12 de agosto de 2020, 2:59:57
Los Lunes de El Imparcial

Ensayo


Iván Krastev: ¿Ya es mañana?


Traducción de Carmen M. Cáceres y Andrés Barba. Debate. Barcelona, 2020. 112 páginas. 14,90 €. Libro electrónico: 7,99 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar


En ¿Ya es mañana? Cómo la pandemia cambiará el mundo, el politólogo búlgaro Iván Krastev aborda el que sin duda alguna ha resultado el fenómeno de mayor trascendencia durante este año y cuyas repercusiones se dejarán sentir en el corto, medio y largo plazo: el COVID 19. El “coronavirus” ha implicado una transformación radical del comportamiento de gobiernos y ciudadanos, viéndose limitados los derechos y libertades de estos últimos con el fin de garantizar la seguridad. Una situación anómala pero ya vivida en épocas nada pretéritas cuando hubo que responder a la amenaza derivada del terrorismo yihadista.

Krastev encara su objeto de estudio sin incurrir en el sensacionalismo ni en el alarmismo. Para empezar, comienza realizando una definición muy sugerente del COVID 19 como “cisne gris”, entendiendo por tal un suceso altamente probable, con capacidad para poner al mundo “patas arriba”, si bien cuando finalmente se ha producido, ha generado sorpresa. Para avalar este punto de vista enumera, por ejemplo, las advertencias lanzadas años atrás por el Consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos o por Bill Gates, quienes avisaron de la llegada de una (inminente) pandemia.

El autor, más que entrar a valorar lo acertado o erróneo de las medidas adoptadas por los gobiernos para responder al “coronavirus”, se decanta por introducir hipótesis de futuro, partiendo para ello de una premisa innegociable: el COVID 19 alterará por completo el mundo en que vivimos. Esta afirmación en ningún caso debe interpretarse como el final del orden liberal, ni conlleva necesariamente que China vaya a convertirse en el actor hegemónico global en detrimento de Estados Unidos.

De hecho, sobre esta última idea, Iván Krastev considera que el panorama para Pekín no se presenta halagüeño debido a la opacidad mostrada tanto en los inicios de la pandemia como durante el transcurso de la misma. En íntima relación con este argumento, estima que en las relaciones bilaterales entre China y Estados Unidos puede producirse un aumento del nivel de dureza.

En lo que atañe al futuro de la Unión Europea, Krastev se muestra escéptico, imputando a aquélla, quizás de manera exagerada, una ausencia de reacción cuando estalló el COVID 19. Así, los ciudadanos depositaron todas sus esperanzas en sus gobiernos nacionales como actores capacitados para responder al “coronavirus”. En efecto, el protagonismo de los Estados se ha puesto de manifiesto, como también lo ha hecho el rechazo de la ciudadanía de las democracias liberales hacia el autoritarismo. Este último hecho condicionará el futuro: En las primeras etapas de la crisis, la gente entregó de buena gana poderes extraordinarios a los gobiernos, pero en el futuro será cada vez menos generosa a medida que la preocupación por la economía suplante a la de la salud pública” (p. 89).

En lo que al panorama económico se refiere, quizás sea donde las repercusiones del “coronavirus” se han detectado de manera más inmediata. Krastev subraya la aparición de una “generación C”, la cual “será la más afectada por la pandemia, ya se trate de bebés recién nacidos, niños, estudiantes universitarios o los que están intentando acceder ahora a su primer trabajo. Es posible que esa generación acabe creciendo en una recesión catastrófica” (p. 51). A nivel de las naciones, las desigualdades se han acentuado, lo que augura un futuro sombrío para los países del hemisferio sur, si bien la respuesta global en ningún caso deberá basarse en el proteccionismo.

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