2 de marzo de 2021, 8:19:55
Mundo

oriente próximo


Jerusalén: una encrucijada socioeconómica, religiosa y política



Gobernada desde hace cinco años por un alcalde ultraortodoxo, Uri Lupoliansky, la ciudad tres veces santa afronta serios problemas socioeconómicos, que van desde la pauperización de sus 751.900 habitantes a las eternas luchas por su carácter religioso. Informes estadísticos apuntan que Jerusalén, la ciudad más grande de Israel y desde 1949 su capital no-reconocida por la comunidad internacional, es a la vez la más pobre.

Sus arcas habrían colapsado hace años si no fuera por la presencia de las principales instituciones de gobierno y la variedad de lugares sagrados en su jurisdicción, que generan una inyección de capital permanente en programas de desarrollo urbanístico. "Jerusalén necesita una inyección urgente de capital inversionista... (pero) para crear puestos de trabajo", afirma el ex empresario Nir Barkat, principal favorito en los sondeos y quien promete aprovechar sus relaciones con el mundo financiero para desarrollar la alicaída industria de la ciudad.

Las estadísticas hablan por sí solas: cuando en la vecina Tel Aviv, a unos 60 kilómetros, el salario bruto per cápita asciende a 24.000 dólares anuales, en Jerusalén se han de conformar con sólo 16.000. Y ello en la parte oeste, donde vive la mayoría judía, porque en la este sus 250.000 vecinos palestinos no superan los 4.000 dólares per cápita anuales, otro más de los indicadores que prueban la existencia de dos ciudades en un mismo término municipal.

Esa distinción se erosiona al buscar la raíces de la pobreza, que afecta sobre todo a las familias judías ultraortodoxas y a las palestinas, dos colectivos que en el mejor de los casos aportan un solo cónyuge al mercado laboral por razones culturales y religiosas. La falta de un futuro económico y los astronómicos precios de la vivienda alientan desde hace quince años un alto índice de emigración, también impulsado por la eterna puja de laicos y religiosos por el carácter de la ciudad.

Todo ello hace de Jerusalén una ciudad cada vez más ultraortodoxa y menos tolerante hacia los "vicios" occidentales, paradójicamente cuando la legislación nacional y municipal es mucho más progresista que hace veinte años.

Barkat, así como el multimillonario de origen ruso Arkady Gaidamak, tercero en los sondeos, aseguran en su campaña que convertirán Jerusalén en un vergel mediante leyes destinadas a fomentar la inversión, y a devolver a la clase media progresista que "huyó" a la metrópolis telavivense. Frente a ellos, el candidato de la comunidad ultraortodoxa, Meir Porush, segundo favorito y que representa la continuidad. Las campañas de los candidatos favoritos se orientan principalmente a la población judía, porque anteriores elecciones muestran que el 95 por ciento de la palestina no ejercerá su derecho a voto.

Las boicotean para evitar un reconocimiento implícito de la soberanía israelí en la zona este, ocupada en 1967 y que la Autoridad Nacional Palestina (ANP) reclama como capital de un futuro estado independiente. La ANP incluso advierte de castigos a aquellos palestinos que acudan a las urnas israelíes, porque "Jerusalén no es un problema municipal, sino político", según Rafik Husseini, jefe de gabinete del presidente Mahmud Abás.

El futuro de Jerusalén es uno de los asuntos cruciales y más problemáticos del proceso de paz de Annapolis, en el que israelíes y palestinos tratan de resolver desde noviembre de 2007 el conflicto que les enfrenta. Abás aseguró recientemente que el primer ministro israelí, Ehud Olmert, le ha prometido en las negociaciones la "mayoría" de los barrios palestinos, una promesa de división que los tres candidatos a las municipales del martes se niegan a aceptar, porque de hacerlo cometerían un suicidio político.

"Si la parte este de la ciudad se convierte alguna vez en parte de un Estado palestino, no será por voluntad de sus habitantes judíos o de sus líderes municipales", escribió recientemente un periodista del diario Jerusalem Post. Hasta que eso ocurra, el precio lo seguirán pagando los vecinos palestinos, que sin representación en las instancias municipales difícilmente pueden influir en el reparto de presupuestos.

Pelea en el Santo Sepulcro
La Policía sofocó una reyerta entre ortodoxos grecocristianos y armenios en la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalen donde, según la tradición se produjo la crucifixión, enterramiento y resurrección de Cristo. La pelea se originó cuando preparaban una ceremonia religiosa. Quince agentes entraron en el lugar santo para acabar con el enfrentamiento y dos hombres (uno grecocristiano y un armenio) fueron detenidos. La Policía vigila la iglesia para que no vuelvan a producirse incidentes. La iglesia, ubicada en la Vía Dolorosa de la Ciudad Vieja de Jerusalén, alberga la Piedra de la Unción y el Calvario o Gólgota, considerado el lugar exacto de la crucifixión de Jesucristo, lo que le convierte en uno de los lugares más sagrados del cristianismo y centro de peregrinación para fieles de todo el mundo.
El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2021   |  www.elimparcial.es