4 de agosto de 2021, 1:41:56
Cultura

ENTREVISTA


Martín-Miguel Rubio Esteban: "Estamos volviendo al comunismo rancio"

Eduardo Villamil

El popular escritor y columnista de El Imparcial regresa a las librerías con una novela histórica dedicada a la controvertida figura de Ramiro Ledesma.


La historia de España está repleta de personajes célebres por sus hazañas, como el Cid, Colón o Blas de Lezo; de reyes ilustres, como Isabel la Católica o Felipe II; de estadistas sin parangón, como Cánovas o Sagasta... Pero en la 'cara b' de nuestro panteón historiográfico existen también figuras olvidadas en la noche de los tiempos y malditas por las generaciones que las sucedieron. Ejemplos a no seguir cuyo recuerdo, en muchas ocasiones, resulta más ilustrativo que los perfectos modelos heroicos de los que dan fe los libros de texto de las escuelas.

En Ensayo novelado de Ramiro Ledesma Ramos, el escritor y colaborador de El Imparcial, Martín-Miguel Rubio Esteban (Zamora 1960), relata la vida de uno de esos personajes de los que hoy ya pocos quieren -oir- hablar. Ramiro Ledesma pasaría a la historia -ya negra- de España por ser uno de los fundadores, junto a Onésimo Redondo, de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalistas, formación fascista que jugaría un papel fundamental -junto a Falange- en la Guerra Civil.

Hasta su muerte a manos de la Checa, Ledesma preconizaría el nacionalsindicalismo, un movimiento fascista revolucionario de corte antiburgués y antimarxista, curiosamente más cercano a los postulados de la CNT que a los de su colega José Antonio Primo de Rivera, con quien terminaría abruptamente debido al contradictorio liberalismo autoritario de este último.

Pero no se equivoquen. Esta obra no es ninguna alabanza al fascismo, sino todo lo contrario: "una crítica feroz de un liberal" incapaz de comprender como un paisano suyo -biógrafo y biografiado son zamoranos- pudo haberse dejado llevar por la corriente autoritaria que inundaba Europa y España en los años treinta.

Pese a que narre la historia de un hombre que murió hace más de 80 años, los hechos y las ideas que transmite este libro están de rabiosa actualidad. En estos tiempos líquidos de polarización, medias verdades y populismo resulta imperativo recordar ese oscuro y funesto pasado del que debemos seguir aprendiendo. Pues, como recuerda el autor, “las grandes tragedias de nuestro país se han dado cuando la pasión del odio ha hecho imposible toda conciliación o acercamiento de posturas, cayendo en la simpleza morbosa de que el otro no tiene nunca parte de razón y de que miente siempre”.


¿Por qué se ha animado a escribir sobre este personaje? Habrá algo más que la proximidad geográfica…

Cuando era pequeño, en mi ciudad, Zamora, había un estadio de fútbol que se llamaba Ramiro Ledesma Ramos. Desde entonces se me quedó en la cabeza el nombre de este hombre, ya desaparecido de la memoria de los zamoranos. Quería saber quién era este paisano tan importante como para dar nombre a ese campo. Por otro lado, siempre me han llamado mucho la atención las vanguardias europeas de la tercera década del siglo XX, y elegí a Ramiro como representante del fascista español que en ese momento de vanguardias -comunista y fascista- cae en esa estética.

Como cuenta en el libro, Ledesma era prácticamente un superdotado, que estudió dos carreras –filosofía y letras y matemáticas- mientras trabajaba como cartero y devoraba libros con suma avidez. ¿Cómo llegó al fascismo?

Cuando cursa bachiller en Madrid, Ledesma conoce a un profesor de instituto que le cambiará la vida: Ernesto Giménez Caballero. Este personaje le introduce no solo en el fascismo ideológico, sino también en la literatura fascista italiana. Si Giménez Caballero hubiera sido comunista tal vez ese chiquillo de pueblo perdido en Madrid hubiese tenido una historia política bien distinta.

¿Cómo describiría su pensamiento político?

Lo que más le tiraba en sus inicios era el anarcosindicalismo, ajustado a su forma violenta de ver las cosas. El primer pensamiento político que llega a Ramiro era el del italiano Malatesta, muy presente siempre en las futuras JONS.

En un pasaje de su libro dice que Ledesma se negaba tajantemente a vincular su pensamiento con el fascismo. Esta animadversión llegaría hasta tal punto que le llevó a romper con uno de los principales ideólogos del fascismo español, Ernesto Giménez Caballero. Sin embargo, lo fue…

Cuando funda las JONS corta por primera vez con Giménez Caballero porque le da un poco de miedo que se le ponga el marchamo de fascista a su movimiento. Por otra parte, el fascismo de Ramiro no tiene nada que ver con el conservador, por ejemplo, de José Antonio. Ramiro era la parte roja del fascismo, un revolucionario antiburgués. De hecho, uno de sus miedos era que la lucha contra el comunismo que planteaba el fascismo otorgase una ventaja a la derecha burguesa. Y esa es una de las razones que le llevan a separarse de Falange.

"Resulta curioso que el concepto ‘comunismo’ no se haya convertido en una palabra ‘gruñido’, como sí ha sucedido con el término ‘fascismo’"

El término ‘fascista’ es uno de los insultos favoritos en la actualidad. ¿Cree que se ha desvinculado el uso de esta palabra con su origen semántico?

Su uso es correcto si se emplea como sinónimo de ‘totalitario’. Sin embargo, en muchas ocasiones son los totalitarios los que llaman fascistas a los que no los son. Es un paraguas semántico bajo el cual se agrupan muchos significados que no tienen nada que ver. Resulta curioso que el concepto ‘comunismo’ no se haya convertido en una palabra ‘gruñido’, como sí ha sucedido con el término ‘fascismo’. Desde la época de Enrico Berlinguer, el comunismo mediterráneo intentó distanciarse del comunismo soviético y cubano a través de lo que se llamó eurocomunismo o comunismo democrático. Berlinguer entendía que el comunismo “no era la verdad absoluta, sino que hay otras”. Carrillo implantó algo similar en España. El problema es que este concepto desapareció a finales de los noventa. Lo que ha vuelto es algo que a mí sí me espanta: la reivindicación del comunismo totalitario intolerante. Se intenta justificar, por ejemplo, a Fidel Castro, Nicolás Maduro o Evo Morales. Es inconcebible que el eurocomunismo pudiera haberse vinculado con gente totalitaria y mafiosa. Me da la sensación de que estamos volviendo al comunismo rancio.

Hoy vemos el fascismo como un movimiento autoritario, atrasado, anacrónico... pero usted indica que en esa época era vanguardia cultural...

En esa época, el fascismo representaba la modernidad frente al Estado liberal en el que yo creo. No hay un solo país europeo en el que no tuviera éxito. Fue una moda juvenil tan fuerte que incluso arrastró a importantes sectores del partido comunista. A pesar del odio entre estos dos movimientos, guardan una vinculación estrecha. Son hermanos gemelos.

"Las peores palabras que se dijeron contra Ramiro no las dijeron los comunistas sino los falangistas"

Volvamos al libro. Podría afirmarse que el fascismo español nace oficiosamente a principios de los años 1931 con la creación de las JONS, unión de las Juntas Castellanas, de Onésimo Redondo y con el movimiento de la Conquista del Estado, del propio Ledesma; y se consolida oficialmente en 1934 con la fusión entre las JONS y la Falange de José Antonio Primo de Rivera. Según cuenta en el libro esta unión era necesaria para ambas fuerzas, pero nunca fraguó ¿por qué?

No tenemos muchos elementos para dar por buenos hechos de forma categórica, pero Falange y la JONS son cosas muy distintas. José Antonio representa un tipo de fascismo liberal, una cosa un poco contradictoria. Lo importante para José Antonio es el individuo. Debido a la influencia paterna, el líder de Falange se acercó al fascio desde un aristocratismo muy liberal. De hecho, los dos diputados del partido fueron él, marqués de Estella, y el marqués de la Eliseda, en cuya casa se instaló la sede del partido. Es un fascismo muy finolis. Por otra parte, nos encontramos con Ledesma, un hombre extremista, que introduce en la Falange unas ideas socialistas muy radicales, como las cooperativas. Todo este elemento obrero que entra en el movimiento no se acompasa muy bien con el aristocratismo de José Antonio. En ese momento se producen tentaciones por dar un golpe de Estado dentro del partido y echar a José Antonio. Por ejemplo, Onésimo Redondo, íntimo amigo de Ledesma, le animaría a defenestrar a José Antonio –o incluso a atentar contra su vida- pero él se terminaría quedando en el partido, mientras que Ramiro sería expulsado. Las peores palabras que se dijeron contra Ramiro no las dijeron los comunistas sino los falangistas.

José Antonio Primo de Rivera y Ramiro Ledesma.

José Antonio, al igual que Ortega, profesor de Ledesma, creía que el individuo estaba por encima de todo y el Estado tan solo era un ente a su servicio. Ledesma, por el contrario, pensaba que cad persona debía someterse al aura sacrosanta del Estado…

Ortega siempre mantuvo sus ideas liberales, pero introdujo elementos prefascistas, como la jerarquía natural. En la deshumanización del arte lo deja claro: la plebe no puede gobernar porque sabemos cuál es su espíritu.

Lo cierto es que, tras la separación de ambas fuerzas, la FE obtuvo un resultado marginal en las elecciones de febrero de 1936, las del Frente Popular y el Bloque Nacional: 6.800 votos, un 0,07% del sufragio. ¿Se ha magnificado el papel de esta organización?

La mayor parte de la doctrina de Falange estaba también en el bloque de Calvo Sotelo. Por eso Ramiro quería que el político gallego entrase en su formación. Porque era el hombre más inteligente de un pensamiento parafascista y el único que podía salvar a su partido. Entre el Bloque Nacional y Falange no había grandes diferencias. Pero no debemos confundir el fascismo con la Falange. Cuando estalla la Guerra Civil, Falange es el movimiento más extremista y, por tanto, la vanguardia del fascismo. En los primeros días todos los miembros del Bloque Nacional, empezando por Serrano Súñer -diputado de la CEDA y futuro ministro de Franco- pasan a Falange. En 1936, el fascismo en España se encuentra desparramado por todo el Bloque Nacional, no solo en Falange. Por eso, Falange pasa de tener no más de 20.000 miembros al inicio de la guerra a medio millón. Para el Franquismo la Falange tenía el marchamo de aquellos que habían iniciado el camino.

Tras su salida de las JONS, Ledesma cae en el ostracismo. Usted afirma que cuando le detienen, en octubre de 1936, ya no era fascista…

No es fascista en el sentido de que no está activo, pero se desconoce si mantuvo sus ideas hasta el fin. Una cosa es clara. Nunca abandonaría su defensa del mundo del trabajo, en esa especie de fascismo rojo; de la unidad nacional y sus ideas antiburguesas, algo que recalcaría ante los guardias el mismo día de su detención.

"No veo muchas semejanzas entre el gobierno de coalición actual y el Frente Popular. Cualquier tipo de revolución que rompa las democracias en España o en Europa está totalmente fuera de hora. Haremos mal en caer en el extremismo"

Actualmente hay una clara tendencia entre los partidos del centroderecha y la derecha a calificar de “frente popular” al recién elegido gobierno de coalición. ¿Le parece equiparable?

Yo no lo veo. El socialismo actual no tiene la herencia del de entonces. Aquí ha habido un Felipe González que alejó al partido del marxismo; no existe la URSS; las referencias de aquel Frente Popular, como Vietnam o China se están pasando al capitalismo… No hay referentes que enardezcan a las masas de izquierdas. Los comunistas se están travistiendo en otras cosas que tienen que ver con el clima o la mujer, cosas de sentido común que se reivindican histéricamente como un dogma de tipo religioso y extremista. Todavía hay demasiado humo en el análisis del nuevo gobierno. Han ganado por dos votos en el Parlamento y no hay nada inconstitucional en lo que han armado. No hay que olvidar que la Guerra Civil comienza con el parlamento frentepopulista expulsando al presidente legítimo de la República, Niceto Alcalá-Zamora, cuando la propia Constitución de la República señalaba que debía hacerse mediante referéndum popular. Otra cosa es que nos asusten los gestos, como el nombramiento de la fiscal Delgado. Quiero pensar, por el bien de España, que van a sorprendernos siendo un gobierno centrado, impulsando reformas desde una óptica de izquierdas, pero no izquierdista, con un mandato que genere prosperidad y mantenga las libertades. Hasta un hombre tan codicioso como Sánchez es consciente de que para mantener el poder se necesitan una serie de elementos que agraden. Cualquier tipo de revolución que rompa las democracias en España o en Europa está totalmente fuera de hora. Haremos mal en caer en el extremismo.

¿Qué ha aprendido tras escribir este libro y con qué cree que deberían quedarse sus lectores?

He aprendido que los españoles tenemos que respetarnos y que los extremos son muy similares. No hay nada más parecido a un ramirista que un comunista. Hoy en día, gracias a Dios, no son tiempos de fascismo. Debemos defender la democracia y mantener el respeto al pensamiento ajeno. También he aprendido del miedo al dogma y a la filosofía totalitaria. Oscar Wilde decía que “el hombre inteligente no puede tomarse muy en serio”. Debemos tener siempre la mirada abierta y la mano tendida hacia el que piensa diferente, que también tiene su razón.

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