25 de julio de 2021, 14:54:39
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Liga de Campeones. "¿Por qué la jodiste otra vez, Pep?"

M. Jones

Los analistas británicos atacan con todo al inesperado volantazado de Guardiola en la final ante el Chelsea.


'Overthinking'. Algo así como pensar demasiado. Esa es la palabra que persigue a Pep Guardiola y espera a que falle para volver a la superficie de la crítica de los medios de comunicación y analistas del fútbol británico. Al técnico ganador de LaLiga, la Bundesliga, la Premier League y de, entre otros muchos títulos, dos Ligas de Campeones, se le profesa admiración global por su trascendencia en la evolución del balompié. Pero se le atiza con esa acusación cuando se lee el rosario de decepciones que ha protagonizado en la competición europea desde que arribó al Manchester City.

El que fuera distinguido mediocentro del Barcelona de Johan Cruyff y de la selección española ha construido el equipo mancuniano según sus gustos. Fue contratado en febrero de 2016 para tomar el relevo de Manuel Pellegrini. Eso significaba asentar la primacía en el ámbito nacional y catapultar la dimensión mundial del club, batallando para, algún día, levantar la Champions League. Y para ello se le ha otorgado un respaldo temporal atronador y un monto de millones desmesurado (más de 1.000 millones de euros en fichajes).

Desde los inicios de su mandato, se concentró en edificar los cimientos de un proyecto revolucionario en las islas. Quería implantar su estilo combinativo, colorido y de posesión en un paisaje físico, de juego directo, segunda pelota y mucho menos técnico. Rodeó a los talentosos ya presentes de peones rebosantes de calidad y fue eliminando el factor anatómico poco a poco. Y arrinconaría, también, la atención a los refuerzos a los que corresponde la jurisdicción del gol. Entendió que el objetivo era crear una orquesta tan bien hilvanada que fabricaría dianas de forma orgánica. Sin la necesidad de un especialista.

Así las cosas, el planteamiento invirtió, sobre todo, en la zaga y en la creatividad en tres cuartos de cancha. Nunca en el remate. Y las eliminaciones prematuras en Liga de Campeones se sucederían, casi siempre bajo el paraguas de las complicaciones para cerrar con contragolpes rivales y para sentenciar cuando se domina. La ausencia de consistencia en el achique coordinado, el equilibrio táctico y la puntería le penalizaría sin misericordia. Quedando sepultado en octavos de final -ante el Monaco de Kylian Mbappé- y en cuartos -frente al Liverpool de Jürgen Klopp, el sorpresivo Olympique de Lyon y el Tottenham de Mauricio Pochettino-.

En esos recorridos, de manera perenne, adolecerían los 'Citizen' de desatino en ambas áreas. En ocasiones, esbozando el deporte incluso cierta injusticia, si se atiende al resto de parámetro de un partido de fútbol. Al tiempo que conquistaba todo lo ganable en Reino Unido, incluso equipos británicos le apeaban de la pelea por la gloria prematuramente e hincando el colmillo en sus debilidades persistentes. Hasta que en esta temporada, en la que han jugado todos los partidos que podía jugar en potencia salvo uno -la final de la FA Cup-. Esa barbaridad estadística aparentaba conducir, al fin, a lo más alto del Viejo Continente.

Pero este sábado, en Oporto, perdió con holgura ante el Chelsea. Y lo hizo tras haber dado un volantazo inesperado. El técnico pensó que debía amarrar la velocidad del sistema entrenado por Thomas Tuchel a través del monopolio de la posesión. Por ende, apostó todo a la calidad. Sentó a Fernandinho y a Rodri -hecho innovador del todo en su libreto-, sacrificando el rol de mediocentro defensivo, y acumuló la clase de Ilkay Gündogan, Bernardo Silva y Kevin De Bruyne para amasar el cuero y no sufrir con las transiciones londinenses. Y falló con estrépito.

Los desajustes tras pérdida acribillarían al City. En el primer acto, que acabó 0-1 por el gol de Kai Havertz -en un contragolpe de cinco toques-, los 'Blues' no sentenciaron la final por el pobre desempeño finalizador de Timo Werner. El alemán marraría hasta tres disparos nítidos -dos de ellos golpeando al aire en lugar de a la redonda-. Y en la reanudación, ya con Fernandinho en la cancha, Christian Pulisic perdonó la sentencia cruzando demasiado un mano a mano cristalino con el meta Ederson.

Así las cosas, la estadística describe el fruto de la variante pensada por Guardiola: un tiro a portería y ocho llegadas concedidas. La idea del estratega catalán pasaba por gestionar la iniciativa y escudriñar pases entre líneas que dividieran al sólido muro del Chelsea. Pero fijó a dos regateadores como Raheem Sterling y Riad Mahrez como extremos, negándoles el potencial asociativo del que disponen. Colocó a Phil Foden como 'falso 9' y le desconectó del encuentro. Y Gündogan, que era el supuesto pivote ordenador, tendía hasta la mediapunta, generando un desorden mayúsculo que sólo se recondujo con la entrada del destructor brasileño.

El lateral zurdo improvisado, Oleksandr Zinchenko, actuaría como interior a la hora de combinar en estático, quedando el esquema con zaga de tres centrales. Esa solución táctica, propia de la inteligencia ofensiva de Guardiola, tampoco localizaría rutas de avance centradas. Confirmando el naufragio del plan. Y la prensa inglesa, poblada de ex jugadores, destacaría el pragmatismo de Tuchel, que se limitó a aplicar lo que había trabajado desde que llegó al banquillo de Stamford Bridge. En contraposición a Pep, que inventó una probatura nunca vista y cayó.

Asimismo, quedó capturado por esa insistente negación de la falta de un delantero goleador. Sterling -que no era titular en Champions desde febrero- y Mahrez probarían suerte sin éxito, y Sergio 'Kun' Agüero, el único punta rematador de la plantilla, se despidió del club sin asomar. Por ello, se le ha dedicado al preparador catalán consideraciones como estas: "Normalmente tiene una congelación de cerebro táctica por temporada y, generalmente, la reserva para los partidos más importantes" (Daily Mail); "ridículamente imprudente" (BBC); "a veces parece que simplemente tiene demasiado talento creativo para su propio bien" (The Independent); o "eligió el peor día para hacer experimentos" (The Sun). Y se le recordó el cambio a competir con zaga de cinco piezas en los pasados cuartos de final, cuando el Lyon les apeó, contra todo pronóstico, por 1-3 -doblete del colchonero Moussa Dembèlè-.

"Esperábamos a Fernandinho en el once del City. Ha elegido una alineación muy ofensiva y técnica, y lo importante es que hemos conseguido aguantar en la línea de defensa como un bloque", confesó Tuchel en sala de prensa. Al tiempo que el protagonista dejaba esta reflexión: "No puse mediocentros porque quería mucho juego, con muchos futbolistas de calidad, pequeños, entre líneas, y esa ha sido me decisión. He hecho la mejor elección, como ante el Lyon (...) No hay nada que reprochar porque no han salido del área en la segunda parte y no nos han hecho demasiado peligro".

Y se despidió desempolvando la justificación del aprendizaje y el crecimiento del proyecto. Más de 900 millones de euros después y ya con un lustro de trabajo en el Etihad. "Era la primera vez que jugamos en la final de la Champions. Para nosotros, estar aquí es muy grande. Pudimos jugar un poco mejor en la primera parte, pero no tengo nada que echar en cara (...) Tenemos que aprender del futuro, pero la temporada ha sido excepcional. Y los jugadores lo han dado todo", zanjó. Ahora queda por comprobar hasta qué punto compran este discurso los jeques y los aficionados del campeón de Inglaterra.

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