21 de junio de 2021, 8:40:24
Los Lunes de El Imparcial

Memorias


Barack Obama: Una tierra prometida


Varios traductores. Debate. Barcelona, 2020, 928 páginas. 27,90 €. Libro electrónico: 14,99 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar


En Una tierra Prometida, Barack Obama nos ofrece el primer volumen de sus memorias. Con independencia de la imagen que del expresidente norteamericano tenga el lector, nos hallamos ante un documento de inmenso valor por dos razones complementarias. Por un lado, porque refleja el ideario (político, económico, social) del protagonista. Por otro lado, porque hace un recorrido tanto por la historia de su país como por el escenario global que le tocó encarar, si bien priorizando el periodo 2008-2011.

En efecto, esta primera parte concluye con un acontecimiento nada baladí: la muerte de Bin Laden a manos de un comando militar especial de Estados Unidos. El aludido terrorista había sido el artífice intelectual de los atentados del 11-S, sin olvidar que había mostrado una notable capacidad para adoctrinar y radicalizar a amplios sectores de la ciudadanía (particularmente musulmana, cabe apuntar). Hasta llegar ahí, Barack Obama nos enseña todo su reportorio de ideas a través de una exposición cronológica en la que combina adecuadamente anécdotas personales, descripciones pormenorizadas de sus diversos interlocutores y hechos concretos que marcaron su trayectoria.

El autor no es capaz de desprenderse del aura de mesianismo que siempre le ha rodeado. Es más, podemos afirmar que no solo no lo intenta, sino que parece sentirse cómodo asignándose varias tareas de enjundia. A modo de ejemplo de esta afirmación, cuando sopesaba si se presentaba como candidato en las primarias demócratas sostuvo: “Sé que el día que levante la mano derecha y jure ser el presidente de Estados Unidos, el mundo empezará a mirar a este país de una manera diferente. Y sé que todos los niños de América (niños negros, hispanos, niños que no encajan) se verán a sí mismos también de una manera diferente, se expandirán sus horizontes, se ampliarán sus posibilidades” (p.92).

No obstante, también es cierto que reconoce la dificultad para implementar algunas de sus metas (reforma sanitaria, plan de estímulos para reactivar la economía o leyes destinadas a preservar el medio ambiente). Este eje argumental, que permea por todo el libro, adquiere entidad propia en tanto en cuanto nos describe los parámetros en los que se desarrolló la competencia partidista en su país a partir de 2008. Al respecto, de manera general se aprecia una radicalización cada vez mayor, cuya responsabilidad imputa al Partido Republicano (con la emergencia del Tea Party), una formación en la que se atisbó desde ese instante un populismo que adquirió entidad propia durante el liderazgo de Donald Trump.

Sin embargo, debemos indicar que el autor también muestra su disconformidad con ciertos comportamientos del Partido Demócrata, en particular por la posición de un amplio sector del mismo cuando apoyó la intervención en Irak en 2003: “Mis convicciones sobre política exterior -y ciertamente también mi oposición a la invasión de Irak- estaban en deuda casi en la misma proporción con la escuela realista […]. Con frecuencia sorprendía a las personas al nombrar a George H.W. Bush como uno de los presidentes cuya política exterior admiraba. Bush, junto a James Baker, Colin Powell y Brent Scowcroft, habían gestionado hábilmente el final de la Guerra Fría y el exitoso desarrollo de la Guerra del Golfo” (p. 261).

En este sentido, la distinción entre las guerras de Afganistán (de necesidad) y la de Irak (de elección) se aprecia con nitidez a lo largo de la obra que tenemos entre manos. Ambas contiendas demandaron un espectacular esfuerzo humano y económico e influyeron significativamente en los planes de política doméstica que tenía en mente Obama. En efecto, no olvidemos que nada más acceder a la presidencia, hubo de afrontar la crisis económica global: “El mercado bursátil había perdido el 40% de su valor. Había expedientes de ejecuciones hipotecarias sobre 2,3 millones de hogares. El presupuesto de las familias había caído un 16% […]. Y no habíamos tocado fondo. Como la gente ya había empezado a sentirse pobre había dejado de gastar, de la misma manera que la acumulación de pérdidas había provocado que los bancos dejaran de otorgar préstamos” (p. 281).

Finalmente, ¿cómo percibe a su país en el panorama internacional? En este apartado Obama se aleja de las medias tintas. Así, recalca el liderazgo de Estados Unidos, al que él no renuncia, a la hora de construir un orden liberal (internacional). Esta afirmación la compatibiliza con críticas hacia ciertas relaciones de Washington con regímenes poco dados a garantizar los derechos humanos, como por ejemplo Arabia Saudí, nación a la que acusa de acelerar un movimiento fundamentalista transnacional que despreciaba las influencias occidentales” (p. 434).

En definitiva, una obra de obligada consulta que exigirá la lectura de la segunda parte de las memorias cuando las mismas se publiquen, en tanto en cuanto en dicho potencial libro con total seguridad el expresidente profundizará en aspectos, temas y personajes que adquirieron trascendencia a partir de 2012. Su posición hacia algunos de ellos ya se percibió durante el periodo 2008-2011, destacando el creciente antagonismo con Rusia (a pesar del leve acercamiento experimentado durante el gobierno de Medvedev), el escepticismo hacia China y sus prácticas comerciales, sin olvidar el temor y la cautela hacia Irán y su programa nuclear.

El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2021   |  www.elimparcial.es