9 de mayo de 2021, 15:23:29
Los Lunes de El Imparcial

Memorias


Gregorio Marañón Bertrán de Lis: Memorias de luz y niebla


Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2020. 430 páginas. 23,50 €. Abogado, empresario y presidente del Teatro Real, entre otros cargos, Gregorio Marañón Bertrán de Lis, nieto del insigne médico y humanista, comparte con nosotros su brillante trayectoria en unas memorias escritas con precisión, elegancia y amenidad. Por Carmen R. Santos


Recuerda Gregorio Marañón Bertrán de Lis (Madrid, 1942) una jugosa anécdota que le contó Juan Lladó. Quien fue presidente del Banco Urquijo tuvo un encuentro con Manolete a instancias de éste que deseaba pedirle consejo sobre la mejor manera de invertir su dinero. Tras escuchar las recomendaciones, el diestro quiso pagarle sus honorarios por su asesoramiento, a lo que Llado respondió: «Maestro, en pago sólo le pido que, a su vez, usted me explique en qué consiste el arte de torear». El gran espada, moviendo el brazo en el aire, como si estuviera ante un astado, le dijo: «Se coge la muleta, se cita... y se embarca al toro, corriendo el brazo para darle el pase». Lladó le insistió: «¿Sólo eso?» y Manolete le matizó: «Eso y un poquito más». En el toreo de la vida, en todos los frentes profesionales y personales -e incluso diríamos que colectivos-, hay que lanzarse al ruedo, coger la muleta y, sobre todo, no escatimar esfuerzos ni arrojo en ese «poquito más». Gregorio Marañón Bertrán de Lis así lo ha hecho, con el resultado de una valiosa y fructífera trayectoria que hoy, inmerso, como confiesa, en «un largo período de plenitud» comparte generosamente con nosotros, los lectores de estas fascinantes Memorias de luz y niebla que se presentan el próximo jueves 10 de diciembre a las 19:30 h. en el Teatro Real en una conversación entre su autor y el periodista Iñaki Gabilondo que podrá seguirse por su canal en Youtube.

Hace unos años, el abogado, empresario y académico nos invitaba, en Memorias del Cigarral 1552-2015, a una privilegiada visita al toledano Cigarral de Menores, que también aparece en su nuevo libro, que en 1921 adquirió y restauró su abuelo, Gregorio Marañón, y por el que pasó lo más granado de las generaciones del 98, del 14 y del 27. Luego, se convirtió de alguna manera en sosegado refugio para su descendiente, aunque nunca torre de marfil, pues su habitante siempre está atento a cuanto sucede en el tiempo que le ha tocado vivir. Un tiempo del que ha sido, y es, no sólo testigo sino también protagonista de muchos de sus momentos decisivos. Precisamente, su abuelo, el reconocido médico y humanista, fue su principal guía, de quien, nos dirá, “compuso con mi abuela Lola Moya la más preciosa historia de amor y vida que he conocido”. De él ha heredado su talante liberal, tolerante, abierto, y valiosas enseñanzas como cuando, ya enfermo, aunque trabajando con normalidad, rememora una conversación juvenil que tuvo con su abuelo: «“Si algo he aprendido en la vida -me resumió- es la prevalencia de la bondad sobre la inteligencia”. Con diecisiete años, su afirmación, categórica, me sorprendió. Me cegaba entonces el resplandor de la inteligencia, pero más tarde llegué a su misma convicción, y así se la he transmitido a mis hijos».

Arrancan estas Memorias de luz y niebla con sus orígenes, para luego a lo largo de varios capítulos ir pasando revista a las distintas coyunturas que han ido conformando su andadura vital. Así, los colegios a los que asistió, su ingreso en 1959 en la Facultad de Derecho de la Universidad de Madrid, donde empieza su oposición clandestina a la dictadura franquista, y donde vive experiencias que le marcarán, como su participación en la campaña de alfabetización en la comarca de la Sagra; su entrada en el grupo Tácito, y su carrera profesional comenzada en el Banco Urquijo que después seguiría desarrollando como abogado y empresario en diferentes cargos y cometidos de responsabilidad. Un itinerario sobresaliente surcado sobre todo por su decidida apuesta por la cultura, que, desgraciadamente, en nuestra nación es siempre la cenicienta: «En España la cultura no tiene la consideración social y política estratégica que debiera, como sí sucede en Francia, Alemania y otros países de nuestro entorno. Se olvida su valor identitario su generación de riqueza y empleo, y su oferta de un ocio que comporta también ese espíritu crítico y utópico que las sociedades democráticas precisan», como bien recalca Marañón Bertrán de Lis. En los últimos tiempos, en este ámbito cultural, destaca su presidencia en el Teatro Real y en la Fundación José Ortega y Gasset-Gregorio Marañón.

Y si rotunda es su predilección por la cultura, junto a poner en valor la amistad y el sentimiento religioso, igualmente es firme su decisión de no dedicarse en primera línea a la política, pese a que le tentaron en varias ocasiones y desde diferentes ideologías. En este campo, nos revela también la influencia de su abuelo: «He hecho mío su entendimiento del liberalismo como conducta: “Ser liberal -escribió- es estar dispuesto a entenderse con el que piensa de otro modo y no admitir jamás que el fin justifica los medios”». Desde esta postura reivindica la Transición, algo que hoy resulta especialmente necesario, atacada por extremismos de uno y otro signo y pulverizado el consenso. Ejemplo flagrante lo estamos viendo hoy todos los días en medio de la terrible situación provocada por la pandemia: «Muchos de nuestros representantes, lejos de buscar la mejor manera de cooperar entre sí en beneficio de los ciudadanos, se comportan de manera dantesca, casi guerra civilista. Su falta de entendimiento y de diálogo resulta injustificable». En esta denuncia sin duda concuerda la inmensa mayoría de los españoles.

Para disfrutar de la impagable riqueza de estas memorias, de estilo preciso, elegante y ameno y que incluyen un acertado material gráfico, hay que adentrarse en sus páginas y recorrer, al lado de su protagonista, ese camino de luz y niebla -inevitable en todo discurrir vital-, que nos relata. Ortega nos dejó claro que el hombre es novelista de sí mismo y ha de decidir su destino. En esta obra, Gregorio Marañón Bertrán de Lis nos muestra en primera persona ese lúcido aserto orteguiano. Y, sin duda, en la novela de su vida aún le quedan brillantes páginas por escribir.

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