26 de julio de 2021, 0:11:26
Mundo

rusia cierra un acuerdo geoestratégico con irán y venezuela


EEUU se enfrenta a un nuevo "Eje del mal" basado en el petróleo



Este lunes, Rusia hizo un anuncio notable: el envío de un crucero de propulsión nuclear fuertemente armado a Venezuela. Es la primera vez que Rusia vuelve a actuar en la puerta de atrás de los Estados Unidos desde la Guerra Fría. O, más bien, de la Primera Guerra Fría, porque la Segunda parece estar conformándose. Son los mismos protagonistas, aunque el contexto es enteramente diferente. La historia, cuando se repite, nunca lo hace con los mismos ropajes.


Más allá de las declaraciones diplomáticas, que niegan cualquier relación, este movimiento parece una respuesta a la presencia de barcos de guerra estadounidenses en el Mar Negro, al sur de Georgia, país al que Estados Unidos ha enviado apoyo, y no sólo diplomático. Esas armas navales prestaban soporte logístico al Ejército de Georgia después de que las tropas rusas cruzasen la frontera entre los dos países.

El avance de la OTAN
Desde 2004, ocupa el poder Mikhail Saakashvili, que ha introducido importantes reformas en el país y es abierta y decididamente prooccidental. El Gobierno y el pueblo de Georgia (con un apoyo del 77%) desean formar parte de la OTAN. Pero Rusia no está dispuesta a perder influencia en la zona, y eso pasa por frenar la expansión de la OTAN en el área que antes formaba parte del imperio soviético.

Tiene todas las de perder. Polonia, Hungría y República Checa entraron en la Alianza en 1999 y Estonia, Letonia y Lituania en 2004, al igual que Eslovaquia, Rumanía y Bulgaria. Estos dos últimos países tienen costa en el Mar Negro, cuya zona sur está ocupada por Turquía, otro miembro de la OTAN. Pero la propia Georgia, con su movimiento militar en Osetia del Sur, propició la reacción rusa. Estados Unidos, que no está dispuesto a dejar tirado a un socio de gran importancia en la zona, además del apoyo logístico en plena guerra, ha cedido al país ayuda para su reconstrucción por valor de mil millones de dólares.


El papel de Venezuela
Vladimir Putin y Dimitrti Medvedev no van a consentir que Estados Unidos tenga presencia en su puerta trasera, y el paseo por el Caribe es el claro mensaje de que ellos podrían hacer lo mismo. Pero para ello necesitan un socio en la zona y el candidato perfecto es la Venezuela de Hugo Chávez. A partir de aquí se describe un eje entre Rusia, Venezuela e Irán que marca, sin comprenderlo totalmente, el nuevo “Eje del mal”, y que tiene como base Estados con grandes fuentes petrolíferas y que se oponen, por motivos distintos, a la marcha histórica impresa por el derrumbe histórico del socialismo y el avance de la globalización.

El "Eje del petróleo"
La invasión rusa de Georgia tuvo como causa inmediata el intento de este país de controlar militarmente Osetia del Sur, pero estuvo precedida por dos movimientos diplomáticos que la ponen en contexto. Un mes antes, Irán hizo las pruebas de sus misiles Shahab III, amenazantes tanto para Israel como para Iraq. Poco después, Hugo Chávez firmaba en Moscú, con Dimitri Medvedev y Vladimir Putin, una “alianza estratégica”. Irán sigue prestando apoyo a varios movimientos opuestos al nuevo régimen de su vecina Irak mientras que el apoyo de Hugo Chávez a las FARC apenas se disimula, a pesar de no pocas diferencias. Como apuntaba recientemente Arthur Herman en un artículo escrito en The Wall Street Journal, “Iraq, Georgia y Colombia son campos de batalla de un nuevo tipo de conflicto internacional que determinará nuestro futuro geopolítico”.


Rusia es el principal proveedor del programa de rearme nuclear de Irán, y entre ambos buscan ejercer un control sobre las fuentes fósiles de energía que van desde el Golfo Pérsico al Mar Caspio. Iraq es un punto negro en esa estrategia. Georgia y Armenia también. Chávez cuenta con la ventaja de la cercanía a Estados Unidos, a quien surte de petróleo, y el control sobre Bolivia y Ecuador. Aquí el “agujero negro” es Colombia. Por su parte, Irán y Venezuela tienen un acuerdo estratégico que se remonta a 2004, un acuerdo que se manifiesta, por ejemplo, en su intento de presionar a Occidente con una producción mermada de petróleo, dentro de la OPEP.

La respuesta de EEUU
A partir de aquí, ¿cuál puede ser la respuesta occidental al “Eje del Petróleo?”. Dado que los movimientos liderados por Rusia son una reacción a la política de cooperación económica internacional, de ampliación de la OTAN y, en definitiva, de creación de un nuevo orden en el que Rusia no tiene papel, parece que el camino que seguirá Estados Unidos, sea quien fuere el 44º presidente, será continuar con las mismas líneas estratégicas.

Otra cosa es cuál sea la respuesta desde la política energética. George Bush, en febrero de 2006, planteó lo que se llamó Iniciativa Energética Avanzada, y que proponía literalmente reducir la “adicción al petróleo” de los Estados Unidos, un país que consume el 24 por ciento del petróleo mundial, pero produce sólo el 10 por ciento. El resto lo importa de países políticamente inestables. Tanto Barack Obama como John McCain coinciden en esa necesidad, pero discrepan en la receta.

Si bien los dos apuestan por la eficiencia en el consumo de petróleo, McCain se centra en el sistema de transporte y Obama en la promoción de la tecnología híbrida o eléctrica para el coche. Los dos apuestan por las energías renovables, aunque Obama parece más dispuesto a apoyarlas con dinero público. Y, aquí viene la gran diferencia entre ambos, John McCain está dispuesto a perforar para producir más petróleo “en casa” antes que traerlo de fuera, mientras que Obama no está dispuesto.
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