12 de abril de 2021, 2:26:54
Los Lunes de El Imparcial

Novela


Jordi Amat: El hijo del chófer


Tusquets. Barcelona. 2020. 252 páginas. 17,57 €. Libro electrónico: 9,49 €

Por Daniel González Irala


Concebida en torno a la deslegitimación del pujolismo y la denominada Transición democrática española, y armada en torno al personaje de Alfòns Quintà (1943-2016), el hijo del chófer de Josep Pla, intelectual de renombre que defendía premisas, al parecer, más españolistas que catalanistas, y al que por ello se encuadra dentro de lo que el autor considera la fortificación o Camelot Pla, es decir, su propia casa de campo, donde Josep Quintà juega un papel fundamental, constituye esta novela periodística un cúmulo de registros que lejos de esclarecer la verdad (“¿por qué nadie dice la verdad? Él cree que la dice, siempre, sin asumir que la verdad nunca se puede decir completa porque no se puede decir todo al mismo tiempo”), es plenamente consciente de partir de una premisa subjetiva pero no por ello menos veraz, de los hechos narrados, cuyo estilo cortante y económico con el lenguaje, recuerda al de los mejores thrillers cinematográficos o seriados.

Ya con dieciséis años, Josep ve vagabundear sin oficio ni beneficio a un hijo huraño y solitario que tras terminar el instituto piensa en meterse a marino mercante y estudiar Empresariales; este primer sueño acaba hecho trizas debido a su primera -y no última- novia, cuya ruptura le hace caer en graves, delirantes y violentas psicosis que serán cada vez más frecuentes conforme empiece a relacionarse con una burguesía política barcelonesa que no es precisamente la creme de la creme.

Son muchos los personajes que sonarán al lector avisado; desde Cebrián, Polanco, Roures o Ramírez a Jordi Pujol (su padre y sus hijos), Mas, Tarradellas, Ortínez, Valls Taberner, Josep Benet (a quién Amat dedicó otro libro) o Calaf, y esto es debido a la militancia nacionalista de Alfòns, quién sólo debido a ella y a unos pobres estudios de Periodismo que le colocan en el medio local Tele Express, saca unas informaciones en prensa que comprometen a raíz del escándalo por comisiones de Banca Catalana, primero todo un juicio procesal en torno a los sucesivos presidentes de la Generalidad.

Y después y gracias a los fondos económicos obtenidos fraudulentamente y no intervenidos, la fundación del arma electoral más importante (concebida entre los gobiernos de Calvo Sotelo y González) que será la televisión pública TV3, donde Alfòns Quintà llegará a su particular cénit profesional, siendo un auténtico tirano en las selecciones de personal, todo ello para dar la imagen de que no podía ser el proyecto una paletada regionalista, sino un medio moderno y cosmopolita, que además se llegó a financiar con capital británico y estadounidense.

Indigna ver cómo Alfòns va trepando omnívoramente y cómo es así igualmente como se licencia en Derecho sin apenas poder ir a clase, usando en su carrera en prensa sus influencias de manera más que capciosa hasta el punto de provocar en su mentor Josep Pla (aunque esto es discutible) la enfermedad de la anorexia nerviosa que acabó con sus días.

En este sentido, es interesante estudiar la patología del personaje desde Freud, y es que “cree que la figura del héroe es la de quién rompe con su padre y todo lo que representa la paternidad”. También lo hará Amat posteriormente desde las tesis de la filósofa y politóloga Hannah Arendt sobre la banalidad del mal.

Debe y mucho por cierto este Alfòns Quintà al personaje que ya en 2014 construyó Javier Cercas en El impostor, Enric Marco. Además de ser los dos personajes reales, aquí el protagonista es un acosador sexual reincidente de libro, cosa que en Marco nos llegaba sobre todo a través de su mitomanía.

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