25 de septiembre de 2021, 7:35:05
Deportes

OCTAVOS - IDA


El Atlético captura al Liverpool y Simeone se reivindica | 1-0

Diego García

La idea madrileña nubló y golpeó al líder de la Premier. El fluir del fútbol inglés no levantaría el vuelo y se impondría la receta del 'Cholo', esa con la que se rozó la gloria en esta competición dos veces en este siglo. Tras esta catarsis rojiblanca, Anfield decidirá. Por Diego García. Estadio Metropolitano


Convivir con el límite del abismo a mediados de febrero es una situación que se ajusta, a la perfección, a la categoría de "temporada de transición". En ese contexto viaja el Atlético que recibía este martes al Liverpool, con motivo de la ida de los octavos de final de la Liga de Campeones. Por ello, se constataba un contraste hiperbólico de inercias, pues los ingleses van a ritmo de récord en la Premier League (25 victorias, un empate y cero derrotas). Pero tanto unos como otros conocían la capacidad rojiblanca para crecerse ante los favoritos. Esta virtud rellenaría de contenido la maltrecha fe del Metropolitano y tildaba como engañosos a los pronósticos.

Diego Pablo Simeone enfrentó uno de los duelos que más vértigo le han propuesto a su obra como arquitecto colchonero sin los lesionados Joao Félix, Héctor Herrera y Kieran Trippier (Ivan Saponjic volvió a ser extirpado de la lista). Sí incluyó en la nómina a Diego Costa, jugador fuera de actividad desde noviembre. El hispano-brasileño partiría desde el banquillo, al igual que 'Vitolo', Yannick Carrasco y Llorente. Lemar y Vrsaljko recibieron la alternativa, con Lodi, Savic, Felipe y Oblak en la zaga; Thomas, Koke y Saúl en la medular; y Correa y Morata en punta. Sacrificaba el estratega argentino equilibrio para aliñar con creatividad el once.

Jürgen Klopp sólo padecía la baja de Xherdan Shaqiri. Su gran preocupación era si Sadio Mané llegaba a tiempo. Pues bien, el pasado sábado ya estaba de vuelta para darles el triunfo en Norwich. El delantero sería titular, con Salah y Firmino. Henderson y Wijnaldum acompañarían a Fabinho en el eje, con Alexander-Arnold y Robertson en los carriles. Alisson, Van Dijk y Joe Gomez supondrían el último filtro defensivo de la prototípica alineación del vigente campeón de Europa. James Milner, Naby Keita, Divock Origi, Oxlade-Chamberlain y Minamino instituían una banca de lujo.

La pelota echaría a rodar para dar o quitar peso a las siguientes estadísticas: los británicos eludieron el hacinamiento invernal de compromisos rotando -no jugaron nunca con todos sus titulares en las dos semanas precedentes-; el tridente de Anfield había sumado 44 goles, siete más que todo el club español; el bagaje de victorias de los capitalinos era menor a la mitad del monto del cuadro visitante (15 a 33); y los madrileños, que han ganado un partido de siete desde enero, sólo han perdido dos veces de 33 jugando en casa en la máxima competición continental bajo el mandato del 'Cholo'.

Este último dato y la ancestral mentalización que agiganta el potencial propio (nutrido por las sensaciones recién refrescadas en Mestalla y el vaciado de la enfermería) constituían el sostén previo de un Atlético que trataría de probar que la versión arrolladora del vigente campeón de Europa quedó frenada en 2019. Y no cabría un comienzo mejor a la eliminatoria. Salió el dibujo local presionando arriba, jugando de tú a tú al coloso, enviando centros punzantes desde los costados. Como en las inolvidables noches del Calderón. Y en el minuto 4, Saúl abrió de marcador. Koke puso en vuelo un córner, el cuero quedó muerto en el área y el zurdo embocó la diana. Además, de inmediato, Correa ganó la espalda a Gomez -pase vertical del propio Saúl- y anguló demasiado su zurdazo.

Tardarían 10 minutos los de Merseyside en aglutinar posesión y desperezarse. Ya con 1-0 en el electrónico. La hoja de tura 'atlética' germinó con celeridad. Lemar y Lodi amarraban al indispensable Alexander-Arnold y los 'Reds' estaban avisados del peligro si no se activaban de forma coordinada tras pérdida. La soga táctica rojiblanca gobernaba. A ratos ahogaba arriba, a ratos examinaba la imaginación isleña en estático -la faceta que más les cuesta, pues disfrutan con espacios para correr-. En un decantar que tendía más al monólogo inglés con la redonda y al cierre español. Henderson y Wijnaldum se descolgaban, mas no conectaban con la movilidad de sus puntas y las superioridades por banda no eran tales. Se había inaugurado el esfuerzo defensivo local, con una factura imperial.

No se descompuso el Liverpool en busca del empate, experto conocedor de lo largo de este tipo de cruces. Ante la imposibilidad de abrir pasillos entre líneas, en su asociación coral en territorio oponente, Van Dijk alternaría sus familiares pases largos hacia Mané y Salah, forzando manos a mano con Vrsaljko y Lodi. En cambio, no pasaría de un ejercicio de futilidad. El ardor y la intensidad del catenaccio capitalino limitarían las llegadas al arco de Oblak, en la media hora inicial, a un derechazo forzado y fuera de Robertson -incorporado tras una doble pared con Wijnaldum y Firmino-. Y agigantarían la seguridad en el pase, escueta en el prólogo pero asentada en este intervalo hasta el punto de generar tres aproximaciones claras: primero, un centro tenso de Lodi, hacia el segundo poste, que Robertson despejó, in extremis; segundo, un pase profundo de Thomas hacia Saúl, despeje fallido de Van Dijk que pescó Morata para emitir un intento repelido, tras recortar a Fabinho y encarar a Alisson; y, en tercer lugar, un lanzamiento lejano y fuera de Thomas.

Hasta el descanso pretendió el sistema de Klopp abortar la sobrevenida discusión por el esférico, acelerando sus pases y acechando, sólo con centros exteriores, el área madrileña. Y los colchoneros, astutos, harían hincapié en la trabajada igualdad de fuerzas salpicando de interrupciones el transcurrir. Asimismo, se negarían a atrincherarse de forma continuada, adelantando sus líneas sin complejos, aunque con una disposición selectiva.

La guerra de guerrillas beneficiaba a la pizarra de Simeone y esa compresión y densidad acabaría por contaminar a una exuberancia de fútbol inglesa que antes de encaminarse a vestuarios sólo arribaría a chutar entre palos una vez. Ocurrió en el minuto 36, cuando Mané y Firmino rubricaron una artesanía combinativa en el pico del área, confluyendo la acción en un disparo de Salah neutralizado por la cabeza de Felipe. Un lanzamiento de Thomas desde el centro del campo, en un saque de falta sorpresivo, hacía tocar techo a la sudada comodidad rojiblanca.

El pelaje duro del ajedrez no permitiría salir en la reanudación a Manè -tocado- y a Lemar -comprometido con el rol atribuido-. Origi y Marcos Llorente les suplieron, mas no se modificaría la dinámica en lo radical. El Atlético susurró la renovación de su presión valiente y Correa puso a prueba a Alisson con un centro rasante y venenoso. Eso sí, esta vez los 'Reds' se demoraron menos en despertar y reclamaron la iniciativa y el tempo antes, generando en el 53 su construcción más peligrosa. En medio de la montonera de centros parabólicos, Joe Gomez conectaría con Salah. El egipcio efectuó un testarazo que rozó el primer palo. En todo caso, el asedio asomaba pero no dañaba ni se perpetuaba. Con Morata y Correa acertados en la labor de desahogo -provocando faltas y asegurando calma con el balón-.

Anhelaban los británicos pautar una marcha más, pero necesitarían una precisión más elevada en tres cuartos de campo para desestabilizar a la pegajosa red de ayudas local. Firmino había sido deglutido por la cohesión de la defensiva rival y Salah inutilizado. No despegaba la maniobra del Liverpool, trompicada por la exhibición solidaria de todos los peones 'atléticos'. Restaban algo menos de 25 minutos para la conclusión y los rojiblancos habían vuelto a salir de la cueva. Con Lodi reivindicándose tanto como su entrenador. Precisamente una incorporación del brasileño heló a los visitantes, llegando hasta línea de fondo para regalar a Morata la aparente sentencia de este capítulo. Pero el delantero perdonó, cometiendo un error grosero al asestar una patada al aire con todo a favor. Sea como fuere, la estudiada ocupación de espacios española, variando de alturas, había vuelto a nublar al candidato a todo.

El 'Cholo' añadiría otra vuelta de tuerca a su apuesta: reemplazó a un cansado Morata por 'Vitolo'. El agobio habría sido deshilachado y Lodi descerrajaría un trueno que bordeó el golazo -minuto 72-. Leyó el desplome de sus subordinados el germano y quitó a Salah -inoperante desprovisto de hectáreas- para inyectar la potencia vertical de Oxlade-Chambelain. Y posicionar a Origi en el área -el belga había resultado transparente pegado a la cal, como relevo de Manè-. Y, de inmediato, el delantero centró para la volea de Henderson que lamió la madera. La temperatura de la trama se había disparado. Con los estrategas constreñidos a medir su ambición.

El desenlace vio comparecer a Diego Costa y a Milner -por un ovacionado Correa y por el lesionado Henderson-. Y redondearía la excelsa ejecución el bloque rojiblanco sin sufrimiento. Atisbando transiciones que anestesiarían cualquier resquicio de amenaza isleña. Incluso clausuró el derroche, rebosante de personalidad, relegando a los visitantes a contemporizar y aplazarlo todo para la vuelta. Con chuts desviados de Costa y Thomas como guinda. Los 'Reds' decidieron no exponerse y trazaron circulaciones horizontales, controladoras, para aceptar que su mística no les bastó para herir a la consistencia colchonera. Receta ésta que apeó de esta competición a Barcelona, Chelsea o Bayern y que ha renacido en el día más indicado, para condecorar a Simeone y aleccionar a los escépticos.

- Ficha técnica:

1 - Atlético de Madrid: Oblak; Vrsaljko, Savic, Felipe, Lodi; Koke, Thomas, Saúl, Lemar (Llorente, m. 46); Correa (Diego Costa, m. 76) y Morata (Vitolo, m. 70).

0 - Liverpool: Alisson; Alexander-Arnold, Van Dijk, Gomez, Robertson; Henderson (Milner, m. 80), Fabinho, Wijnaldum; Salah (Oxlade Chamberlain, m. 72), Firmino y Mané (Origi, m. 46).

Gol: 1-0, m. 4: Saúl.

Árbitro: Szymon Marciniak (Polonia). Amonestó al local Correa (m. 45) y a los visitantes Mane (m. 40) y Joe Gómez (m. 58).

Incidencias: partido de ida de los octavos de final de la Liga de Campeones disputado en el estadio Wanda Metropolitano ante 68.000 espectadores.

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