25 de septiembre de 2021, 19:32:46
Sociedad

TIEMPO


Norteamérica y media Europa se achicharran por el cambio climático

Sara Cabrero

Viven una ola de calor excepcional que supone una gran amenaza para la salud de las personas, la agricultura y el medio ambiente.


Canadá y Estados Unidos están viviendo una ola de calor sin precedentes. Cientos de personas han muerto y decenas de fuegos permanecen activos como consecuencia de las temperaturas extremas que se están registrando. También en los países del norte de Europa se han alcanzado récords históricos. En Noruega, a decenas de kilómetros del Círculo Polar Ártico se han llegado a medir más de 30 grados, algo insólito.

La ola de calor está resultando especialmente letal en la provincia canadiense de Columbia Británica, donde las muertes se han triplicado en solo una semana. Mientras que el promedio de fallecimientos en esta época del año debería haber sido en torno a 165, se ha disparado hasta 486. Una cifra que temen siga aumentando, pues se prevé que este calor asfixiante se mantenga toda la semana y puede que persista la próxima.

Desde el viernes pasado se están alcanzando máximas de récord que alcanzan los 50 grados centígrados. Sin embargo, lo más preocupante es que, con los elevados índices de humedad, la sensación térmica es superior a los 40°C.

El calor de los últimos días ha favorecido también los incendios, con 78 fuegos forestales activos. Las llamas han obligado a evacuar varias comunidades, entre ellas la localidad de Lytton, que el martes registró 49,6 grados, un récord en la historia de Canadá.

En Estados Unidos, el calor ha ido perdiendo intensidad en las últimas horas, especialmente en las zonas costeras de Seattle (Washington) y Portland (Oregón), que se vieron muy afectadas a principios de semana. No obstante, este fenómeno se ha cobrado en el noroeste del país más de 75 muertes, en su mayoría personas mayores de 60 años.

Los expertos señalan que las temperaturas que se han registrado esta semana en Canadá, mucho más acostumbrada a las bajas temperaturas, están 20 grados por encima de lo habitual para esta época del año y, por tanto, no es normal. Una ola de calor excepcional que supone una gran amenaza para la salud de las personas, la agricultura y el medio ambiente.

El cambio climático está provocando tiempos más intensos y violentos

“Es normal que en verano haga calor, pero lo que se está viviendo en Norteamérica estos días es realmente excepcional. Se están batiendo récords de temperatura nunca registrados en muchas ciudades de EEUU y Canadá”, señala a este periódico Jorge Olcina, director del Laboratorio de Climatología de la Universidad de Alicante.

Una anomalía que atribuye sin duda alguna al calentamiento global. “Claramente los fenómenos atmosféricos que se están registrando en las dos últimas décadas están alterados por el proceso de calentamiento climático que se registra en el mundo”, lamenta.

Según datos de la NASA, la temperatura media del planeta ha aumentado 1,2 grados en los últimos 20 años, especialmente por las emisiones de gases de efecto invernadero. De hecho, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó este viernes que la Antártida registró en febrero del año pasado su temperatura más alta: 18,3 grados.

editorial

La política mundial debe actuar con urgencia contra el cambio climático

Y es que el fuego no es el único peligro de las olas de calor. También se han disparado en estas zonas los avisos por posibles inundaciones, debido al aumento de los niveles de los ríos por el rápido deshielo de los glaciares.

“El calentamiento climático está alterando ya la circulación atmosférica, generando tiempos atmosféricos más contrastados, más intensos y, en ocasiones más violentos”, explica el experto. De esta forma, las olas de calor están siendo cada vez más frecuentes, largas y peligrosas en todo el mundo.

Preguntado sobre cuál será la tendencia en los próximos años y si se repetirán episodios de este tipo, Olcina ha respondido que “el clima en las latitudes medias, donde está también España, tiende a ser menos confortable térmicamente, con calor más intenso en los meses de verano”. Por tanto, avisa de que “debemos estar preparados para soportar veranos más calurosos, con un calor prolongado durante el día y la noche”.

En este sentido, recuerda que en muchas localidades del este y sur de España las conocidas como “noches tropicales” (noches en las que las temperaturas no bajan de 20°C) “se han multiplicado por cuatro o cinco desde 1980 y en la actualidad no bajan de 70 al año”. “Lo que quiere decir también que la temporada cálida del año se está prolongando hacia los extremos, hacia junio y hacia septiembre”, subraya.

Lo mismo opina José Miguel Viñas, meteorólogo de la web Meteored, quien indica que desde hace años se están observando episodios de calor fuera del periodo veraniego: “Las altas temperaturas ya no se agrupan solo en los meses centrales del verano, también podrían anotarse en primavera o al principio del otoño”.

Viñas ha destacado en El Imparcial que, aunque todavía es pronto para confirmarlo, este verano podría ser más caluroso que la media y contar con “alguna ola de calor destacada”. El año anterior ya fue el más cálido de la historia en la Península Ibérica desde que se tienen registros, es decir, desde 1961. Según la Aemet, 2020 fue un año de “récords térmicos”: la temperatura media aumentó 1,7 grados, con una temperatura media de 14,8°C.

Los fenómenos anómalos se llevan sucediendo desde hace años y, aunque la tendencia muestra que los episodios de calor son los más comunes, también ha habido situaciones extremas de frío, como es el caso de la borrasca Filomena. “No es una situación típica invernal. La borrasca nos llegó por la zona subtropical y ese tipo de circulación es anómala”, reconoce. “Es una anomalía más dentro del conjunto de anomalías que se están produciendo en el planeta”, insiste. Sin embargo, advierte: “Esto no quiere decir que ya todos los inviernos vayamos a tener una nevada de esas características”.

Viñas no descarta que la causa de todos estos fenómenos sea el cambio climático, pero pide cautela. Para demostrar tal procedencia, destaca, hay que estudiarlo durante muchos años. “No es un episodio aislado, se observa que en muchas zonas del mundo tienen lugar los mismos y, por tanto, hay claramente una vinculación. Pero demostrarlo es complicado. Requiere tiempo. No se puede hacer de manera inmediata”, señala.

Admite que lo acontecido en Canadá y Estados Unidos es “una situación extraordinaria desde el punto de vista climatológico”. “Aunque en esas zonas ya se hayan registrado episodios de calor, no se tiene constancia de ninguno de esta magnitud. Se han batido muchísimos récords y por varios grados de diferencia”, recuerda.

Además, apunta a que la tendencia irá en aumento. “Si el clima sigue evolucionando como lo está haciendo, seguramente en los próximos años veremos episodios como este con una mayor frecuencia y magnitud”, augura.

Irene Santa, meteoróloga de eltiempo.es, señala que estos fenómenos no pueden atribuirse “directamente” al cambio climático, pero admite también que debido al mismo “hay una tendencia a tener temperaturas medias más altas y también mayor frecuencia de episodios de altas temperaturas”. “Sin el actual cambio climático las probabilidades de que se produjera un episodio como este eran prácticamente nulas. Sin embargo, se ha hecho realidad”, añade.

Santa se refiere a la borrasca Filomena como “nuestro propio evento de tiempo extremo”, pero matiza: “Fue un episodio de nieve y bajas temperaturas, que no es incompatible con el cambio climático que lleva asociado una subida de la temperatura media”. No obstante, recuerda que todavía no hay estudios concluyentes que demuestren qué parte de culpa tiene el cambio climático en la gran nevada.

“Al poner en una balanza todas estas anomalías, ganan por bastante las anomalías cálidas que las situaciones invernales, aunque también las hay”, defiende también Viñas. “Lo que indica que la temperatura está subiendo: está dominando el calor sobre el frío”, concluye.

Cómo afectan las olas de calor a la salud y consejos para combatirlas

Las olas de calor afectan más a los mayores, niños y personas con enfermedades previas, como la obesidad o la diabetes, porque tienen mayor tendencia a la deshidratación. Este grupo puede sufrir con mayor facilidad una insolación o golpe de calor y, en los casos más graves, la muerte.

Para evitarlo, Tomás Chivato, decano de la Facultad de Medicina de la Universidad CEU San Pablo, recomienda andar por la sombra; evitar las horas de mayor exposición solar (desde 12.00 hasta las 17.00 horas); no quedarse dormido cuando se está tomando el sol; estar bien hidratado con agua, zumos y "nunca" con alcohol; protegerse con sombreros y gafas de sol; llevar ropa cómoda, de colores claros, poco ajustada y que transpire bien y, "por supuesto", no hacer ejercicio físico intenso. "Más que nunca, aquí mejor prevenir que curar", subraya el decano.
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