9 de diciembre de 2019, 15:02:40
Nacional

entrevista


Julián Delgado (escritor): “Perdoné a Carrillo en 1977 cuando pensaba que era culpable de la muerte de mi padre”




Familiares de asesinados en Paracuellos visitan las fosas al acabar la guerra.



¿Le ha sorprendido el interés que ha despertado su libro?
Relativamente, aunque no contaba con ello cuando lo terminé, hace ya un año. Sentí la necesidad de escribirlo a raíz del debate entorno a la Ley de la Memoria Histórica. Y ahora que Carrillo ha aceptado presentarlo, en el momento en el que se está desarrollando la ley y que también Garzón está metiendo su mano, el libro ha adquirido una actualidad que yo no esperaba.

¿Por qué la Ley de Memoria Histórica le impulsó a escribir?

Sobre esta ley creo, por una parte, que la gente tiene el derecho de dar un enterramiento digno a sus familiares y de reclamar una reparación. Me parece muy justo y legítimo. Lo que no me parece tan bien es que, al amparo de este reconocimiento merecido, surja el oportunismo político para demonizar al bando contrario del adversario político. Y no digamos nada del revanchismo que se ve en la clase política. No viene nada bien a ninguna sociedad y, mucho menos, a la española compuesta todavía por muchas víctimas de esta tragedia. Además de los políticos, he escuchado a tertulianos y periodistas que expresaban ese resentimiento, una oportunidad para desatar odios. Comienza a hacerse de nuevo una división entre buenos y malos. Eso fue lo que más me indignó. Se ha querido reducir al simplismo una dicotomía en la sociedad española: los conservadores, como los herederos de los malos, y la izquierda, de los buenos. Es una manipulación que me repugna.

También le repugnaba lo que usted consideró en 1977 que fue un ataque a Santiago Carrillo, ¿qué hizo entonces?

Le mandé una carta por el mismo motivo por el que hoy he escrito este libro, pero en el sentido contrario. En enero de 1977 se produjo una campaña enorme contra él liderada por el Diario Alcázar. Toda la extrema derecha se volcó contra Santiago Carrillo al que declaró “el culpable de Paracuellos”. Su intención era poner palos a la democracia. Para ello, había que cargarse a Carrillo con lo que no se legalizaría al Partido Comunista y no se podía normalizar el estado democrático. Eso, como lo que pasa ahora, también me indignó.

¿La lucha por la democrática es lo que ha marcado su vida?
Yo por aquel entonces estaba en la Unión Militar Democrática y me creí en la obligación de dar un paso adelante en esa necesaria, como decía Tusset, colaboración y esfuerzo para salvar la convivencia democrática y superar las heridas. Fue entonces cuando le mandé la carta a Carrillo que me contestó con otra muy larga. Fue entonces cuando se produjo la reconciliación.

Ahora, 30 años después de aquello, veo que empiezan a reverdecer los odios, a aprovecharse políticamente de las víctimas, a utilizar la Guerra Civil como arma arrojadiza entre los partidos… Todo esto es lo que me llevó a escribir mi libro.

¿A raíz de esa correspondencia con Carrillo, comenzó una relación?
No. Después de las cartas, le he visto sólo en dos ocasiones. Una el año pasado y hace 15 años. Nunca hemos vuelto a hablar sobre este asunto.

Al invitar a Santiago Carrillo a presentar su libro ¿no cree que puede herir la sensibilidad de las víctimas de Paracuellos?

¡Yo también soy una víctima de Paracuellos y, si pensara eso, desde luego no lo haría! Pero si se trata de reconciliar, creo que no hay mejor imagen para esta reconciliación que Carrillo presente mi libro. Yo perdoné a Carrillo en 1977 cuando pensaba que era culpable de la muerte de mi padre.

¿Y ahora no lo cree?
No creo que sea el culpable directo. Carrillo tiene una responsabilidad indirecta. Paracuellos fue planificado por otras personas con las que Carrillo no tiene nada que ver. Todo se preparó al margen de Carrillo. Luego, cuando él conoció este asunto, sí tuvo una responsabilidad indirecta. Yo no soy historiador pero, después de leer mucho sobre este asunto, he sacado mi conclusión: Carrillo no podía ser culpable porque en la madrugada del 6 al 7 de noviembre le pusieron al frente de la Consejería del Orden Público y el 7 fue cuando mataron a mi padre y a otros mil compañeros más. Es imposible que, en esas horas, se pudiera organizar lo que se organizó. Eso no cabe en la cabeza de nadie. Pero bueno, la interpretación de la Historia se puede hacer como sea, yo la hago así. La mía está hecha al amparo de publicaciones y de historiadores que me merecen confianza.

¿Entonces, de donde han surgido estas acusaciones a Carrillo?

Carrillo tuvo una desgracia: fue, después de la Guerra, secretario general del Partido Comunista. Y eso fue suficiente para que lo estigmatizaran como la bestia negra del Régimen. La Historia difuminó a todos los demás culpables. Unos, como Enrique Castro, porque decidieron escribir contra el comunismo; otros, los agentes soviéticos, los verdaderos culpables, desaparecieron.

El Régimen de Franco le puso el foco por ser, como secretario general del Partido Comunista desde el extranjero, el que más se distinguió en la lucha contra el franquismo. Si Carrillo hubiera decidido desaparecer, hubiera sido más fácil averiguar la verdad sobre Paracuellos.

¿Entonces usted cree que siempre se ha demonizado a Carrillo porque, durante la Transición, se le ha defendido y el líder comunista mejoró su imagen?
Cómo no demonizarlo si durante 40 años toda España ha estado machacándole y, durante los siguientes 30 años, otro gran sector ha continuado haciéndolo! Lo que pasa es que los detractores tienen una opinión muy visceral puesto que afecta a los sentimientos.

¿Qué opina pues de la versión de historiadores como Pío Moa o César Vidal?
Hay historiadores que son de un partido y otros de otro. Yo me fío más de Viñas, por ejemplo, que no está en ningún bando. Muchos escriben hacia un lado porque están vinculados a esa ideología. Yo no intento escribir ni a un sitio ni a otro porque, igual que sobre la II República o sobre la Ley de la Memoria Histórica no tengo una buena opinión, sí creo, sin embargo, que Carrillo no fue el culpable directo.

¿Precisamente su libro abre de nuevo las heridas de un capítulo de la Historia que todavía persisten?

Estoy convencido que habrá a gente que no le guste mi libro. Incluso, dentro de mi familia. Es algo inevitable. Lo único que pretendo es dar mi opinión. También sobre lo que está pasando ahora. Quien la quiera entender fenomenal. Quien no, pues nada.


Cementerio de Paracuellos


¿Cree conveniente que se celebre un juicio sobre la masacre de Paracuellos?
No. Durante la Transición, los españoles nos propusimos olvidar, perdonar y superar las heridas. Por eso creo que sería un dislate celebrar un juicio sobre aquello porque volvería a desatar odios y el revanchismo. Yo pensaba que había superado todo. Por eso, cuando oí hablar de la Ley de Memoria Histórica me entreveré. Se removieron las tripas por dentro.

Las heridas no están cerradas del todo. La Guerra fue larga y cruel. Vivimos en un país aún deprimido. Los sentimientos y los recuerdos de la Guerra Civil aún hierven en una olla y esa olla es necesaria apartarla del fuego. Hay que evitar abrir heridas. Hay evitar utilizar a las víctimas para obtener un beneficio partidista, como muchas veces se hace. Se corre el peligro de suscitar nuevos odios y venganzas. El juicio ya lo ha hecho la sociedad española. Cada uno tiene su opinión de lo que pasó allí pero no se puede recurrir periódicamente a abrir estas heridas para suscitar el enfrentamiento entre unos y otros.

Está usted entonces ofreciendo otra memoria histórica en la que, a su modo de ver, no hay rencor pero ¿no cree usted que España tiene una deuda con las víctimas de Paracuellos?
La reivindicación de aquellos que buscan la verdad oculta y la reparación de la memoria de sus víctimas me parece completamente justa. Pero, hay que mirar por qué terreno nos movemos porque es muy peligroso. Nuestra sociedad está todavía muy calentita y la olla hay que dejarla enfriar. Yo creo que se les puede dar esa oportunidad a esas víctimas teniendo al mismo tiempo cuidado con que nadie se aproveche políticamente del asunto.

¿Teme algún tipo de incidentes durante la presentación de su libro?
No. Creo que las autoridades lo evitarán. Tienen conocimiento del asunto. Me gustaría que nos lo hubiera y que los españoles pudieran ver con naturalidad que Carrillo dé sus explicaciones sobre lo que pasó y sobre el libro, y que yo pueda dar mi opinión también. Eso se entiende que es un país normalizado.

Porque, aunque hubiera sido Carrillo el culpable directo, sería bueno que se le escuchara. También durante el franquismo aceptamos como buenas, o simplemente aceptamos, a muchas autoridades que cometieron graves crímenes.
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