12 de julio de 2020, 11:51:47
Mundo

BREXIT


El Reino Unido, aislado

EL IMPARCIAL/Efe

Este sábado arranca el proceso de transición del brexit, que separará definitivamente a Londres de Bruselas a final de año.


"Niebla en el canal. El continente aislado". Este célebre titular atribuido al Daily Mail, cobra desde este sábado 1 de febrero de 2020 más vigencia que nunca e ilustra a la perfección hasta qué límites puede llegar la soberbia británica. El divorcio entre Londres y Bruselas es ya un hecho, pero por desgracia para los intereses británicos no es precisamente la UE la que se quedará aislada.

Ningún divorcio surge de la nada. El brexit tiene un origen muy claro: la crisis económica de 2008. En ese año, millones de personas perdieron su trabajo (tanto en Reino Unido como en el resto de Occidente), miles de negocios entraron en la bancarrota y los gobiernos tuvieron que apretarse el cinturón y hacer recortes para capear el temporal. Pese a que los británicos siempre han mantenido una posición euroescéptica, dando preferencia a sus intereses nacionales, la recesión marcaría un antes y un después.

Los partidos euroescépticos y populistas, como el UKIP de Nigel Farage, comenzaron a sembrar un discurso antieuropeo y xenófobo, que culpaba de los males del país a la inmigración y que acusaba a Bruselas de quedarse con mucho dinero que podría invertirse en el país. Hoy sabemos que las causas de esta recesión obedecen a razones bien distintas, atribuibles a la codicia especulativa reinante en una Wall Street sin frenos.

Pese a que Reino Unido fue uno de los primeros países en recuperarse de la crisis, la semilla del antieuropeísmo había germinado en el pueblo británico. Tanto que obligó al premier David Cameron (partidario de permanecer en la UE) a dimitir tras conocer los resultados del referéndum de 2016. Por un estrechísimo margen (un 51,9 % de noes, frente a un 48,1 % de síes) los británicos votaron "niebla en el canal".

La consulta no solo dividió a la sociedad británica sino también al propio Gobierno de la nación y al partido conservador. Mientras algunos ministros conservadores, como Theresa May, Jeremy Hunt, Philip Hammond o el propio Cameron, hicieron campaña por el 'sí'; otros, como Michael Gove, Iain Duncan Smith o Priti Patel se posicionaron a favor del 'no'.

En marzo de 2017, Londres emprendería su tortuosa y caótica retirada, previa invocación del artículo 50 del Tratado de la UE. En junio de ese año, la primera ministra Theresa May se llevaría su primer varapalo perdiendo la mayoría absoluta tras convocar elecciones con la intención de contar con "un liderazgo seguro, fuerte y estable para afrontar el brexit e ir más allá".

Como todo matrimonio en trámite de separación, Gran Bretaña y la UE negociaron y renegociaron durante dos años un acuerdo que contentase a ambas partes. Sin embargo, el pacto de salida de May no convenció a sus colegas, y la Cámara de los Comunes lo rechazó en varias ocasiones, obligándola a dimitir en julio del pasado año.

La irrupción de Boris Johnson llegó en el mejor momento para los brexiters. Con un discurso populista muy cercano al de su colega Donald Trump, Johnson arrasó en los comicios del pasado mes de diciembre y certificó la fecha de un divorcio anunciado, que la UE ratificaría el pasado miércoles.

¿Y ahora qué?

Londres continuará cumpliendo las regulaciones de la UE y contribuyendo al presupuesto comunitario durante los próximos once meses, un periodo de transición durante el cual debe forjar una nueva relación tanto con el bloque comunitario como con el resto del mundo. Desde este sábado ya no habrá eurodiputados británicos en el Parlamento Europeo, ni asiento para el jefe de Gobierno del Reino Unido, en las reuniones de líderes. Los británicos abandonarán asimismo las agencias técnicas y las magistraturas reservadas para ellos en el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE).

En clave nacional, Johnson abolirá el Ministerio del brexit, un gesto con el que quiere recalcar que ha cumplido su objetivo de materializar la salida de la UE, aunque las complejas negociaciones con Bruselas sobre la futura relación bilateral todavía están por comenzar. De ese diálogo depende el incierto escenario que se abrirá el 1 de enero de 2021, la fecha en la que el Reino Unido comenzará a ejercer realmente como un país independiente de la UE. Hasta entonces, las cuatro libertades de circulación del mercado único (de mercancías, personas, servicios y capitales) seguirán vigentes en suelo británico.

Europeos en Reino Unido

Los cerca de 3,8 millones de europeos que residen en el Reino Unido, así como aquellos que lleguen al país durante este año, pueden solicitar el estatus de "asentado" o "preasentado", que protegerá tras el brexit sus derechos adquiridos. A partir de 2021, cuando termine la libre circulación de personas entre el Reino Unido y la UE, los comunitarios que quieran viajar o residir en el país deberán cumplir las normas migratorias que establezca el Gobierno británico.

El Gobierno aún no ha hecho públicos los detalles de su futura ley de inmigración, aunque el informe de un comité asesor en materia migratoria ofrece pistas sobre sus posibles planes. Ese documento prevé dos vías para solicitar el permiso de residencia en el Reino Unido. Aquellos que lleguen con una oferta de trabajo deberían tener asegurado un salario mínimo (actualmente los extracomunitarios necesitan cobrar más de 30.000 libras anuales para obtener el visado).

Quienes tengan intención de viajar al Reino Unido para buscar trabajo, en cambio, deberían someterse a un sistema de puntos similar al de Australia, la legislación que sirve de referencia a Johnson. Bajo ese régimen, los inmigrantes deben superar un umbral determinado de puntos, que se otorgan en función de criterios como nivel educativo, nivel de renta, dominio del idioma, edad y otros factores.

Británicos en la UE

Los cerca de 1,3 millones de británicos que viven en otros países de la UE tampoco percibirán grandes cambios hasta el próximo diciembre. Una de las pocas transformaciones tangibles para ellos será que el Gobierno recuperará este año el color azul de los pasaportes británicos, en lugar del burdeos de la UE, una medida meramente simbólica, pero muy celebrada por los partidarios del brexit.

Los 27 socios de la Unión se han comprometido a mantener los derechos adquiridos de los británicos que ya viven en esos países tras el brexit, si bien cada Estado debe regular de forma independiente su nuevo estatus legal. Esos arreglos nacionales complicarán que los británicos residentes en un país comunitario puedan cambiar su residencia de forma automática a otro, por ejemplo entre Francia y Alemania.

Los jubilados británicos que ya están retirados en países de la UE tienen asegurada una pensión actualizada de por vida. Sin embargo, la retribución de aquellos que lleguen a su país de destino después de diciembre de 2020 dependerá de los arreglos a los que llegue el Reino Unido con los respectivos Estados.

Cambios para las empresas

Las importaciones y exportaciones de mercancías a través del canal de la Mancha, así como el acceso recíproco de las firmas de servicios, continuarán sin fricciones al menos durante los próximos once meses. Londres quiere pactar con Bruselas un acuerdo de libre comercio que asegure los intercambios sin aranceles a partir del 1 de enero de 2021, pero al mismo tiempo mantiene su intención de divergir paulatinamente de las regulaciones de la UE, lo que puede envenenar las negociaciones.

La UE ha advertido de que es "imposible" alcanzar un acuerdo comercial completo en el plazo previsto, pero el primer ministro británico ha recalcado que no tiene intención de solicitar una prórroga. El objetivo de Johnson de comerciar con cero tarifas pero divergiendo de la normativa comunitaria implica que podrían establecerse nuevos trámites y controles en las aduanas, lo que podría perjudicar especialmente a las empresas que mantienen cadenas de producción a ambos lados del canal de la Mancha.

En el sector financiero, Bruselas debe estudiar si acepta un régimen de equivalencia para que los bancos, las aseguradoras y el resto de firmas de la City de Londres puedan continuar accediendo a sus clientes continentales. En la negociación con la UE, el Reino Unido tratará de hacer valer el preciado acceso a sus aguas pesqueras y a su mercado laboral como palanca para favorecer sus intereses.

Gibraltar

Por último, está la controvertida cuestión de Gibraltar, la estratégica ciudad que controla el estrecho del mismo nombre y bajo dominio británico desde 1704. Gibraltar es el único lugar (salvo Irlanda) donde el Reino Unido tiene una frontera terrestre con otro país de la UE. Ahí, entre británicos que hablan español con acento andaluz, está el paso fronterizo más pequeño del brexit.

Cada día atraviesan la conocida como "verja" de Gibraltar casi 15.000 trabajadores, así como 200 camiones de transporte. En Gibraltar no hay desempleo, pero al otro lado de la frontera, en La Línea, alcanza casi el 31 por ciento de la población activa, por lo que un impacto económico negativo del "brexit" en la rica colonia británica preocupa mucho a la deprimida comarca con la que bordea.

El pequeño territorio, de 32.000 habitantes, vive sobre todo de la industria de servicios financieros, como las empresas de juego y apuestas por internet. De hecho, Gibraltar, con 6,8 kilómetros cuadrados, alberga ahora mismo 13.536 empresas, que son 3.300 menos que hace un año.

España y el Reino Unido firmaron a finales de 2018 una serie de acuerdos bilaterales en cuestiones como derechos de trabajadores transfronterizos, medio ambiente, cooperación fiscal y aduanera y lucha contra el contrabando de tabaco.

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