17 de abril de 2021, 15:36:47
Los Lunes de El Imparcial

Novela


Miguel Ángel Oeste: Arena


Tusquets. Barcelona, 2020. 304 páginas. 18 €. Libro electrónico: 9,99 €.

Por Soledad Garaizábal


“Tendría unos diez años cuando mis padres dejaron de abrir el restaurante a la hora de comer. Solo abrían por la noche. Cuando llegaba cansado, andando desde el colegio, muchas veces me los encontraba tirados, durmiendo. Otras veces no estaban. Sabía que habían salido porque la casa olía de otra manera cuando estaba vacía. Sus respiraciones eran miasmas, animales moribundos. Cada día me demoraba más en llegar”.

La infancia de Bruno está llena de malos recuerdos. Es un hijo único que prácticamente se ha criado solo, asistiendo a diario al lento espectáculo de la destrucción de sus padres, con la tragedia pegada al gotelé de la casa en la que nunca encontró protección. Ahora es casi ya un hombre, “un adulto con un niño muerto dentro”, que atraviesa esos años difíciles de la primera juventud, cuando uno intenta hacer su propio camino, cuando te agarras con urgencia a todo lo que parece traer consigo una promesa de felicidad y buscas incesantemente, hasta el agotamiento, tu lugar. El protagonista de Arena, la última novela de Miguel Ángel Oeste (Málaga, 1973), pasa este verano tórrido de principios de los noventa arrastrando su agobio vital por el paseo marítimo y el barrio del Pedregalejo de Málaga, entre inexistentes o malas compañías.

Los bares, las discotecas, el sexo fugaz, las drogas y los compañeros de fatigas son los principales ingredientes de los que puede echar mano para calmar la búsqueda constante de cualquier cosa que ayude a tapar tanto vacío. Solo para “seguir tirando”, ante la falta completa de horizontes, calle Practicante Pedro Román arriba, calle Bolivia abajo, con un calor asfixiante, hasta comprender las verdaderas dimensiones de la derrota que encierra su pasado, de dónde viene, y sin querer plantearse a dónde va.

Despierta con resaca en una casa vacía, enferma de drama, en la que hasta las paredes parecen sudar desgracia. Mal dormido, mal comido, todavía drogado. Entretiene el tiempo en leer cómics, ver una película en el cine Los Galanes, contemplar desde lejos la felicidad de los demás, de las “familias arregladas” que comen espetos. Ve pasar a la gente sentado contra el muro del paseo marítimo, allí con el Bocina, el Pipo o el Manco, haciendo planes para seguir malgastando vida. Cuando parece que la novela va a llevarte por los trillados terrenos de la rebeldía juvenil y las locas aventuras de verano, de fiesta en fiesta haciendo el tonto, empieza a salir a flote la verdadera dimensión psicológica de la obra.

De ligera y refrescante no tiene nada. Los ochenta breves capítulos son como ochenta cubos de arena que van cavando un agujero cada vez más profundo. Con frases muy cortas, a veces reducidas a una sola palabra, Oeste va sacando toneladas de arena, a paladas en el hoyo de los malos rollos, en un ejercicio constante de describir malas sensaciones hasta tocar fondo. Las cosas pintan cada vez peor.

Oeste es muy aficionado al cine. Además de las novelas Bobby Logan, nombre de una mítica discoteca de Málaga de esos años (hoy oficina de empleo), y Far Leys, que bucea en la vida del músico Nick Drake, también ha escrito cuentos y libros sobre el Séptimo Arte y forma parte del Comité de Dirección del Festival de Cine de Málaga y de la Semana de Cine de Melilla. A Bruno, su protagonista en Arena, también le gustan las películas. A veces le parece que cabalga como Ethan Edwards, el personaje interpretado por John Wayne en Centauros del desierto, errante durante años, de la tristeza a la desgracia.

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