30 de mayo de 2020, 20:53:04
Opinión

TRIBUNA


Coronel Luis Manías Dacosta

Martín-Miguel Rubio Esteban


El 6 de Diciembre, día de nuestra Constitución, moría a los 67 años el coronel Luis Manías Dacosta, verdadera tragedia no sólo para su mujer Margarita, hija del genial pintor Ricardo Segundo, y sus hijos, sino también para todos sus muchos amigos que admirábamos en él su inmenso amor a España, cultura, inteligencia, valor, reciedumbre, rectitud basáltica y austeridad espartana. Todo un soldado con ocho medallas al mérito militar con distintivo blanco y dos menciones, al que acompañamos, presididos por el General Coloma, a la tumba en el cementerio de Alcañices cantando el Himno de la Legión, recordando que sirvió como capitán en el IV Tercio de la Legión “Alejandro Farnesio”, de Ronda. Todo soldado – también nuestro querido e inolvidable amigo el coronel Manías Dacosta- cuando habla en público hace suya la máxima de César: “Tamquam scopulum ita fugias inauditum atque insolens verbum”, esto es, “como de un escollo debes huir de la palabra infrecuente y obsoleta”. Y sencillo, elegante y profundo era el discurso de quien dirigiera con acierto como casco azul las tropas españolas en Móstar, como Jefe de la Agrupación Táctica Española (SPAGT XX), durante las atroces guerras intestinas de la desaparecida Yugoslavia. Y hoy, como el más humilde de sus amigos, quiero escribir en bronce su nombre. Que Móstar llamase a su plaza mayor “Plaza España” tuvo sin duda que ver con el comportamiento ejemplar de nuestros soldados, entre los que estaba su Jefe, el coronel Manías Dacosta.

Julio César, a lo largo de las páginas de sus Commentarii, escritas con la sencillez sublime de una sintaxis artística, devenida de las técnicas retóricas aprendidas de su maestro Molón de Rodas, señala el nombre de casi sesenta militares, muchos de ellos centuriones y soldados, cuyo comportamiento valeroso y profesionalidad, animi magnitudine et rei militaris scientia, fueron decisivos en sus múltiples batallas victoriosas. Sus nombres han quedado inmortalizados en la Historia gracias a la generosidad sincera y justa de su comandante Julio César, consciente de que su gloria y la gloria de Roma se construyeron con estos soldados memorables. César se esforzó de que ningún nombre de soldado verdaderamente valiente y patriota pudiera quedar en el olvido, en el silencio deletéreo. Los nombres propios se convirtieron en una especie de figura literaria en el Mundo Clásico, ya desde los tiempos de la Comedia Antigua de Aristófanes. “Onomastí komodeîn”. De Carsuleno, P. Sextio Báculo, Pisón, Q. Atrio, Q. Laberio Duro, T. Balvencio, Q. Lucanio, T. Pulón, L. Voreno, Vocacio Tulo, C. Minucio Basilo, Publio Considio, C. Valerio Procilo, Q. Pedio, L. Aurunculeyo Cotta, Servio Galba, C. Voluseno, P. Craso, Q. Titurio Sabino, C. Arpineyo, Q. Junio, de origen español, Quinto Tulio Cicerón, oficial muy valiente a pesar de su salud delicada, C. Fabio, M. Silano, C. Antistio Regino, T. Sextio, Décimo Bruto, Nasidio, C. Trebonio, Labieno, Curión, Fulvio Póstumo, Antonio, P. Sila, Cn. Domicio, Casio Longino, L. Ticio, Marcelo, Q. Torio, M. Lépido, Domicio Calvino, Sexto César, amicus et necessarius, Duracio, L. Léntulo, y de algunos más quisó César que la patria jamás los olvidase, y a ello prestó su cálamo divino.

Nombres todos de hombres valientes, ellos son los ladrillos “sigillati” que levantaron la grandeza de Roma. Y el gran general nombra a todos sus soldados valientes desde una cariñosa perspectiva apologética.

Imitando la famosa frase de Clausewitz, la dedicación a las letras fue para César “la continuación de la política y de la milicia por otros medios”. De ahí que haya habido entre los más egregios militares tan grandes escritores, fundamentalmente historiadores. Y el purismo lingüístico de César ha sido el dechado o la plantilla común sobre la que han escrito todos los grandes escritores militares. Lo mismo que su elocuencia ática es el insoslayable modelo de todo gran discurso militar. Efectivamente toda su obra está adornada en el severo y poco adornado estilo ático que nuestro Quintiliano llamó “conciso, sencillo y brillante” ( pressus, tenuis, lucidus ).

Nuestro coronel Luis Manías Dacosta amaba apasionadamente la Historia, y la Historia de España la conocía con la profundidad del investigador profesional, habiendo sido él mismo profesor de Geografía e Historia en la Academia Especial Militar de Madrid. Sus misiones militares en el extranjero – Yugoslavia y, sobre todo, el Medio Oriente – él las narraba enmarcándolas en el avatar nacional de aquellas regiones. Sé, porque él me lo dijo, que había hecho numerosos apuntes de sus impresiones en las distintas misiones, y sería muy interesante que ahora sus hijos, Luis, Ricardo y Enrique, que sigue el noble oficio de su padre, los reuniesen con vistas a una publicación. Allí podríamos leer una prosa cesariana desnuda de todos los afeites. El propio Luis me contó un día una anécdota sabrosa. El Mariscal Moltke visitaba una mañana de primavera en su coche de caballos el frente en la contienda contra Francia, y su cochero, un romántico rezagado, le preguntó si no le parecía tocado de una espléndida belleza el paisaje que cruzaban, contestando Moltke: “El soldado sólo puede ver los accidentes naturales esenciales para idear su estrategia”.

Nuestro amigo Luis Manías Dacosta participó también en la primera misión internacional del Ejército Español, en 1991, cuando participó en la Operación A/K ALFA-KILO en Zakho ( Kurdistán iraquí ), con la Agrupación Táctica Alcalá. En 1997 como Tte. Coronel ejerce el mando del Grupo Logístico Paracaidista hasta su ascenso a coronel en 2002. Este mismo año es nombrado 2º Jefe de la BRIPAC a las órdenes del vigoroso y fuerte General Sierra. En 2005 es nombrado Delegado de Defensa de Castilla-León, pasando a ser destinado en la plaza de Valladolid. En 2011 se le concede el Premio a la Excelencia en la Gestión Pública. Magnífico paracaidista y buen conocedor de la guerra con carros de combate, sin duda alguna si hoy existiese un Julio César en España, le mencionaría en sus Commentarii o Hypomnémata con el nombre completo. Como los soldados del Mundo Antiguo se retiró a su adorada villa de Alcañices, a cuidar su espléndido huerto y su jardín, pero la Parca voraz le ha arrebatado el merecido descanso del guerrero en sus mismos inicios. Los cimientos de la patria se hacen siempre con los huesos de hombres como este coronel amigo. D.E.P. nuestro amigo Luis Manías Dacosta.

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