12 de mayo de 2021, 6:38:21
Opinión

Y DIGO YO


Lo que nos espera con la Ley Celaá

Javier Cámara


No es que el sistema educativo actual sea el mejor que hayamos conocido. Nada más lejos de la realidad. Tampoco lo era el modelo de hace 40 años o el de hace 60. Todos tienen sus cosas malas y sus cosas peores. Pero, al menos, los estudiantes de hace unas décadas nos aprendíamos todos los huesos del cuerpo. ¿Sabe usted, jovenzuelo, dónde está el vómer?

Todos hemos visto mensajes en redes sociales en los que, con cierta sorna, se va haciendo una evolución a través de los años de los modelos educativos según el grado de exigencia a los educandos. Ni se ha demostrado la utilidad empírica de conocer de memoria toda la lista de los reyes godos (excepto para los que aspiran a ganar “el rosco” de Pasapalabra, que es un objetivo muy lícito, especialmente si el bote es de 1,5 millones de euros) ni parece que reducir la capacidad de esfuerzo del alumno casi a cero sea un activo demandado en un proceso de selección de nuevos trabajadores en cualquier empresa, sea cual fuere el objetivo en proyecto.

Podemos reírnos con los memes, pero el asunto es muy serio. La educación, la cultura que se pueda adquirir, el espíritu crítico, en definitiva, la preparación para afrontar la vida con unos valores firmes y nobles está en juego para una generación de españoles. Si dejamos que nuestros hijos vayan al colegio que el Gobierno más sectario de la historia de la España reciente elija, estaremos permitiendo y asumiendo que no aprenderán nada y que saldrán sin capacidad para decidir por sí mismos, adoctrinados y aborregados.

Mucho se está escribiendo de la práctica aniquilación del castellano como lengua vehicular o de que se pueda promocionar de curso con todas las asignaturas pendientes o de la tremenda injusticia que se va a cometer con la educación especial, pero no estoy leyendo tanto sobre las consecuencias que va a tener en un futuro no muy lejano en la sociedad española la Ley Celaá si finalmente se aprueba en los términos expuestos por la ministra socialista de Educación.

A modo de ejemplo, si la nueva ley educativa llega a desarrollarse, nuestros hijos se creerán todo lo que diga Fernando Simón o se informe en RTVE o se publique en el CIS o se censure en el ‘ministerio de la verdad’ sin cuestionarse si es una barbaridad o simplemente un mensaje interesado y con el filtro del Gobierno. Del mismo modo, nuestros vástagos aceptarán sin rechistar un estado de alarma casi permanente que da pleno poder al presidente de coalición y no sabrán valorar si eso es bueno o malo, solo se quejarán porque les prohíben el “botellón”.

Qué nadie se sorprenda, pero como no se habrá estudiado la Historia reciente de España que al Ejecutivo le interese blanquear, nuestros estudiantes inmersos en la Lomloe no verán nunca con los ojos de los que conocen el pasado de ETA lo indigno que de hecho es pactar con formaciones políticas que justifican el asesinato para convencer de sus ideas. Por eso será bien visto que el presidente y, especialmente el vicepresidente del Gobierno, se muestren favorables a negociar, cuando la situación lo requiera, con EH Bildu, partido que no condena la violencia terrorista y que se ríe de España y sus instituciones.

Las asignaturas a estudio no escaparán ninguna al control estrecho de lo políticamente correcto, de lo estipulado desde el punto de vista progresista, y la nueva hornada de trabajadores y empresarios de este querido país en declive no serán capaces de discernir si algo es justo o no, si un juez indultando a golpistas es justo o no y si la separación de poderes tenía que ver con la labor de magistrados y fiscales o se trata de la última serie de superhéroes de Netflix.

Un sistema educativo que “fabrica en serie” individuos adoctrinados y sin alma es el instrumento perfecto para crear una sociedad anestesiada que asimile sin cuestionar en modo alguno todas esas cosas que Sánchez hace únicamente por interés personal y luego, si le conviene, de partido. O se frena la Ley Celaá o esto es lo que nos espera.

Espero enseñar a mi hija a pensar, que no es poca cosa, pero también a dudar de lo que te cuentan, que el sentido común no tiene nada que ver con el comunismo, que no se puede vivir del aire y sin dar un palo al agua, que hay que esforzarse para conseguir lo que quieres, que huya de los parásitos que solo aspiran a vivir de 'papá Estado', que si paga muchos impuestos es porque hay alguien que no paga nada y que si está rodeada de pobres es que hay algo que no se está haciendo bien.

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