13 de diciembre de 2019, 10:06:39
Opinion


Lotería, arena entre los dedos

José Carlos Rodríguez


Lo más exclusivo de la persona, lo que le distingue de otras bestias, es la razón. Pero lo más característico no es ésta, sino los comportamientos instintivos, los emocionales, los marcados por pautas ancestrales. Es claro que si la razón guiara nuestro comportamiento habría cosas que no llegaríamos ni a conocer, como la lotería. Y, sin embargo, jugamos todos, año tras año, y participamos en una fiesta que, en realidad, sólo tienen razones para celebrar unos pocos centenares de personas. Y el Estado, claro, que gana siempre.

No es fácil que un premio cambie una vida. 300.000 euros, ¿le retirarían a usted de trabajar? En absoluto. ¿Acaso el doble? No es fácil que así sea. Además, el dinero no le hace a uno inmediatamente rico, pues a ese dinero hay que ponerle a trabajar. De otro modo, puede evaporarse a velocidades vertiginosas. No hay aficionado al “puenting” que haya sentido el vértigo de un tonto adinerado.

Esto es lo que explica que la lotería haya arruinado la vida de muchas personas. Estoy totalmente seguro de que más de uno de los que estos días creen que todos sus problemas (o al menos los económicos) se han solucionado, maldecirán el día en que compraron el décimo premiado, porque entonces su vida se truncó y cayó por un desfiladero que, ahora, se ve incapaz de remontar.

Y es lógico. Porque muy pocos de los premiados están habituados a escalar. Los socialistas, que no tienen la más remota idea, se han creído que la riqueza es el dinero. Confunden causa y efecto. Hasta el punto, fíjense, de que la solución que proponen a la pobreza, y a lo que llaman “justicia” es el dinero. Y luego son ellos, los socialistas, los que llaman a los demás economicistas. Ese error es crucial, porque la riqueza se crea y se destruye. Y si no se entiende esto, no se entenderá absolutamente nada.

En la lotería esa riqueza se concentra y se sortea. Pero el premiado no ha pasado por el proceso de crearla, de modo que le viene encima, como una avalancha, sin haber adquirido el know how, el saber hacer propio de la creación de riqueza. Para crear riqueza hay que producir, y para producir hay que seguir determinado comportamiento. Es la acción, el comportamiento, el hacer, el elegir y actuar lo que crea o destruye la riqueza. Y por tanto, sea cual sea la clave de la riqueza, está en nuestra forma de actuar, no en una forma que puede tomar la riqueza, como es el dinero. Si éste acude en masa, de forma inesperada y sin haber adquirido el saber hacer que lleva a la creación y acumulación de riqueza, puede durar lo que un puñado de fina arena entre los dedos.

Doy mi enhorabuena a algunos premiados, y mi pésame a otros.
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