24 de enero de 2021, 18:46:37
Opinión


¿Tiene Zapatero cara de sacarnos de la crisis?

José Antonio Sentís


Según escuchaba el otro día a José Blanco, cuando reprochaba a Esperanza Aguirre que no hubiese sido un Rambo redivivo que, en pleno fragor de la batalla de Bombay, hubiera debido ultimar a una decena de terroristas a golpe de tacón de aguja, mientras rescataba en sus brazos a veinte empresarios españoles cercados por las balas, pensé en lo que habría hecho el propio Blanco. En lo que haría Zapatero. Y, en general, pensé en qué político español sería el compañero ideal en un incendio.

No tengo el más mínimo interés de ver a Blanco ni a Zapatero bajo el fuego. El único valor que me interesa de ellos es el político, es decir, su capacidad de enfrentarse a los acontecimientos cuando éstos afectan a los ciudadanos a su cargo, sobre los que mandan y por los que cobran.

Como, desde el punto de vista ejecutivo, Blanco es irrelevante, y sólo sirve como máquina de consignas del PSOE, la cuestión es: ¿tiene Zapatero cara de liderazgo, de generar la confianza de los españoles cuando las cosas vienen mal dadas? ¿Da la sensación de firmeza, de tener respuestas, para confrontar la crisis que paulatinamente se cobra jirones de España?

Si repasamos la trayectoria del presidente del Gobierno recordaremos que heroicamente decidió la salida de las tropas de Iraq después de que su partido relacionara con la presencia española en aquel país los atentados del 11-M en Madrid.

Después reclamó la Alianza de Civilizaciones, a ver si lograba que la civilización bastante poco civilizada que provee el terrorismo islamista pasara por alto la existencia de España.

Posteriormente, decidió negociar con Eta, para llegar a un acuerdo sin vencedores ni vencidos, y se empeñó en mantener una tregua aún a costa de insólitas cesiones políticas, como la mención en sede parlamentaria al derecho de autodeterminación del pueblo vasco.
Más adelante, se empeñó en no ver la crisis económica que se avecinaba, camuflándose como un avestruz ante las evidencias, mientras agitaba la emplumada rabadilla electoral.

Una trayectoria, como se aprecia, llena de valentía.

No es difícil sorprenderse ahora de que el Gobierno del amable contemporizador que dirige nuestros destinos tenga tal perplejidad.
Lleva algo así como cuatro planes de choque contra la crisis. Cada uno, más esperpéntico. Los analistas ya no saben si el propósito del Gobierno es salvar a un tal Rivero, tal vez antiguo vector de complicidades gubernamentales, con su deuda de miles de millones de euros; o apoyar al sector financiero, pese a que en general está mejor situado que la competencia europea; o tirar de la caja de los impuestos para colocar amiguetes a costa del gasto público; o recurrir al déficit por incapacidad de actuar desde la disciplina presupuestaria; o camuflar la sangría del paro con graciosas subvenciones estatales, autonómicas o municipales; o subir, o bajar, o dejar igual los impuestos...

¿Tendría a bien el señor Zapatero decirnos de una vez qué pretende hacer contra la crisis y cómo hacerlo, además de mandarnos al pasivo Solbes a diagnosticar que vamos fatal? ¿O a Corbacho para leer la lista de bajas causadas cada mañana en la guerra del empleo? ¿Cómo es posible que se empecine en unos Presupuestos pensados antes de evaluar la profundidad de la crisis, y que son papel mojado antes de nacer? ¿Cómo se puede entender que no haya una sóla medida creíble para fomentar el empleo en la pequeña y mediana empresa, mientras le chorrean los parados por millares entre los dedos?

Cuando hay una crisis de confianza (que ésta lo es, aunque no sólo lo sea) lo primero que ha que buscar es qué líder puede generar la tal confianza perdida.

Como se empeñó en resaltar Zapatero, la crisis era internacional. La pregunta, entonces, es por qué aquí crece el paro como en ninguna parte, se venden menos coches que en ningún sitio, o no se compra una casa ni aunque toque la lotería.

La respuesta puede ser compleja. Pero inevitablemente hay que pensar en que nos hemos metido en un incendio, el jefe de bomberos se ha quedado sin agua en la manguera, los sindicatos de bomberos miran el esplendor del fuego y el vecino que tenemos a nuestro lado para sacarnos de las llamas es Zapatero. Y es posible que alguno piense en ese momento que es mejor tirarse de cabeza por la ventana.
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