6 de mayo de 2021, 20:53:53
Cultura

entrevista


Rafael Dalmau: “Cada uno de nosotros conoce a dos o tres psicópatas en su vida"




Rafael Dalmau (d) junto a Jordi Batet (i), coautor del libro


En muchas ocasiones, buena parte del éxito de la película se lo llevan los actores, como Anthony Hopkins en “El silencio de los corderos” o Jack Nicholson en “El resplandor”. ¿El intérprete eclipsa el potencial del personaje?
Por supuesto, los actores son la base de las películas, pero si no hay un buen director detrás... Por ejemplo, Jack Nicholson sobreactúa, pero su personaje lo exige. Con un director como Stanley Kubrick absolutamente todo eso estaba previsto y controlado. Evidentemente el trabajo de los actores es imprescindible para crear al personaje y darle credibilidad. Anthony Hopkins en “El silencio de los corderos” o Perkins en “Psicosis”, hacen interpretaciones magistrales. Hopkins recibió el Oscar y “Psicosis” es el mayor éxito de Hitchcock, su película más interesante y muy bien dirigida.

¿Cree que es perjudicial para un actor encasillarse en el papel de psicópata? El caso particular de Malcom McDowell, protagonista de “La naranja mecánica”, después encarnó al sanguinario Calígula y su carrera cinematográfica se diluyó…
Sí, por supuesto, pero no sólo encasillarse en personajes conflictivos, también le ocurrió a Resse Witherspoon en “Una rubia muy legal”. Siempre hay que escoger bien los papeles que haces. Si eres mal actor puedes perderte, pero teniendo talento, si no aciertas puedes repetirte hasta la saciedad, repetir patrones, que es lo que le pasó a Malcom. No estaba bien asesorado. Era un excelente actor pero no supo escoger sus películas, por eso prácticamente después de “La naranja mecánica” desapareció. Sin embargo su actuación fue soberbia, en una película clasificada de porno a nivel de violencia. Es del año 1971, incluso hoy en día sigue hiriendo sensibilidades. La filosofía del autor de la novela, Anthony Burgess y la de su director, Stanley Kubrick, es denunciar que la violencia es inherente a la raza humana. Me gustaría que este libro, “Las 50 mentes más perturbadas del cine”, invite a la reflexión, porque las películas violentas no sólo están para disfrutar.

El cine muestra dos grupos de psicópatas. A los animales como Leatherface en “La matanza de Texas” y a los sofisticados, como Patrick Bateman en “American Pshyco” o el Doctor Lecter… ¿se puede extrapolar a la sociedad?
Una persona psicópata no implica que sea asesina, no implica la acción de matar. El prólogo del libro, escrito por el psicólogo Bernat Parés, realiza un estudio minucioso sobre este tema. Cada uno de nosotros conoce a dos o tres psicópatas en su vida cotidiana: la vecina, el señor que va a comprar el pan… pero eso no quiere decir que tengan que ser asesinos. Hace falta un detonante, por ejemplo, acudir al banco y ver que no hay dinero en la cuenta. Esto implica que una mente psicótica pueda estar en el cerebro de cualquiera. Es el caso del Estrangulador de Boston. Tal y como describe el libro, es un padre de familia, aburrido, que cuando ve a una mujer de un tipo determinado siente el impulso de matar. Nosotros hemos clasificado a los psicópatas en personajes inspirados en hechos reales y en personajes de ficción.

Josef Fritzl, el monstruo de Amstteten. ¿Confirma que la realidad supera a la ficción?
Por supuesto, pero tendría que ser al revés. Estoy seguro de que el monstruo de “El silencio de los corderos” ha existido. Por ejemplo, la experimentación que se hacía con seres humanos durante el nazismo. La mente humana es lo más retorcido que existe.

Pero en el caso de “Ted Bundy”, a pesar de ser una película basada en hechos reales, no tuvo buena acogida por parte del público…
Al público hoy en día ya no le engañas gracias a Internet. Ya se supo de antemano que esa película era especialmente desagradable, mueren más de cien chicas. Más que impresionar, lo que provoca el filme es una sensación molesta, porque muestra lo fácil que Ted Bundy lo tenía para matar a tantas jóvenes, algo que puede ocurrirle a cualquiera en el parking de un supermercado. Es muy inquietante.

En su libro hace especial mención a “Dentro”, una película gore francesa, la más fuerte a su juicio. Su argumento recuerda al brutal caso de Sharon Tate, la esposa del cineasta Roman Polansky que fue asesinada por los miembros de la secta de Charles Manson. ¿Se transgreden entonces todas las barreras en el cine?
En el cine y no sólo en el cine, también en la tele. Hay que tener decencia y moral. No soy un pacato, pero sí opino que se ha rebasado. “Dentro” es una película muy exagerada sobre una mujer que quiere quedarse con el bebé de una embarazada. Sin embargo al menos tiene motivos para hacerlo, no justificados, pero los tiene. En la presentación de esa película en el Festival de Sitges de 2007, el director tuvo que advertir al público de la dureza de las imágenes, por si alguna mujer embarazada se encontraba en la sala. Es extremadamente violenta, y aunque es ficción, impresiona.

Entonces los que nos consideramos aficionados a este tipo de cine, ¿estamos hechos de una pasta especial?
A ti te puede molestar una película que a mí no, y viceversa. Eso no significa que seas más o menos sensible. Estas películas están hechas para causar esa sensación y lo consiguen. Seguramente la escena de la violación de “La naranja mecánica” lo ha conseguido. La violencia gratuita y exagerada ha de molestar al espectador, si no, malo. No quiere decir que seas un psicópata, pero si no te provoca disgusto o rechazo, algo falla en tu cabeza. Estas películas son una invitación a la reflexión.

Pero como “Dentro”, son muy pocas las protagonizadas por mujeres…
Creo que en general en el cine hasta ahora la mayoría de los protagonistas fuertes han sido hombres. Sí hay, y ha habido, actrices potentes: Sofía Loren, Carmen Maura, Bette Davis… pero pocos papeles protagonistas para ellas, en terror, comedia, drama… eso tendría que cambiar.

¿Qué tiene que ocurrir en el cerebro de un director para que se ruede en España más cine de terror y ciencia ficción? Vemos que siempre son un éxito en taquilla.
En España no hay una industria acomodada o totalmente establecida como en EEUU o Francia. Hay un resurgimiento de cine fantástico, antes se hacían pocas, pero si están bien hechas poco importa si son españolas, chinas, alemanas… no se trata de la nacionalidad. Por ejemplo, Balagueró hizo muchas películas que no me gustaron hasta “REC”. Está tan bien conseguida, tan aparentemente ingenua pero infernal…

“¿Quién puede matar a un niño?”, una espeluznante cinta de Chicho Ibáñez Serrador del año 76 con especial relevancia internacional… ¿Hay muchas más joyas españolas ignoradas?
Muchas a lo largo del S. XX: "¿Quién puede matar a un niño?”, “Maldito”, “El ataque de los muertos sin ojos”, “La residencia”… son de distinta calidad pero buenas. En esa época daba miedo lo que ahora puede causar risa en jóvenes espectadores. Hay que redescubrir los clásicos en todos los géneros, que a veces se pierden si el productor no tiene dinero para su estreno, por ejemplo.

¿Con cuál de sus psicópatas se queda?
Me gustó mucho Hannibal Lecter. También, después de revisar todas las películas, me quedo con “El resplandor”, aunque parezca que sobreactúa. Pero el personaje con el que me quedaría sin lugar a dudas es Tony Curtis en “El estrangulador de Boston”. Es una película magistral.

Su libro anterior, “Ciudades de cine”. Ahora, “Las 50 mentes más perturbadas”, ¿algún proyecto en ciernes?
Ciudades de cine muestra 14 ciudades, como Moscú, Barcelona, Nueva York, o Tokio a través de las películas que se han ambientado allí. Además de escoger diferentes cintas que se grabaron en distintas épocas, detallamos la localización de los edificios o lugares más paradigmáticos, con sus direcciones reales, para que los turistas los visiten. El proyecto en camino es un libro sobre rutas de cine. Como en “Thelma y Louis”, en muchas películas sus personajes viajan movidos por el argumento. Se trasladan en bus, coche, barco… incluiremos también el mapa con todos los recorridos. ¿Por qué no hacerlos?

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