16 de octubre de 2021, 8:16:01
Opinión


¿Por qué no funcionará el Plan Paulson?

Lorenzo Bernaldo de Quirós


En España, la progresía bien pensante saluda el denominado Plan Paulson como la solución a la crisis financiera norteamericana y como un ejemplo paradigmático de la necesidad de la intervención estatal para salvar al capitalismo de sus “inevitables” excesos. Desde esta óptica sólo se opondrían a los benéficos planes del gobierno los “ultraliberales”, categoría para agrupar a quienes se pretende descalificar sin argumentos. Sin embargo, esta no es la posición del grueso de los economistas estadounidenses con independencia de sus colores ideológicos. Desde liberales, socialdemócratas en el sentido europeo, como Nouriel Roubini o Paul Krugman hasta monetaristas como Allan T. Meltzer o Luigi Zingales, neokeynesianos como Greg Mankiw y eclécticos como Charles Calomiris, por citar algunos de los académicos más importantes del panorama económico de los EE.UU., han realizado críticas demoledoras del gigantesco programa de rescate diseñado por la Administración Bush secundada por la Reserva Federal y por la SEC.

En el aspecto formal existe un consenso generalizado sobre lo indeseable de conceder al gobierno un poder absoluto aunque sea de emergencia. El Tesoro pretende disponer, como le plazca, de los miles de millones de dólares solicitados al Congreso para adquirir los activos “tóxicos” que desee, a quien desee, al precio que desee y sin estar sometido a ningún control judicial, parlamentario y administrativo ni ex ante ni ex post. Este enfoque imperial abre los portillos a una abrumadora discrecionalidad y sitúa al gobierno por encima de la ley en clara contradicción con los principios básicos del sistema de pesos y contrapesos establecido por la Constitución de los EE.UU.

Incluso si el Plan del Tesoro fuese implementado en los términos establecidos por la Administración o con las correcciones introducidas por el Congreso, no logrará evitar una aguda y larga recesión de la economía norteamericana y, lo que es peor, la severa crisis bancario-financiera que azota a los EE.UU. y su contagio al resto del mundo. Así lo reflejan los “spreads” y la caída de bancos, como Fortis. El mercado descuenta la incapacidad de las acciones del gobierno americano para restaurar la confianza. Estas desagradables e indeseadas consecuencias se producirán porque el proyecto de salvamento de la Administración Bush está mal concebido desde un punto de vista técnico al no resolver los problemas de fondo que son las causas determinantes de la crisis. Desde esta óptica, el Plan Paulson sólo servirá para sangrar a los contribuyentes y para agudizar los desequilibrios macroeconómicos, el ya abultado endeudamiento del sector público y la inflación. ¿Por qué no funcionará el proyecto del Tesoro?

De entrada, la iliquidez hace difícil saber cuál es el valor de los activos intoxicados. Esto significa que si el Tesoro opta por comprarlos al “precio justo de mercado” sólo podrá hacerlo por encima del actual. De lo contrario, sus propietarios ya los hubiesen vendido. No lo han hecho porque no quieren asumir las pérdidas adicionales descontadas por los expertos más solventes, estimadas en una depreciación del orden del 35-40 por 100 de la que sólo se ha producido la mitad. Por eso, los inversores no han entrado ni lo harán en el mercado hipotecario-inmobiliario hasta que toque fondo. En consecuencia, el Tesoro se verá forzado a pagar más si quiere adquirirlos lo que elevará o sostendrá artificialmente su valor, como lo hicieron las intervenciones de la FED con el de las acciones, lo que sólo sirve para prolongar y hacer más duro el inevitable ajuste.

La adquisición de las actuales “toxinas” del sistema no es suficiente para sanear las entidades financieras en el horizonte del corto y del medio plazo. Millones de hogares norteamericanos se han vuelto insolventes o lo serán en breve a causa del desplome de su riqueza inmobiliaria, proceso inconcluso, y de la erosión de su renta disponible. Además, su posición crediticia se deteriorará todavía más cuando la recesión, como empieza a suceder, se traduzca en un fuerte aumento del paro. Esta situación se traducirá en un incremento exponencial de la morosidad hipotecaria que golpeará de manera inexorable los balances de las instituciones financieras y colocará a muchas de ellas al borde de la bancarrota. ¿Estará el Tesoro dispuesto a extender su rescate a ese tipo de créditos fallidos? ¿Podrá hacerlo? ¿A qué coste?
Por añadidura, el sistema financiero norteamericano está descapitalizado y esta importante cuestión no la resuelve la compra de los activos tóxicos ni siquiera las inyecciones de capital para restaurar los ratios de solvencia y, de una manera ordenada y limpia, sanear el sistema. Esta sería a priori la única forma de restaurar la confianza, la oferta de crédito y acabar con la restricción de liquidez. Por desgracia, el Plan Paulson no tiene iniciativa alguna para solventar ese problema y, por tanto, no le resolverá. La opción de nacionalizar todas las instituciones financieras con riesgo de insolvencia sería un golpe demoledor al modelo de economía de mercado vigente aún en América y tampoco serviría para nada. Es absurdo pensar que el gobierno gestionará mejor que el sector privado el sistema financiero. La evidencia en sentido contrario es abrumadora. El resultado es que los mercados crediticios seguirán cerrados alimentando la espiral recesión-crisis financiera. En otras palabras no existe ningún precedente histórico de que acciones como la impulsada por el Tesoro hayan tenido éxito.

Si se aprueba, el Plan Paulson derrochará el dinero de los contribuyentes, deteriorará el marco institucional, agudizará los desequilibrios macroeconómicos y no salvará del colapso al sistema financiero. Ya lo verán ustedes.
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