28 de julio de 2021, 15:48:37
Los Lunes de El Imparcial

Novela


Benjamin Black: Quirke en San Sebastián


Traducción de Miguel Temprano García. Alfaguara Barcelona, 2021. 312 páginas. 19,90 €. Libro electrónico: 9,99 €. En la octava entrega de la serie Quirke, creada por el escritor irlandés, el popular patólogo viene de vacaciones a nuestro país, pero los días de asueto se convertirán en una vuelta de tuerca de un caso de Quirke en el pasado. Un gran “thriller” que ofrece mucho más. Por Carmen R.Santos


Quirke en San Sebastián, la octava entrega de la serie protagoniza por el forense Quirke, el popular personaje creado por Benjamin Black (Wexford, Irlanda, 1945) -nombre, como es sabido, que utiliza John Banville para sus thrillers-, arranca con una frase sorprendente e impactante: “A Terry Tice le gustaba matar gente”. Terry Tice no se considera a sí mismo un psicópata, es un singular asesino a sueldo, que busca el porqué de su “trabajo” y elabora pintorescas excusas: “La mejor respuesta que se le ocurría era que lo hacía para poner orden, para dejar las cosas en su sitio. Le contrataban para matar a personas que se habían metido donde no debían y había que quitarlas de en medio para que el negocio pudiera seguir adelante sin problemas. O eso o estaban de más, y esa era una razón igual de buena para librarse de ellas”. A la primera persona “que quita de en medio” es a la madre de Percy Antrobus, que entra en su vida por azar y que nada más iniciar una retorcida relación le hace ese siniestro encargo, con el propósito de heredar.

La historia de Terry Tice va apareciendo en la novela de manera paralela e intermitente a la trama principal, con la que en algún momento se cruzará. En la intriga dominante nos encontramos con el forense y su mujer, la psiquiatra austriaca y judía Evelyn Blake que perdió a familiares en los campos de exterminio nazis -un asunto del que no quiere hablar-, pasando unas vacaciones en San Sebastián, en los estertores del franquismo. Quirke se halla en una circunstancia dulce de su complicada existencia. Atrás quedaron crisis, angustias y zozobras. Evelyn, a quien conoció en una etapa especialmente crítica de su vida -como vimos en Las sombras de Quirke-, entiende su nada fácil carácter, que parece anclado en una permanente infelicidad, y le ha proporcionado estabilidad sentimental. Y, sobre todo, el patólogo ha logrado vencer su salvaje adicción a la bebida, que le llevó incluso a padecer episodios de delirium tremens, como se recuerda ahora, en una época en la que estaba “convencido de estar bajo el control de una multitud de criaturas con numerosas patas”, y “dando tumbos por un mundo fantasmagórico”.

Así, Quirke y su esposa se las prometen muy felices, aclimatándose a la relajación, en una “soñolienta melodía de sus días, de sus noches bañadas por el mar”. Les acompañamos a lo largo de sus caminatas por el paseo marítimo de Donostia, disfrutando de sus paisajes y gastronomía y Quirke se permite tomar unas copas de txakoli, palabra que aprendió a pronunciar enseguida.

Pero, ¿el pasado es solo eso, pasado? Quirke sufre un pequeño accidente al abrir unas ostras y debe ir al hospital con una mano herida. Allí le atiende la doctora Angela Lawless, que es irlandesa como Quirke. Sorpresivamente, y sin dar ninguna explicación, la médico sale de escena y se ocupará de él el doctor Jerónimo Cruz. Quirke cae en la cuenta de que antes había visto a la pareja en el bar Las Arcadas. Y no solo eso. Se acrecienta su sospecha de que Angela Lawless no es una desconocida. Piensa que se trata de April Latimer, cuya desaparición investigó en En busca de April. La joven April había desaparecido y todos los indicios apuntaban a que fue asesinada presuntamente por su hermano. Sin embargo, el cadáver nunca apareció. ¿Es posible que no hubiera muerto? “Si April estaba viva, ¿a quién había querido engañar con ese truco de hacerse pasar por muerta. Tal vez no le hubiera quedado más remedio que desaparecer. Tal vez corriese un peligro mortal y hubiera huido para salvar la vida. Pero ¿quién podría quererla muerta? ¿Y por qué razón su hermano habría fingido que la había asesinado, antes de acabar con su propia vida?”, se pregunta Quirke. Quirke y su mujer invitan a Angela Lawless y a Jerónimo Cruz, conjeturan que son amantes, a una cena en la que ella se comporta de forma extraña, lo que no hace más que acrecentar el misterio.

Quirke le pida a su hija Phoebe -con la que durante mucho tiempo mantuvo una tormentosa relación-, amiga de April, para que vaya a San Sebastián y le ayude a desentrañar el enigma. Phoebe acude a su llamada, pero antes de trasladarse realiza algunas averiguaciones y va a ver a un amigo de su padre, el comisario Hackett, quien decide que vaya también al País Vasco el inspector Strafford, que no es precisamente santo de la devoción de Quirke. ¿Quién da más?

¿Cuál es la verdad del caso de April Latimer que ahora resurge en esta nueva entrega de la serie Quirke? ¿Se ha refugiado en nuestro país -April in Spain es el título original de la novela-. Benjamin Black/John Balville, que ha visitado España en varias ocasiones y tiene en su haber numerosos premios, entre otros el Príncipe de Asturias, vuelve a servirnos una novela, que, sin olvidar los elementos del thriller, va mucho más allá. No en vano Benjamin Black y el estilista John Banville son uña y carne.

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