13 de octubre de 2019, 23:00:44
Cultura

230 objetos recuperados del fondo del atlántico, en la plaza de colón


Los secretos del Titanic visitan Madrid 96 años después de su hundimiento



El Titanic desde dentro y con todos sus secretos. Madrid acoge desde este miércoles una exposición de excepción sobre uno de las historias más enigmáticas y míticas de todos los tiempos: el hundimiento del Titanic en aguas del Atlántico Norte hace 96 años.



La reconstrucción de camarotes y otros espacios del barco acompañan al visitante en un viaje por la historia del buque, desde su diseño y construcción hasta su hundimiento durante el trayecto inaugural tras chocar con un iceberg. Un total de 230 objetos rescatados del fondo del mar podrán verse en la Plaza de Colón gracias al trabajo de la compañía RMS Titanic, Inc, que durante las siete expediciones realizadas en 1987, 1993, 1994, 1996, 1998, 2000 y 2004, ha recuperado 5.500 artefactos, desde parte del casco hasta pequeñas piezas.

Cheryl Muré, directora del departamento de Educación de la empresa y responsable de lo relacionado con los aspectos didácticos de la exposición, destacó que los objetos exhibidos "son únicos e irremplazables y ayudan a echar un vistazo a la vida en 1912 y al barco más grandioso de todos los tiempos". En este viaje, algo fantasmal, que propone la exposición tienen especial importancia los 2.228 pasajeros, de los que murieron más de 1.500.

El visitante recibirá una réplica de los billetes del Titanic para iniciar un viaje cronológico que recorre la construcción del transatlántico, la vida en el buque con recreaciones de las cabinas de primera y tercera clase, el puente de mando o el Café Verandah, espacio inspirado en el café de la clase más lujosa, su trágico hundimiento, y los sorprendentes objetos rescatados.

"Titanic. Objetos reales, historias reales", visitada por más de 18 millones de personas en todo el mundo, permite oler la fragancia que todavía despiden los pequeños frascos de perfumes del perfumista Adolf Saafeld; contemplar las vajillas en las que comían los pasajeros, apreciando las diferencias existentes entre las de una clase y otra, las piezas de porcelana con el logo de la naviera White Star Line, e incluso una botella de champán que nunca fue descorchada.

Parte especial es la que exhibe los objetos personales de los pasajeros, como unos pantalones, un billetero de piel o un saquito de satén que probablemente se usó para guardar joyas u horquillas para el pelo. Una de las vitrinas muestra un par de ligas azules, unas pequeñas bandas elásticas utilizadas para que no se cayeran los calcetines y que pertenecieron al viajero Franz Pulbaum.

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