6 de diciembre de 2019, 12:39:00
Los Lunes de El Imparcial

Ensayo


Lev Tolstói: El camino de la vida


Edición y traducción de Selma Ancira. Acantilado. Barcelona, 2019. 616 páginas. 42 €. Se publica por vez primera en español esta obra póstuma del autor de Guerra y paz. Una auténtica joya que, a modo de breviario inspirado en máximas de autores de todos los tiempos y lugares, nos acerca al pensamiento espiritual y moral del gran escritor ruso. Por Adrián Sanmartín


Perteneciente a la antigua nobleza rusa, clase de la que reniega cuestionando su modo de vida, el conde Lev Tolstói (1828-1910) es uno de los escritores imprescindibles de las letras mundiales. Así lo certifican, entre otros títulos, las monumentales novelas Resurrección, Guerra y paz y Anna Karerina, cumbres de la literatura realista. Pero Tolstói no solo descolló de manera suprema en la narrativa, sino que es autor de varias obras en otros géneros de capital importancia y enorme influencia, que dan cuenta de sus ideas y cosmovisión. En este ámbito, Acantilado, además de publicar algunas de sus novelas y libros de relatos –fue un espléndido cuentista, como se puede apreciar en los recogidos en Después del baile-, ha puesto al alcance de los lectores españoles, en magníficas traducciones, Confesión, Correspondencia, Diarios y ahora nos sirve una auténtica joya, inédita hasta el momento en español: El camino de la vida, en rigurosa edición de Selma Ancira, traductora habitual del gran escritor ruso.

El camino de la vida apareció originariamente en ruso póstumamente, en 1911, después de que su autor falleciera de una neumonía un año antes en la estación de tren de Astápovo. Estamos ante un libro singular que, de alguna forma, podríamos considerar su testamento, aunque la idea que lo guía surgiera pronto en la mente de Tolstói como bien explica en una nota su traductora: «En marzo de 1884, en el diario del célebre autor de La felicidad conyugal, aparece la siguiente anotación: “Atribuyo mi buen estado moral también a a la lectura de Confucio y sobre todo de Lao-tse. Debo organizarme un círculo de lectura: Epicteto, Marco Aurelio, Lao-tse, Buda, Pascal, el Evangelio. Eso sería necesario para todo el mundo”».

El propio Tolstói resume en el prólogo su contenido: “Los pensamientos aquí reunidos pertenecen a los más diversos autores, comenzando por la escritura brahmi, la confucionista y la budista, y llegando hasta los Evangelios, las epístolas y a muchos muchos pensadores tanto antiguos como modernos. La mayoría de estos pensamientos, tanto en su traducción como en su reconstrucción, han sufrido una modificación tan grande que me resulta incómodo calzarlos con la firma de sus autores. Los mejores de estos pensamientos anónimos no son míos, sino de los sabios más grandes del mundo”. Así, en efecto, salvo en algunos casos, las reflexiones y máximas van sin consignar su autor, pues, ciertamente, lo que Tolstói lleva a cabo es su propio y personal breviario para conseguir un perfeccionamiento interior y «una vida de bien» y trabajar por la paz en los corazones de las personas y en los países.

Esa vida que Tolstói se esforzó en lograr, tras una juventud disoluta entregada al placer y a numerosas lacras, como el juego compulsivo -algo que compartió con su compatriota Fiodor Dostoyevski-, llegando a perder la casa donde nació por deudas acumuladas. Luego, después de varias crisis, se iría convirtiendo prácticamente en un asceta -abandona el alcohol, el tabaco, el juego, se hace vegetariano, abomina de la guerra... -, vive como un campesino, funda una escuela para niños pobres, y será conocido como el “apóstol” de Yásnaia Poliana (la finca rural donde descansan sus restos mortales).

El camino de la vida se abre con un prolegómeno en el que Tolstói resume las enseñanzas que quiere transmitir en el libro. El libro se compone de treinta y un capítulos que recogen las máximas en torno a los títulos de cada capítulo: La fe, El alma, Una sola alma para todos, Dios, El amor, Pecados, tentaciones y supersticiones, Los excesos, La lujuria, La holgazanería, La avaricia, La ira, La soberbia, La desigualdad, La violencia, El castigo, La vanidad, La superstición del estado, Las falsas creencias, La falsa ciencia, El esfuerzo, La vida está en el presente, El no-hacer, La palabra, El pensamiento, La abnegación, La humildad, La veracidad, Los males, La muerte, Después de la muerte y La vida es un bien.

La propuesta de Lev Tolstói es que se leyera un capítulo por día prolongándose su lectura a lo largo de un mes. Se lea como se lea, este compendio de su pensamiento espiritual y moral encierra verdades quizá hoy más necesarias que nunca en un mundo convulso y ansioso y donde no es la felicidad precisamente lo que prima. Puede que sobre todo porque la busquemos en el sitio equivocado: “Si vas a considerar un bien aquello que no está en tu poder, siempre serás infeliz. Entiende que la felicidad no es nada más que lo que está en tu poder, y nunca nadie podrá quitártela”.

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