina se debate entre dos modelos y está subiendo el tomo de las hostilidades entre ambos y en medio quedan los pueblos de la región aguardando a ver qué bando se impone y de qué manera. Tiempos revueltos que prometen más desestabilización y debates profundos. La región está dividida y no se ve una reconciliación pronta. Eso de dividida ya se sabe, es lo normal, después de todo y para su desgracia.

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