30 de mayo de 2020, 4:32:59
Editorial

EDITORIAL


El peligroso plan de Sánchez para apaciguar el desafío secesionista



Pedro Sánchez está dispuesto a resolver, o al menos camuflar, el desafío secesionista catalán eludiendo cualquier escrúpulo legal o político. “Está encantado” de reunirse con Quim Torra pese a la sentencia de inhabilitación de la Junta Electoral Central. Le considera el presidente de la Generalidad. Y antes o después, se va a reunir con él, de igual a igual en una “cumbre bilateral entre Gobiernos”. Los separatistas dirán que entre Estados.

También el PSC ha votado en el Parlamento catalán contra la sentencia de la Junta Electoral Central y junto con los separatistas a favor de mantener el acta de diputado de Torra y, por consiguiente, como presidente de la Generalidad. Y ahora, Sánchez ha emprendido la operación de “desjudicializar el conflicto político” y ha elegido para ello a Dolores Delgado, un peón dócil para sortear las leyes que resulten incómodas en este proceso de blanqueamiento de los sediciosos. Y en otros muchos procesos judiciales.

Pedro Sánchez, además, está decidido a facilitar la libertad de los presos. Por ahora, le sirve que la Generalidad se ocupe de regalar permisos penitenciarios. Ha comenzado con los “Jordis”, pero el goteo será incesante. Hasta que el Gobierno consiga excarcelar a Junqueras. Si el Tribunal Supremo reacciona, la Fiscalía y la Abogacía del Estado estarán al acecho. Y en el peor de los casos, el Consejo de Ministros aprobará un decretazo de indulto.

Pedro Sánchez cuenta con Iceta, su cerebro gris en Cataluña y su mejor intermediario con los independentistas. Ahora urde un tripartito ante las próximas y cercanas elecciones autonómicas con ERC y Podemos. Y el PSC estaría “encantado” de formar parte del Gobierno de la Generalidad. Incluso, con Junqueras de president. Pablo Iglesias, partidario de aparcar la vía judicial, y Ada Colau, que ha colocado al nuevo ministro de Universidades en el Gobierno, trabajarán decisivamente en esta operación.

Por eso, el presidente está dispuesto a atravesar un campo de minas con tal de alcanzar su objetivo. Es una temeridad. Tendrá que sortear, si no incumplir, la Constitución. Pero se siente inmune. Tiene un Ejército de peones en las Instituciones. Y se cree capaz de frenar, aplazar o camuflar la celebración de un referéndum de autodeterminación, porque los separatistas no se conforman con la consulta sobre los acuerdos entre ERC y el PSOE. El presidente del Gobierno ya ha comenzado a atravesar ese campo de minas. Hay que esperar que no salte por los aires. Y hay que exigirle que no pise la Constitución.

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