13 de diciembre de 2019, 4:40:57
Opinion


Eguíbar dio la pista, ETA tomó nota



Cuando el nacionalista del PNV Joseba Eguíbar comentó recientemente que el nacionalismo estaba en peligro de desaparición por la creciente globalización, probablemente no podía imaginarse que la banda terrorista Eta iba a tomar buena nota.

Las fuentes antiterroristas consultadas por EL IMPARCIAL tras el último atentado de Eta, que ha causado la muerte de un empresario vasco relacionado con las obras de ese gran proyecto de modernización de las comunicaciones en la Comunidad Autónoma que es la "Y vasca", aportan un elemento relevante sobre la estrategia de Eta.

En efecto, los terroristas saben que están en fase terminal en cuanto a su capacidad operativa, cada vez más acosados internacionalmente y cada vez con menos bases. Sus "cachorros" ya no tienen la misma vocación de mártires, el dinero no llega a sus arcas, y la simpatía de su entorno se ha reducido al mínimo. Todo ello, sin contar con la paulatina revuelta de algunos de sus históricos prolongadamente encarcelados.

Sólo les queda, a corto plazo, seguir demostrando poderío con algún atentado. Pero, sobre todo, sólo tienen una esperanza, por increíble que resulte para el común de los mortales: persiguen el empobrecimiento y el aislamiento de las provincias vascas, para alimentar el victimismo político y el descontento social frente al conjunto de España.

Sólo haciendo al País Vasco más pequeño en el mapa, pueden mantenerse las ideas independentistas.

Es delirante, aunque no tanto como matar por ello. Pero Eguíbar dio la pista. El independentismo, el nacionalismo irredento, y el terrorismo para lograrlo, carecían de sentido en un mundo globalizado, pero ahora se convierten en locura si hablamos de una sociedad radicalmente evolucionada en las comunicaciones, en la tecnología, en la interrelación económica.

El problema de la banda terrorista, según se analiza en el mundo de la lucha contra Eta, es que mantiene sus coletazos, pese a la evidencia de su sinsentido histórico, con el triste resultado que se conoce. Y el problema es que nadie sabe cuántos muertos costará que Eta se convenza de que no tiene ninguna esperanza de victoria. Y cuánto costará que los vascos en su totalidad acaben de conocer a su único enemigo, aunque aparente enarbolar su bandera.
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