12 de mayo de 2021, 11:14:39
Opinión


Espionaje en el Vaticano

Antonio Hualde


Ya desde los antiguos tiempos de la Iglesia, la clandestinidad fue una de las señas de identidad de los cristianos primigenios. Las reuniones secretas en la antigua Roma estaban a la orden del día; había que actuar con sigilo. Custodia desde siempre de valiosas informaciones, la historia de la Iglesia va indefectiblemente unida a un cierto halo de misterio, relacionado con algunas de sus actividades. ¿Alguna vez se han preguntado si existe un servicio secreto como tal en la Santa Sede? Pues, efectivamente, existe, y responde al nombre de Santa Alianza. Su creación se debe al papa Sixto V, a mediados del siglo XVI, y su propósito no era otro que el de vigilar las actividades de los protestantes ingleses partidarios de Isabel I. Precisamente, se llamó “Santa Alianza” en honor a la que mantenían la reina católica escocesa María Estuardo y el propio estado vaticano.

¿Y contraespionaje? También. Se denomina Sodalitium Palatinum, y es algo más moderno, pues nace ya en el siglo XX, a iniciativa de Pío X. Por cierto, el encargado de ponerlo en funcionamiento fue un cardenal español, Rafael Merry del Val. Pero si hay algo que se lleva la palma en cuanto a intrigante y desconocido fue el Russicum. Muy poco se sabe sobre lo que es el departamento más arcano de la Santa Alianza. De hecho, todos los documentos que guardan relación con él están depositados en el Archivo Secreto del Vaticano. Dicho departamento tenía como misión principal formar a los sacerdotes que posteriormente serían introducidos en la antigua Unión Soviética de manera clandestina. Su entrenamiento previo era durísimo; se les recluía en monasterios donde realizaban una auténtica inmersión cultural: aprendían a hablar ruso, escribir en caracteres cirílicos, e incluso su menú estaba compuesto por platos típicos de la cocina rusa. Algunos de ellos llegaron incluso a saltar en paracaídas sobre territorio soviético, para mezclarse con la población, y celebrar misa a escondidas. Más de uno fue ejecutado por el KGB, cuando no recluidos en los tristemente célebres GULAG, campos de concentración soviéticos magistralmente descritos por Solzhenitsin

Se ha dicho siempre que la información es poder. Hoy las nuevas tecnologías son un elemento fundamental a la hora de estar bien informado, pero algunos medios tradicionales siguen teniendo un gran peso. Como por ejemplo, las cartas manuscritas. Si, porque puntualmente, los nuncios -embajadores del Vaticano destacados en los países con los que la Santa Sede mantiene relaciones diplomáticas- han de enviar un informe detallado, de su puño y letra, detallando en el mismo todo cuanto de interés acontece en el lugar donde se hallan destinados. Un volumen de conocimiento que bien merece ser tenido en cuenta.
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