21 de octubre de 2020, 17:52:17
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¿Salió más herido el Real Madrid o el Barcelona de la debacle en Copa?

M. Jones

Los capitalinos recibieron cuatro goles en casa, mientras que los catalanes fueron eliminados en el tiempo de descuento.


El éxito rotundo de la aplicación del formato a un partido por eliminatoria en la Copa del Rey merece todo reconocimiento a la RFEF. Gracias a este cambio de morfología del torneo se han multiplicado las sorpresas y ha deparado un escenario novedoso en las semifinales. Athletic, Real Sociedad, Mirandés y Granada son los supervivientes, rompiendo doce años de presencia en la final de Real Madrid, Barcelona o Atlético. Y estos colosos, precisamente, han sufrido como los principales damnificados. Los colchoneros han quedado en tierra de nadie, desprovistos del título que veían más cerca.

Pero en la resaca de la última fecha de los cuartos de final coperos, la más volcánica, cabe el análisis con respecto a las eliminaciones inesperadas de los dos aristócratas. Y de la comparativa en las sensaciones que deja a cada club el salir del campeonato del KO del modo sufrido. Pues lo cierto es cada derrota contiene un matiz y contenido diverso. La del Bernabéu y la de San Mamés han dejado síntomas muy diversos a cada gigante caído.

"Estoy triste, cuando se pierde es que algo ha pasado. Para encajar cuatro goles hemos cometido errores defensivos. Hasta este partido lo hicimos fenomenal y hoy no. Puede pasar y no va a cambiar nada con lo que tenemos por delante. Es un momento malo pero lo hemos intentado y agradecemos el apoyo de nuestro público que ha apoyado a los jugadores", proclamó Zinedine Zidane en sala de prensa.

El técnico francés apostó por mantener la política de rotaciones que le había funcionado hasta el momento, pero fue capturado y acribillado por un sistema donostiarra que dio descanso a Odegaard, Oyarzabal y Mikel Merino en el duelo liguero precedente. Lo paladeado por la tribuna de Concha Espina, antes de que el marcador esputara un 1-4 del todo imprevisto, fue, ni más ni menos, el refresco de los fantasmas que se cobraron el puesto de Julen Lopetegui y Santiago Solari.

Marcelo, Nacho, Areola, James Rodríguez, Sergio Ramos y Militao quedaron muy señalados. También Casemiro, porque su ausencia se demostró imposible de suplir -a pesar del empeño del valeroso Fede Valverde, que ha maquillado un defecto nítido en la planificación de plantilla-. El Madrid jugó desprovisto de la concentración, compromiso y rigor táctico que les ha catapultado al liderato solvente de LaLiga. Y lo pagarían muy caro. Su oponente contaba con una calidad técnica soberbia y les trituraría a la contra.

Los problemas para mantener al dibujo cohesionado, coordinado en la presión e implicado en las coberturas tras pérdida quedaron al desnudo y constriñeron al colectivo a enfrentar una remontada imposible. Como tantas veces en la era posterior al adiós de Cristiano Ronaldo y de la consecución de la Decimotercera. Los nubarrones familiares para el madridismo tomaron la escena y los pésimos recuerdos colapsaron antes del rosario postrero de goles que maquilló el resultado y la goleada encajada. Subrayando que la aparente profundidad del camarín no es tal y que sin motivación de todos los peones, los tenebrosos precedentes saltan al primer plano con celeridad.

La candidatura en Copa de los madridistas se deshizo al tiempo que la inercia del equipo se contaminaba de dudas sobre lo venidero. "Me voy con una mala sensación porque hemos perdido en nuestra casa. Estuvimos mal en la primera parte en la presión y tuvimos muchas dificultades además de errores defensivos", prosiguió Zidane, quien repitió varias veces que "este partido no va a cambiar nada". Y se despidió alegando esto: "No ha sido solamente el portero y los cuatro defensas, lo que ha ocurrido es por todos los jugadores. Es duro recibir cuatro goles en un partido pero no hay que comerse la cabeza".

Ante lo punzante de la memoria cercana, incluso Emilio Butragueño hubo de salir al paso desde el palco. Y es que la sensibilidad tras la travesía por el desierto de año y medio en Chamartín está a flor de piel. Nadie quiere volver a indigestarse. Y menos tras acumular más de 20 partidos sin perder y haberse granjeado una confianza notable. El director de relaciones institucionales del Real Madrid argumentó que "nos vienen semanas con unos partidos de máxima exigencia. Tenemos que prepararnos. Todos los jugadores son fundamentales y tenemos que confiar en este grupo". Sólo el tiempo marcará si este desplome mental es sólo coyuntural.

Del mismo modo, únicamente el paso de las semanas está en disposición de poner en su justo valor el ascenso en la implicación defensiva de todos los futbolistas del Barcelona en Bilbao. Perdió el defensor del título, pero lo hizo tras aguantar la trampa ardorosa del Athletic y creciendo con el balón hasta perdonar varias oportunidades claras. Lionel Messi y Griezmann bien pudieron sentenciar el choque, redundando en la necesidad de la directiva de contratar un delantero que asegure goles.

En pleno huracán que desnudó el abismo entre la plantilla y la directiva, y entre algunas vacas sagradas del propio vestuario, el equipo dirigido por Quique Setién plantó cara a sus críticos. Con su once más reconocible -salvo la suplencia del delantero francés que costó más de 100 millones de euros-, los azulgranas se remangaron y empastaron el desafío táctico y físico planteado por Garitano. No sería dañada una labor de achique en la que participaron todos, de forma convencida y sostenida en el tiempo. Como hacía meses que no se contemplaba.

El derroche y la actitud vistos llenaron de argumentos a Setién. El técnico, que al fin vio cómo su estilo combinativo era refrendado con el asiento del trabajo colectivo, evidenció su satisfacción pese a la eliminación. "Nos vamos de la Copa, que es doloroso, pero la imagen ha sido buena. Es verdad que el resultado es lo más importante, pero también las sensaciones. El equipo ha sido bastante superior. Ter Stegen no ha hecho ni una parada y en la segunda parte lo teníamos totalmente controlado". "Hemos generado cuatro o cinco ocasiones bastante claras y tristemente nos ha llegado gol en un momento que no había posibilidad de reacción. Habíamos leído bastante bien el partido, estaba como lo queríamos", especificó.

"Todo ha ido bien, salvo el resultado. Estoy muy contento con el trabajo, bastante satisfecho. Habrá gente que solo vea el resultado, pero me voy a quedar con muchas más cosas", incidió el preparador cántabro. En efecto, parecería paradójico que una derrota cruel como esta constituya la señal más optimista para Can Barça. Mas, es así si la metamorfosis relativa al compromiso defensivo se mantiene en el tiempo.

Si los peones azulgranas compiten de este modo hasta final del curso, estarán mucho más cerca de cumplir sus objetivos. Y de salvar un cauce torpedeado por las graves lesiones de sus delanteros -Luis Suárez y Ousmane Dembèlè- y los desatinos de Bartomeu y compañía. "A mí habladme de fútbol, lo demás no me interesa", manifestó Setién el miércoles, horas antes de que Eric Abidal se reuniera con el presidente para tratar la continuidad del directivo -que había provocado una declaración de Lionel Messi única en su vida como azulgrana-.

El astro argentino lo daría todo sobre el verde vasco, ejerciendo de maestro de ceremonias ofensivo y ayudando en la presión -hecho que no era frecuente con Ernesto Valverde al mando-. Él y sus compañeros se saben bajo sospecha. Han sido señalados por defender la renovación del 'Txingurri', técnico con el que gozaban de atenciones especiales y que no exigía un vaciado físico sobresaliente a los creativos. Ahora, al parecer -sólo a atendiendo al duelo frente al Athletic-, les ha llegado la oportunidad de reivindicarse como equipo.

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