27 de septiembre de 2021, 12:47:04
Opinión

Y DIGO YO


Impuestos, sectarismo, ERES y el doble rasero

Javier Cámara


La política española sigue revuelta. ¿Pensaba alguien que con las elecciones del 10N, a pesar de saber que había que negociar un gobierno, las aguas se iban a tranquilizar? Una contundente sentencia condenatoria por corrupción con los ERES contra el PSOE, noticias que adelantan un miedo económico y fiscal al posible gobierno de coalición y un sectarismo palmario con la educación concertada no hacen pensar en nada tranquilo a día de hoy.

Antiguos ministros del PSOE y expresidentes de la Junta de Andalucía condenados por el mayor caso de corrupción política de la historia de España en una sentencia que es la primera de varias; peticiones desde la oposición de dimisión o, en el mejor de los casos, de explicaciones y asunción de responsabilidades; más peticiones, pero desde “bandos amigos”, para que se devuelva el dinero robado; y muchas preguntas.

Y digo yo: ¿Por qué Pablo Iglesias, hipotético socio de gobierno de Pedro Sánchez, no ha criticado al PSOE por ser un partido corrupto? Si, como asegura el líder de Podemos, todos los que pactan con Vox son de extrema derecha, ¿hay que entender que todos los que pactan con un partido corrupto lo son también? Si Rajoy, como presidente, era responsable de lo que hicieron miembros de su partido, ¿por qué Sánchez, como presidente del suyo, no lo es? Y si mañana no se logra llevar a efecto la coalición PSOE-Podemos porque no consiguen sumar más afectos, ¿cuánto tiempo creen ustedes que Iglesias tardará en volver a llamar a Sánchez corrupto?

En fin, el eterno ‘doble rasero’ del que solo ve la paja en el ojo ajeno.

Siempre se dice que lo que te dan por un lado te lo quitan por otro y al revés. Todavía no hay Gobierno, pero Sánchez y sus adláteres ya nos están dando unas claras indicaciones de por dónde nos pueden venir los tiros con un Ejecutivo formado por los socialistas con los populistas y la ayuda inestimable de sediciosos y terroristas.

Muchos “istas” que amenazan con restar muchas libertades, pero que también prometen sumar muchos impuestos. ¿De dónde se piensan ustedes que van a sacar los 80.000 millones de euros que dicen que necesitan para hacer política, de una gestión rigurosa y eficiente? Ténganlo claro, no. El dinero para hacer las políticas del dispendio que ayudarán “a otros” saldrá de “su” bolsillo.

Aclaración: digo y me refiero a “su” bolsillo, el de usted que está leyendo estas líneas. En ningún caso el “su” de ellos.

Por otra parte, otra de las características que define a los Gobiernos populistas es la fuerte carga ideológica que insuflan en todo lo que hacen. Cuando se habla de reformar la Constitución, por lo general, todos pensamos en temas de Estado de calado. Siempre se mete en este debate, según gustos, el sistema electoral, cuestiones autonómicas, monárquicas y la Educación. No la pongo en última posición porque no sea importante. Todo lo contrario, la Educación es lo más importante y, precisamente por eso, no se puede “jugar” con algo vital como es la formación en todos los campos de la vida, en su conocimiento y sus valores, de nuestros hijos.

La ministra del ramo, Isabel Celaá, que además es portavoz del Gobierno que preside aún en funciones Pedro Sánchez, puede explicar, recular, matizar, aclarar o hacer pedagogía de la forma que quiera la opinión lanzada en un congreso de escuelas católicas, pero decir de forma clara y directa, sin paños calientes, ante ese auditorio, que “de ninguna manera se puede decir que el derecho de los padres a escoger una enseñanza religiosa o elegir centro educativo podrían ser parte de la libertad de enseñanza” es una clarísima declaración de intenciones libremente expresada.

A mi, esto me asusta. Me pueden llamar exagerado (me pueden llamar lo que quieran), pero así empezaron en las escuelas catalanas, adoctrinando el libre pensamiento de los estudiantes, y así estamos. Se empieza marcando una hoja de ruta, eliminando la figura de los padres, de la familia, de la educación de sus hijos y lo demás es cuestión de tiempo. No creo que haga falta explicar mucho más.

¿Esto es lo que hemos votado? Obviamente, no. Obviamente, cada uno ha votado lo que en conciencia considera que es mejor para uno mismo y para el país (coloquen la prioridad en el orden que prefieran). Pero si solo con el anuncio de un preacuerdo entre PSOE y Podemos se espantan inversiones millonarias en España y empresas importantes se plantean ya irse a Portugal, es que, quizá, hay quiénes no se fían de lo que puedan hacer algunos en el “poder”.

No desprecien a los que quieren invertir y a las empresas, no se fíen de las palabras bonitas y bien escogidas de ciertos oradores. Esos a los que Pablo Iglesias y Pedro Sánchez desprecian y quieren subirles los impuestos por “justicia fiscal” (claro, quién puede estar en contra de la justicia) son los que pueden generar empleo, dar trabajo, hacer que usted viva mejor. El Gobierno no hará eso nunca. Salvo que queramos un país de funcionarios... ¿A que no se lo imaginan?

El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2021   |  www.elimparcial.es