6 de diciembre de 2019, 12:36:33
Los Lunes de El Imparcial

Novela


Rachel Kushner: La sala Marte


Traducción de Rubén Martín Giráldez. Alfaguara. Barcelona, 2019. 400 páginas. 20,90 €. Libro electrónico: 12,99 €.

Por Soledad Garaizábal


Tenía razón Paul Éluard cuando dijo que hay otros mundos pero están en este. Uno de ellos es el de la cárcel. Tiene sus códigos, sus propias reglas, sus siempre controlados y opresivos espacios. Cuando con veintinueve años te condenan a dos cadenas perpetuas consecutivas la dimensión temporal pierde su sentido. Hay gente que vive ahí, en la prisión para mujeres de Stanville, o en miles de cárceles distribuidas por todo el mundo, de espaldas a la sociedad aunque formen parte de ella.

Parece que solo quienes han pasado por esa experiencia de vivir años de reclusión en una cárcel del Estado, quien ha oído su propia sentencia condenatoria va a poder escribir sobre ello. La editorial Alfaguara publica La sala Marte, de la escritora norteamericana Rachel Kushner (Oregón, 1968) para demostrarnos que no. Que también desde el talento se puede lograr. Que es posible describir los bajos fondos sin haber estado metida en ellos. La sala Marte es la tercera novela de una mujer que ha tenido por fuerza que escribir, leer y ver mucho mundo para alcanzar el nivel de maestría al que llega. Ha tenido que tener una ventana directa a la miseria, a la página de sucesos, a resoluciones judiciales, a los corrillos donde se trafica con la mala suerte.

Habrá tenido que documentarse a fondo, hablar con reclusas, asomarse a los antros, visitar cárceles y frecuentar malos vecindarios para lograr escribir una novela carcelaria no autobiográfica 400 páginas en la que no hay ni in solo hecho que chirríe, en la que todo parece tan auténtico como inimaginable desde este lado de la sociedad, tan cierto como la mala vida misma.

Borda la novela carcelaria con un torrente imparable de tristes historias, personas al límite y ambientes hostiles. Cada presa tiene una vida, aporta datos, recuerdos, nombres íntimamente relacionados a su destino, trucos de supervivencia. No se limita a eso. Hay además una inmediata conexión con asuntos tan profundos y complejos como la libertad, la culpa, el castigo y la justicia. Desde la cárcel casi todo es mirar atrás, buscar justificación, atenuantes, responsabilidades, cumplir castigo.

La historia de la pobre niña Leslie Hall, hoy reclusa W314159, es opuesta a la de la autora de la obra. “Vosotras no habríais ido. Lo entiendo. No habríais subido a su cuarto. No le habríais pedido ayuda. No habríais deambulando perdida a medianoche con once años. Habríais estado a salvo, secas y dormidas, en casa, con unos padres que se preocupaban por vosotras y fijaban normas, toques de queda, expectativas. Todo habría sido distinto para vosotras. Pero si hubieseis sido yo habríais hecho lo que hice”

El subgénero de novela carcelaria suele estar escrita desde la experiencia, pero Kushner no se prostituía en la Sala Marte, ella aprobaba exámenes en la Universidad de Berkeley, no se hundía cada vez más en sórdidos ambientes, ella obtenía en el año 2000 su Máster en Escritura Creativa por la Universidad de Columbia de Nueva York.

Rachel Kushner recibía la beca Guggenheim y publicaba con gran éxito su primera novela. Romy Leslie Hall intentaba aguantar a flote un día más en un entorno hostil. Kushner confirma su lugar como una de las grandes novelistas estadounidenses del siglo XXI, Hall se percata de que su vida se había ido definitivamente al garete. Kushner triunfa y se lo merece. Hall fracasa, ¿se lo merece también?

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