2 de marzo de 2021, 9:08:48
Religión

judios y musulmanes, juntos en la escuela


Los colegios de la paz, un tesoro escaso en Israel para fomentar la convivencia



Aunque sólo afecta a una milésima parte de los pupilos del país, la escolarización conjunta de la minoría árabe -un quinto de la población- y la mayoría judía ha ganado poco a poco terreno y sobrevivido a los años más duros de la Segunda Intifada.

En Israel, generalmente, los niños judíos estudian en localidades hebreas y los árabes (es decir, los descendientes de los palestinos que se quedaron en el país tras su creación en 1948) en las suyas. Esta dinámica sólo se rompe en una dirección. En ocasiones, los estudiantes árabes se inscriben en escuelas judías porque están mejor financiadas, son más prestigiosas y conocen la lengua (algo que rara vez sucede al revés).

Gesher al HaWadi ("El puente sobre el valle", en hebreo) es, desde su creación en 2003, el único de los cinco "colegios de la paz" de Israel ubicado en una localidad árabe, concretamente Kfar Qara, en la región de Wadi Ara, en el norte del país. "Si no tenemos un equilibrio entre judíos y árabes para una clase, no la ofrecemos", subraya su codirector árabe, Hussam Abu Baker, acompañado de la otra corresponsable del centro, la judía Tal Kaufman.

Palomas de la paz, banderas israelíes y palestinas enlazadas, murales con palabras de tolerancia y respeto... las aulas de Gesher al HaWadi reflejan su filosofía fundacional, en el marco de la iniciativa "Hand in Hand". "Educamos a nuestros pequeños a no ser enemigos, aunque sin adoctrinamiento", subraya Abu Baker.


En la imagen, el árabe Hussam Abu Baker y la judía Tal Kaufman, codirectores de la escuela Gesher Al Wadi, cogidos de la mano. (Foto: EFE/Antonio Pita)





"Hand in Hand" engloba cuatro de las cinco escuelas judeo-árabes: la citada en Kfar Qara, una en Jerusalén, otra en Misgav (Galilea) y una última en Beer Sheva, inaugurada el año pasado. La restante, la pionera, está en Neve Shalom-Wahat As-Salam, una pequeña comunidad a medio camino entre Jerusalén y Tel Aviv donde conviven unas cincuenta familias israelíes, una mitad judías y la otra árabes. Pese a sus diferencias, los cinco colegios comparten varios elementos y retos.

Uno de ellos es la enseñanza de la historia de la zona no sólo con el épico relato sionista que recibe un millón de estudiantes israelíes, sino también desde la narrativa palestina, que define la fundación del Estado judío como una "catástrofe" (naqba). Otra característica de estos centros es que los pupilos aprenden en las dos lenguas oficiales del país, árabe y hebreo, aunque los profesores suelen quejarse de la dificultad de luchar contra la prevalencia social del idioma de la mayoría. "Es difícil. Los niños judíos no necesitan el árabe, pero sí a la inversa. Por eso los niños judíos aprenden lento el árabe", admite el director de la escuela de Neve Shalom-Wahat As-Salam, Anwar Dawud.

Y, aunque se entablan amistades con "el otro", los patios de recreo muestran que la lengua, la cultura y la religión pesan aún demasiado a la hora de jugar. Por supuesto, las familias que allí envían sus hijos no responden a la media de Israel, donde el 68 por ciento de judíos teme una revuelta árabe y el 71 por ciento de estos últimos ser víctima de actos violentos por parte de judíos, según un estudio de la Universidad de Haifa difundido en marzo de 2007.

En el caso de los judíos se trata, sobre todo, de padres de izquierdas y clase media-alta, algunos de los cuales "no cuentan a los vecinos que sus hijos estudian aquí", reconoce Kaufman. Las familias árabes lo hacen atraídas por la mejor calidad de la educación. Noam Shuster, una judía israelí de 21 años, ilustra con una anécdota su llegada a la Universidad de Tel Aviv tras toda una vida en Neve Shalom-Wahat As-Salam. "Mis compañeros sólo habían visto árabes en los telediarios, mientras que para mí eran amigos y ex compañeros de clase. Cuando, por inercia, abrí el cuaderno de apuntes y escribí mi nombre en hebreo y árabe pensaron que estaba loca", cuenta.

Así, poco a poco, como hormigas tratando de excavar una roca de odios y recelos, las escuelas mixtas judeo-árabes se abren hueco con la esperanza de que la excepción hoy se convierta en norma algún día.
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