20 de junio de 2021, 14:59:08
Los Lunes de El Imparcial

Ensayo


Ignacio Peyró: Ya sentarás cabeza


Libros del Asteroide. Barcelona, 2020. 576 páginas. 24,95 €. Libro electrónico: 9, 99 €.

Por Carlos Abella


He aquí un libro y un autor revelación. Libro original, a la vez memoria, ensayo, evocación histórica, diario. Y escrito con una pluma prodigiosa, fluida, rica en metáforas en el curso del relato, en la variedad temática, en el planteamiento del autor respecto a lo relatado, de forma que aun siendo él mismo el protagonista de los hechos narrados, consigue que parezca que narra la peripecia vital de otra persona, que se llama como él y a quien se recurre por su facilidad, erudición y brillantez para escribir discursos, notas, frases, y lo que sea.

Ignacio Peyró (Madrid 1980) es el autor revelación de estos ultimos años, y en mis manos tuve estas navidades su libro Comimos y bebimos. Notas de cocina y vida, también editado en Libros del Asteroide y ya quedé seducido por la originalidad del título y la forma de afrontar nuestras debilidades sólidas y liquidas, porque en Ya sentarás cabeza, siempre está presente el factor placentero de los puros, los vinos, la cocina sea francesa o italiana, de forma que consigue deslumbrar a quien como yo sigue aferrado a los placeres, hoy proscritos por tanta propaganda anti todo. Y quiero aludir a un par de ellas que merecen ser calificadas de memorables. Asi en la página 467 escribe: “El Yquem fue un vino elegante antes de que los millonarios rusos comenzaran a bebérselo a morro”. En la misma página se refería de esta memorable manera a otro vino, en este caso español y de Rioja: “El Viña Real de 1966 ya era un vino de edad reverente cuando uno nació: ahora, cuarenta y cinco años después, uno da en pensar que está más cerca -por ejemplo- de la segunda guerra mundial que del 2011 de las revolucione árabes. …el Viña Real de 1966 lo ha aguantado todo en el claustro de una cava, esperando a aquellos que fuimos a beber un vino –magnifico- cosechado por manos que están muertas”.

Peyró, me ha recordado en muchos momentos a los grandes del género culto, pero por divulgador y no por pedantería. A Néstor Luján, capaz de seducirnos con un simple viaje al Restaurante Hispania de las Hermanas Rexach en Arenys de Mar o la Borgoña, hablando de vides, de costumbres monacales, de cosechas históricas o de maneras de concluir un colosal almuerzo con un Calvados. De Luján dice:” Lo sabía casi todo y como ya no sabe las cosas casi nadie” (página 425). O a Plá, que en un viaje en autobús de Pals a Sant Feliú de Guixols era capaz de evocarte la historia de las estrellas, la entraña del Empordá y la sinrazón de la Tramontana. En esa línea de narradores que describen magistralmente lo que ven, hay pasajes en este libro que son deslumbrantes, como es la visita al pazo de un Mario Conde, ya alejado de su ambición, que ocupa cinco páginas del libro, -de la 392 a la 396-, la entrevista con una altiva secretaria general del PP en la planta séptima de la calle Génova, o la sumisión que había que adoptar en una reunión del comité de redacción del diario La Gaceta cuando lo dirigía el que él califica de irascible Carlos Dávila. Es exquisita también la descripción de Alejo Vidal Quadras al que conoce de sus coincidencias en el programa El gato al agua: “Alejo nunca ha intentado ganarse las simpatías de nadie; para eso tendría que tener un punto de humildad que no tiene” (página 376).

Algunas de sus reflexiones son de una gran sencillez pero a la vez de una notable hondura como cuando dice: “A escribir hay que venir llorado” (página 398), o “una pequeña decencia del escritor consiste en no ir demasiado de escritor” (página 16). Peyró deja en varias ocasiones muestras de su agudeza al describir: “Haber hecho de la antipatía una especie de carisma es la gran contribución de Mourinho a la vida pública española. Es más o menos la estrategia opuesta a la seguida por Rodríguez Zapatero que con sonrisa o sin sonrisa no van a hacer nada bueno por nadie” (página 470). Y me ha complacido la observación de la página 317: “Pero llama la atención como en Polonia en tantas ocasiones, fue la fe la que defendió los valores de la razón”. Peyró se atribuye una digna condición de “mercenario” de la pluma, y la pone al servicio de unos y de otros, para lo mismo engatusar a unos infelices manchegos en campaña electoral como a un auditorio experto en misiles tierra-aire. Hay en el libro una medida dosis de su sentido del humor y el título es un hallazgo y prueba de ello.

Y de su paso por el periodismo del combate diario y de la cancha política nos transmite una lección tan elemental -y tan de actualidad- como no mencionada jamás por profesional alguno: “Las fuentes que suelen filtrar informaciones a los periodistas no responden a modelos angélicos de conducta humana; más bien hay que buscar entre los despreciados, los resentidos, los rencorosos y los vanidosos”.

Concluyo: este es un gran libro de referencia de este tiempo escrito con la calidad, la inteligencia y la hondura literaria de otro tiempo.

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