19 de septiembre de 2021, 0:15:15
Los Lunes de El Imparcial

Novela


Lorenzo Silva: Castellano


Destino. Barcelona, 2021. 368 páginas. 20,90 €. Libro electrónico: 9,99 €. El escritor madrileño se adentra en la revuelta de los comuneros, con afán reivindicativo del movimiento, derrotado en la batalla de Villalar, que se libró el 21 de abril de 1521, en un libro singular que aúna novela histórica, ensayo y confesión personal de su identidad castellana. Por Adrián Sanmartín


Se cumplen en 2021 los quinientos años de la revuelta de las Comunidades de Castilla, un movimiento que ha hecho correr ríos de tinta en la historiografía y que ha sido interpretado desde diversos enfoques, a veces enfrentados. Los llamados “comuneros”, liderados por Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado, se alzaron contra el abuso de poder y la presión fiscal del rey, y luego emperador, Carlos I de España y V de Alemania, que, llegado de Flandes, trajo consigo una amplia camarilla de nobles flamencos que la nobleza castellana sintió como una amenaza y decidió oponerse a quien se había autoproclamado monarca, en detrimento de su madre, Juana, motejada “la loca”, a la que los comuneros quisieron convertir en su estandarte, a lo que ella no accedió. Los comuneros lucharon con intensidad, pero las tropas imperiales los derrotaron en la batalla de Villalar, acaecida el 21 de abril de 1521, y al día siguiente, sus cabecillas fueron decapitados.

Lorenzo Silva (Madrid, 1966), el “padre” de la exitosa serie protagonizada por Bevilacqua, Vila, y Chamorro, dos Guardias Civiles de pro –a los que de momento “ha abandonado”, pero tiene intención de retomar- y tras aparecer recientemente la recuperación de su novela El nombre de los nuestros, sobre el desastre de Annual, se adentra ahora en la historia de los comuneros, con un afán reivindicativo y de homenaje que confiesa a las claras: “En su rebelión contra el emperador, a los castellanos no les aguardaba otro destino verosímil que terminar aplastados. Y aun así se levantaron contra él. El mensaje que su ejemplo nos trasmite no puede ser más nítido. Que tu espíritu no se somete por miedo. Aunque ya no haya una Castilla como la que fue, ni quepa rehacerla, sublévala siempre que veas asomar, no importa bajo qué argumento ni bajo qué coartada, la inconfundible y odiosa silueta del déspota”. Y abunda: “No debe extrañar que cada vez más el grito al que se defiende la obra política de las Comunidades sea el de libertad. La primera, de la que surge el movimiento, es la de no verse sometidos a gravámenes odiosos para sostener los caprichos, errores y dispendios del césar. A partir de esa libertad, de índole fiscal, vienen todas las otras: la de no estar sujetos al abuso de los grandes señores, la de determinar a través de los representantes del pueblo la voluntad del reino. A ellas invitan los comuneros a los castellanos”.

Para este reconocimiento, Silva nos presenta un libro singular, donde con soltura se aúnan la narración, el ensayo y la confesión personal. Así, valiéndose de numerosas fuentes, entre otras trabajos de historiadores, como por ejemplo José Antonio Maravall, Rubén Sáez Abad y Enrique Berzal de la Rosa, que el propio autor consigna en un apartado final de “Agradecimientos” inserta en la obra una novela histórica en la que repasa los hechos de la revuelta, y sus principales protagonistas, como Juan de Padilla, “un hombre generoso y desprendido que da un paso al frente que muchos no osarían dar”. En este sentido, hay que destacar el dibujo de su mujer, María Pacheco, a la que defiende de ciertas acusaciones: “Lejos de creerse elevada a la condición de consorte de un caudillo que planta cara al rey, como la caricaturizarán sus adversarios, ha de sentir el estremecimiento de ser la mujer de un proscrito, a la vez que la madre de un niño sobre cuyo porvenir se ciernen las sombras más espeluznantes”.

La parte narrativa arranca en la primavera de 1520, en la iglesia del monasterio de San Juan de los Reyes en Toledo, en cuyas puertas precisamente presentó Silva hace unos días su nueva obra. En “este templo regio”, un monje franciscano pronuncia un sermón incendiario contra Carlos I y su séquito extranjero: “No les bastó con acaparar oficios y señoríos, arrebatándoselos a quienes por nacimiento y merecimiento valían más que ellos para desempeñarlos. No les bastó con venderlos luego al mejor postor y llevarse el caudal a sus arcas flamencas mientras mantenían bien sujetas las riendas del Gobierno, para mejor expoliar y dividir a Castilla. Ahora se permiten hacer desbarato del reino entero, atropellar a todos cuantos lo habitan, desde el más humilde al más encumbrado, avasallando sus fueros y sus privilegios, sangrando sus venas, agrandando sus contribuciones y pidiendo un servicio que no es para bien de Castilla, sino para sostén de las ambiciones de un solo hombre, que ha olvidado ya lo que no ha tanto jurara, ser de ella mercenario para poder sobre ella regir”. Entre los feligreses que escuchan atentamente la prédica se encuentra Juan de Padilla.

Por otro lado, Lorenzo Silva desgrana en las páginas del libro un ensayo en el que va explicando los acontecimientos y su postura, a la vez que comenta algunas obras, como la célebre colección de relatos Corazón, de Edmondo de Amicis. Igualmente, nos brinda una reflexión sobre la cuestión de la identidad y una profesión de fe de su castellanismo, del que tomó clara conciencia en un viaje “conduciendo bajo una espesa niebla por la A-4, atravesando la Mancha”, acompañado por la música del grupo Nuevo Mester de Juglaría. Ese castellanismo se acrecentó en su estancia en una Barcelona absorbida por el procés, donde le dolían los ataques de algunos hacia “la gente cuya sangre corría por mis venas”.

Un libro, pues, original y cargado de sugerencias en el que invita al lector a formarse su propio juicio, “y me consta que lo hará y así debe ser y no tengo la menor pretensión de evitarlo”.

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