23 de septiembre de 2021, 14:02:33
Opinión

DESDE ULTRAMAR


Australia calcinada, el Golfo Pérsico…en llamas

Marcos Marín Amezcua


Pero ambas calentitas y el mundo con ello, porque no cabe la menor duda de que 2020 ha entrado con todo. No sé si ha sido que la ciencia lo advertía: por el perihelio, el fin de semana anterior el planeta alcanzó su máxima velocidad orbital, acelerando así 3420 kilómetros p/h sobre el promedio. Pues tal parece que con ese fenómeno los acontecimientos se precipitaron, cortándonos el aliento.

Ninguno de ambos sucesos –los terribles incendios en Australia y la crisis a tres bandas entre Estados Unidos, Irán e Iraq– eran ni nuevos ni de fácil solución, pero alcanzaron un clímax cual vorágine, convirtiéndolos ya en verdaderas quimeras de dificilísimo arreglo. Cada cual tiene su aquel y nos obliga a mirarlos con suma atención que ralla en preocupación extrema.

Australia lleva meses bajo el fuego. ¿Cómo ha sido que se desbocó el asunto? ¿cómo un país de primer mundo pintado como idílico e invitante a irse a vivir allí, pasó a ser semejante infierno, siniestrado de esta manera?¿Cómo una nación desarrollada llegó a esto, devorando el fuego a dentelladas a la isla continente, vuelta una inmensa hoguera? De repente nos muestra una calamitosa incapacidad de respuesta, de previsión, hasta en el descuido de su propia defensa, que también abarca a los cuerpos de seguridad para contingencias. Esa Terra Australis Incognita de siglos atrás hoy más que nunca nos es una incógnita superlativa. Lo que la Segunda Guerra Mundial no diezmó en su suelo y su gente, lo está consiguiendo en cosa de nada la arrebatadora y rabiosa brasa calcinante retando su supervivencia. Las cifras nos resultan aterradoras y espeluznantes. Y nos entristecen y sorprenden tanto y más que lo acaecido en islas Canarias el año próximo pasado. Y las mefistofélicas temperaturas….lo que costarán a ella y al mundo.

Tamaña tragedia tiene ya un punto de inflexión: que la humareda atravesara el océano más grande del mundo, alcanzando veloz a los cielos sudamericanos, cubriéndolos de una suerte de calígine que debiéramos temer.

Desde Melbourne, en Victoria, y a pregunta expresa, Alejandro Corral nos obsequia su muy valioso e invaluable testimonio:La situación en Australia está más que preocupante. Desde hace dos meses y medio empezó a darse a conocer la noticia de que los incendios en el vecino estado de Nueva Gales del Sur estaban iniciando de una manera fuera de lo normal. El año pasado hubo muy pocas lluvias en las estaciones correspondientes y esto provocó que el inicio del periodo estival fuera más caliente que nunca.

La ciudad de Sídney se empezó a llenar de una capa gruesa de esmog y el olor del ambiente era tóxico; no era nada más ni nada menos que la humarada de los incendios que se estaban propagando a varios kilómetros, pero esto era solo el comienzo. Con el paso de los días veíamos fotos de animales calcinados en su hábitat natural, noticias de bomberos voluntarios muertos en su afán por ayudar al planeta y vídeos donde no se ve más que humo y fuego, tal y como en una película de Hollywood llena de drama y misterio.

Cada vez los incendios se propagaban más y más; en las redes sociales la población se empezaba a mostrar más consciente de la situación y las condiciones eran más alarmantes. La gente ha sido desalojada de sus casas, sin mencionar a quienes ya lo han perdido todo, incluso la vida en su propio hogar. Las llamas han alcanzado los doce metros de alto, y para darnos una idea, la altura que alcanzaban las llamaradas en el Amazonas, eran de dos metros. El área afectada ya llegó a ser cinco veces más grande que lo que se afectó en el Amazonas y la cantidad estimada de animales muertos llega ya casi a los quinientos millones; teniendo en cuenta que la mitad de los koalas existentes están dentro de esta cifra. La situación ya es indomable y el ser humano puede hacer muy poco en contra de todo esto, aunado a que el primer ministro (Scott Morrison) no prestó tanta atención al asunto desde un principio.

Yo viviendo en Melbourne, una ciudad al sureste del país, pude vivir lo que se hablaba en Sídney: ver el cielo completamente gris, en ciertas ocasiones naranja, y percibir un olor a carbón encendido como si a unas casas estuvieran prendiéndoles un anafre para cocinar. En los medios han pedido a la gente usar cubrebocas al acudir a la calle, mantener las ventanas cerradas y de preferencia, no salir si no es necesario. Y esta podría ser una introducción, ya que el verano apenas está comenzando y los medios ya advirtieron que nos preparemos para lo peor”.

Tremendo, ya lo ve amigo lector. Graves palabras que mucho agradezco. Resulta angustiante ver a los canguros prófugos y a los koalas buscando ayuda y refugio. Más patosos y lentos, son presa más fácil del siniestro. Un primer ministro vacacionando en Hawái que al retornar lo echan por tardío y mentecato y le reprochan su negacionismo disminuyendo presupuestos a bomberos o las palabras de la reina Isabel II de Australia expresando que sus rezos y pensamientos están con los australianos –es una acción bienvenida, claro– contrastan con las millonadas donadas por prominentes ciudadanos o simpatizantes de Australia, que abonan a los esfuerzos para tratar de paliar con dinero lo que el descuido humano y la inoperatividad no resolvieron. Tan aleccionador como la acción de los aborígenes que invocan a sus dioses clamando el cese de su ira, sanando la tierra cercanos a Minga Gulaga, su montaña sagrada. Va en ellos su futuro, también. Ya otros acusan que la colonización, no solo el cambio climático, vulneró al país, al modificarlo.

Lo del golfo Pérsico es de viejo cuño. Podemos pergeñar ideas: el petróleo como móvil de la invasión de Iraq a Kuwait de 1990-91, poniendo en riesgo la segunda reserva petrolera mundial y luego la invasión estadounidense a Iraq –con la gran mentira de las armas de largo alcance– para robarse tal reserva petrolera con empresas ligadas al clan Bush-Cheney, lo explica mucho. Desde entonces están metidos en Iraq saqueándolo bajo la bandera de EE.UU., que se ha instalado en toda la región, pregonándolo estos días sus simpatizantes como si fuera positivo y plausible. Es perfectamente condenable, porque demuestra la prepotencia de succionar riquezas ajenas por la fuerza. O sí o sí. Por eso es interesante el decreto del parlamento de Iraq exigiendo su salida ya, que replicó Washington amagando con terribles represalias. La soberbia del poderoso que cuestiona el porqué se le cuestiona su proceder. De salir ya, será otra derrota y otro Vietnam. En ese intríngulis aparece Irán, territorio donde se expande la mancha del petróleo iraquí o viceversa. Años de merodear los yanquis, años de amenazarlos con atacarlos, mientras Iraq potenciaba su industria nuclear y amenazaba a Israel, apoyando a sus enemigos. A regañadientes firmó el acuerdo de 2015 para no fabricar armas nucleares que, ya se sabe, solo los exquisitos parece que tienen derecho a poseerlas y a usarlas. No será por ser más guapos y demócratas.

El vergonzante y criminal asesinato confeso por Trump al general Soleimani solo ha generado el repudio, el que un empresario iraquí pida 80 millones de dólares por la cabeza de Trump y que Irán, reticente a cumplirlo, abandone el acuerdo de 2015 y llame terrorista al ejército estadounidense. Eso sin contar la sombra de una invasión, una agresión a escala con Israel de por medio usado de escudo humano –cosa que parece que Trump no calculó– y el rechazo de medio mundo con los lanzamientos de misiles de esta semana. Pese a que algunas potencias callen no condenando a Trump, comportándose él como burro en cristalería en su política hacia el Oriente Medio, que pone en jaque al planeta. No se pinta un panorama sencillo. ¿Qué los iraníes no son hermanitas de la caridad? Seguro. ¿Acaso los yanquis, sí? está más que visto que menos. Y no son los iraníes los que están saqueando América. Pequeña gran diferencia en detrimento de EE.UU. Punto.

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