28 de febrero de 2020, 17:37:25
Opinion


¡Viva la Constitución! ¡Abajo el artículo 16!

William Chislett


Hace 30 años el pueblo español aprobó una Constitución que ha servido bien al país y ha dado lugar a uno de los periodos políticamente más estables y económicamente más prósperos. El gran historiador británico John Elliott llama a los años 1975-2000 un “periodo dorado de la Historia de España”; pero, en su opinión -y también en la mía -, “los últimos ochos años han visto como caían sombras sobre lo que durante un cuarto de siglo había parecido un paisaje cada vez más soleado.” * Estas sombras incluyen la polarización política, la reaparición del dogmatismo y un “localismo y nacionalismo de miras estrechas que está en marcado contraste con la creciente interdependencia de la comunidad global.” Yo añado otro elemento negativo: la agresividad de la jerarquía de Iglesia Católica hacia cualquier intento de crear una sociedad más secular.

En un país que hoy tiene un millón de musulmanes (la mayoría inmigrantes del Norte de África) y otro de evangélicos (de América Latina), unos 600.000 miembros de Iglesias Ortodoxas (de Rumania, Bulgaria, Rusia) y casi 50.000 judíos, me parece absurdo que la Iglesia Católica siga siendo la única que tenga derecho a una asignación del Estado a través del IRPF. Además, cae cada año el número de practicantes católicos, según estudios socio religiosos.

Contradice al menos el espíritu pero no tal vez la letra del Articulo 16 de la Constitución, que proclama que “ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones.” Fue un error especificar a la Iglesia en este artículo ambiguo, a pesar de ser la religión mayoritaria de España – o todos o ninguno habría que mencionar. Tal vez en 1978, sólo tres años después de la muerte de Franco y con la Iglesia intentando conformarse con la democracia y la pérdida de privilegios e influencia consagrados durante la dictadura, otro artículo de la Constitución menos favorable a la Iglesia hubiera sido imposible. Pero el mapa religioso de España hoy es muy diferente y toca cambiar el artículo y financiar otras religiones.

Es cierto que la Iglesia tiene un patrimonio magnifico que conservar y tiene obras de caridad; pero esto, a mi modo de ver, no justifica ser la única fe a la que los contribuyentes puedan elegir dar fondos (lo que reciben otras religiones del Estado no es significativo).

Además, la Iglesia es muy proclive a morder la mano que le alimenta. Desde 2004 ha estado en permanente ofensiva contra el Gobierno por su supuesto “laicismo radical”, cuando lo que al parecer pretende el Gobierno es establecer las mismas condiciones para todas las confesiones. Efectivamente, el Gobierno propugna el laicismo; pero, en su relación con las diferentes iglesias o confesiones, no quiere discriminaciones, pues deben ser los propios creyentes quienes discriminen a la hora de determinar apoyos financieros vía fiscal.


(*) Conferencia dada en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, el 4 de septiembre, 2008.
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