5 de agosto de 2020, 14:58:46
Editorial

EDITORIAL


Sánchez irá a la mesa del diálogo con Torra a cambio del apoyo de ERC



Pedro Sánchez celebrará la mesa del diálogo con Torra y sus secuaces, un minuto después de levantar el estado de alarma. Sin duda, la reunión con los separatistas para charlar de la autodeterminación de Cataluña y la libertad de los políticos presos es lo más urgente de la agenda del presidente del Gobierno.

Hay que reconocer que Sánchez es capaz de todo con tal de no perder una votación en el Parlamento. Mientras se debatía la quinta prórroga del estado de alarma, envió a Lastra y a Echenique a escabullirse entre los escaños del Hemiciclo para pactar con Bildu la derogación de la reforma laboral, aterrado de que algún diputado de Ciudadanos se fuera a tomar un café.

Para la sexta, que acaba de anunciar, no ha tenido reparos en echarse en brazos de los separatistas catalanes y aceptar la exigencia de rendir pleitesía al presidente de la Generalidad para asegurarse la abstención de ERC. Y así, conseguirá su objetivo. Ya el voto de Ciudadanos es irrelevante, pero tampoco eludirá comprarles alguna propuesta para agrandar su nueva victoria.

No es una novedad el cambio de cromos en el Parlamento. Todos los Gobiernos lo han hecho. Pero nadie puede superar a Pedro Sánchez. Es capaz de mezclar la tragedia sanitaria del coronavirus con la reforma laboral, la mesa del diálogo con los separatistas y la “cogobernanza” para seducir a los presidentes autonómicos. La excusa es conocida. El PP le obliga por su falta de lealtad institucional y por poner la vida de miles de españoles en riesgo al rechazar su totalitario mando único. Conviene no olvidar al PNV que ha pactado con todos los Gobiernos y a todos les ha saqueado. Sin ir más lejos, poco después de apoyar los presupuestos de Rajoy, votó a favor de la moción de censura para hacer presidente a Sánchez. Los nacionalistas vascos no le hacen ascos a las prebendas.

Y así, Pedro Sánchez prolongará otros quince días el todopoderoso mando único, al que parece haberse hecho adicto. No será un buen gobernante, pero nadie le gana en el zoco del Hemiciclo. Es el campeón de la compraventa. Y el PNV, Bildu y ERC, sus mejores clientes.

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