7 de mayo de 2021, 20:46:05
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Nuevos datos sobre la enigmática muerte de Juan Pablo I, el Papa de los 33 días

Efe


La muerte del Papa Juan Pablo I a los 33 días de pontificado ha estado siempre rodeada de polémica y muchas son las teorías que sugieren que su fallecimiento no se debió a causas naturales. Ahora, el pianista y escritor Luis Bravo confronta en una obra las tesis sobre este acontecimiento histórico y reclama una investigación.

La mañana del 29 de septiembre de 1978 el mundo entero se despertó con la inesperada noticia de la muerte de Juan Pablo I. A los 65 años moría de manera repentina Albino Luciani tras protagonizar uno de los papados más breves de la historia (tan sólo 33 días) y con su muerte nacían también múltiples teorías que contradecían la versión oficial.

Un infarto fue la causa de su muerte, según informó entonces el Vaticano que, como es habitual tras la muerte de un papa, rechazó la posibilidad de realizar una autopsia a pesar de que Luciani murió de madrugada, en su cama, y sin testigos.

En una entrevista a Efe, Luis Bravo Flores señala sin embargo que esa autopsia sí que se realizó y que gracias a ella se supo que el papa había ingerido altas dosis de un medicamento vasodilatador, a pesar de que era hipotenso y de que su médico asegurara que la noche anterior a su muerte había hablado con él y le había encontrado bien.

Más de 20 años lleva Bravo investigando un caso que desde niño le provocaba fascinación y con el que se encontró en sus múltiples viajes como concertista. "Hubo una época en la que por mis viajes coincidí con personas que estaban vinculadas al Vaticano, hablábamos del tema y empezaron a aportarme información comprometida". A partir de entonces se puso a investigar, contactó con algunos testigos de la época y leyó todo lo escrito sobre el tema para poder contrastar la información que le llegaba.

"No sabemos lo que pasó, pero algo pasó", asegura Bravo, que cree que las dudas sólo se despejarán si en el Vaticano aceptan realizar la autopsia.

En su libro "Juan Pablo, ¿estás muerto?", de Ediciones Ruser, Bravo recoge las distintas hipótesis que han surgido tras este hecho, también la oficial, aunque desde su punto de vista ésta presenta importantes contradicciones y numerosos testimonios la desmontan. Entre ellos, el escritor cita a los hermanos que embalsamaron el cuerpo del Papa, a su médico personal y a la propia familia de Luciani que, asegura, todavía dicen no estar convencidos de lo que pasó aquella madrugada.

También ha buceado en el registro de la farmacia del Vaticano, que ese día no dispensó ningún fármaco para el pontífice y otros documentos que relatan que aquel día "pasaron cosas muy raras", como la entrada de operarios para instalar unos timbres en las dependencias del Papa.

Sin animo de "dar carnaza", tal y como señala, pero sí de aportar datos que contradicen una de las últimas investigaciones publicadas hasta la fecha, como la de la vaticanista Stefania Falasca, que en su libro, "Papa Luciani. Crónica de una muerte", desmiente la tesis sobre una posible conspiración y justifica que falleció por causas naturales.

"Me causa duda que aparezcan unos documentos 40 años después y que no hayan aparecido antes o que la publicación esté avalada por el Vaticano, que el prólogo esté firmado por el secretario de Estado... No me parece objetivo", explica. No obstante, asegura que él no defiende que no haya sido una muerte natural, pero sí que pide que se haga una investigación profunda.

Todo esto, sin olvidar el reconocimiento a la figura de este papa que quiso cambiar las estructuras morales, políticas y económicas de la Iglesia y que no pudo hacerlo por su prematura muerte, en una obra prologada por el sacerdote Jesús López Sáez, uno de los principales autores que ha investigado la figura de Juan Pablo I, y con un amplio archivo fotográfico.
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